Yo no soy fiber

Yo no soy fiber. Es la primera vez que acudo al multitudinario festival de Benicàssim. Estoy muy lejos de ser un fiber. Tampoco creo poder describir lo que es un fiber. Yo me encontré hordas de jóvenes llegados de todo el mundo, fundamentalmente de Gran Bretaña. Muy jóvenes la mayoría. Digamos que el 80% de los asistentes no eran españoles. Ni italianos, ni portugueses, ni griegos. Primaba el rubio y la piel gamba. Quizás algo tenga que ver con la adquisición, hace dos años, del festival por un pez gordo inglés. También en la carta pesaba este año mucho más el ingrediente británico. Aunque para este no-fiber, el festival comenzó con acentos latinos. Julieta Venegas. En las semanas previas a la cita, asistí a más de una discusión sobre lo que podría significar la incorporación de la mexicana al cartel. ¿Desvirtuaba o contribuía a la diversidad? Hay quien está pidiendo ya a Raphael, total… Sobre la presencia de los congoleños Konono Nº1 nadie debatió nada. Tanto la Venegas como los africanos podrían estar igualmente en La mar de músicas, por decir uno.

También en el Fib estuvieron a la altura. Julieta Venegas cantó sus éxitos, celebrados y coreados por unos cuantos miles mientras caía la noche. Luego, al día siguiente, algunos medios hablaron de un concierto tenso y de silbidos de una parte del público. Yo no percibí ni una cosa ni la otra. Fue divertido. Pero ya digo, no soy fiber, ni siquiera crítico musical. Lo de Congotronics con los Rockers fue antológico. Dos horas de fusión vibrante, de sicodelia étnica, de guitarras que te percuten las sienes, de momentos sagrados llenos de ritualidad y emotividad. No vi a Russian Red, pero llegaban con sordina quejas de aburrimiento. ¿Demasiado escenario para ella? No vi a Crystal Fighters, de los que se oyeron maravillas. Vi a The Streets, que no defraudaron, aunque tampoco es que se salieran. Y vi, muy sorprendido, arrebatado a veces, a Pendulum. ¡Qué caña! Gran espectáculo de chunda chunda.

El viernes me recreé, nada más llegar, con los himnos punkarrillas de The Undertones. Tienen más años, más kilos y más canas, obvio, pero te lo pasas en grande en sus conciertos. Y tiene guasa que sigan cantando eso de Teenage kicks… porque supongo que la cantaron… es que llegué un poco tarde, maldito kebab. El bajón vino con Elbow. Qué muermos. Y el subidón con The Strokes. Tampoco fue un concierto para recordar, ojo, pero como yo no los tengo muy trabajados, pues los disfruté bastante. La buena ración de electrónica la puso Zombie Zombie, mientras las horas pasaban y los guiris seguían bebiéndose el mediterráneo.

El sábado había dos o tres bandas por la tarde muy de fibers. De hecho, me comentaron que antes de caer el sol, el fib parecía el fib y poco a poco se iba convirtiendo en el patio de niños y niñas beodos que coreaban cualquier cosa. McEnroe, Nadadora, Astrud & Col.lectiu Brossa, Lori Meyers… Y Beirut, que convencieron a la mayoría. Para entonces, los Artic Monkeys calentaban motores y asistí a uno de esas cosas que para alguien que estrena pulsera vip y se cuela en el backstage para husmear, es cuando menos curiosa. Dos chicas se maquillaban apoyadas sobre una valla blanca, esperando que por ahí pasara Alex Turner camino del escenario. Al final del concierto seguían allí. Hay que ver, lo de las grupis no pasa de moda. La peña se reventó a bailar con los Artic, pero personalmente disfruté más lo de Primal Scream. La veteranía y un cóctel de maneras robadas a Iggy Pop, a Mick Jagger y hasta a Robert Plant, llenaron el escenario Maravillas con los movimientos de anguila de Bobby Gillespie y la voz de su enorme –en todos los sentidos- corista negra. El concierto tuvo un bajón a la media hora de empezar y no parecía que fuera a remontar, pero a medida que se acercaba el final, la cosa empezó a fluir de nuevo y se produjo la epifanía. Gran cierre de show. Y de allí a bailar hasta el amanecer con Dj Amable y Derrick Carter. Un apunte: lo último que sonó en la tercera jornada del fib fue una remezcla del Bad de Michael Jackson. El sol amenazaba ya el horizonte. Y las explanadas moteadas de vasos, latas y botellas. ¿Cuánta basura genera un festival de estos? No va con segundas.

El domingo, el cansancio iba haciendo mella en los que pasamos de 35 y no somos fibers. Se habló bien de Hidrogenesse y de CatPeople, pero los momentos álgidos de la noche, y casi de todo el festival, los alentaron Portishead y Arcade Fire. Los Portis rozan la perfección y demuestran su genialidad en cada tema. Esa música que se te enrosca como una víbora en las vísceras y te mete gusanos de placer en la materia gris. La noche estaba fresquita encima. Esa brisa húmeda y marina. Todo propicio para el éxtasis. Como sucedió igualmente con los Arcade. Presencia, actitud y aptitud, comunión total con un público entregadísimo, ¿qué más pueden pedir? La gente se desencajaba de la emoción, de la pasión con la que siguen los coros, tan habituales, de los de Win Butler. También es raro ver una zanfoña en el Fib, pero esta gente conecta la tradición con la modernidad como muy pocos. Para ser domingo, aquello terminó muy arriba. Y Benicàssim habrá vuelto a ser un pueblo de playa levantino, con su horchata y sus abuelotes sentados al fresco en un parque. Sus turistas. Sus bares y sus terrazas. Y ya nadie tropezará cada dos metros con un guiri durmiendo la mona. En un mes, los invasores llevarán rastas y fumarán cigarros gordos de humo espeso. Será el turno del Rototom Sunsplash. Personalmente, prefiero el reggae.

texto: INTRUSSO

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