Vergüenza de ser europeo

Es difícil hablar de música cuando asistimos desde hace apenas mes y medio a unos hechos que probablemente sacudan los cimientos de la Historia tal y como la conocíamos. Hoy mi corazón late árabe. Quizás no debería hablar de ello en una columna de un periódico de música. Pero no quiero permanecer callado. Hoy mi corazón se llena de vergüenza al comprobar que en Europa la democracia vale menos que el color de los billetes con el que los que nos gobiernan creen que pueden comprar nuestras conciencias. Europa, impasible ante las revueltas que estamos viendo al otro lado del Mediterráneo. Los ministros franceses de vacaciones con los corruptos líderes tunecinos ya depuestos. Y en un Túnez sin Ben Ali asombrosamente vemos que por lo visto para las malditas agencias de rating (S&P, Moody’s), que alguien debería prohibir ya mismo, democracia significa dos puntos menos en la calificación de la deuda. España por su parte se dedica a viajar a Guinea Ecuatorial para estrechar vínculos con un dictador Obiang al que nos une mucho más que nos separa, José Bono dixit… el petróleo añadiría cualquiera con dos ojos en la cara. La Italia de Berlusconi, la de las menores y las velinas, la amiga de Gadafi, en silencio absoluto aunque la aviación libia bombardee las manifestaciones civiles (y la UE sin sancionar aún al régimen). Si lo que vale para Egipto vale para Irán, que alguien le pregunte a Obama, nobel de la paz, si vale para Bahrein, de quien sólo nos preocupa su GP de Fórmula 1 y las bases para la V Flota Americana. Cameron  (Reino Unido) visita el Egipto post-Mubarak… para fomentar el comercio, mientras que Netanyahu sigue a lo suyo sin dar una oportunidad a una paz justa paralizando la construcción de colonias como punto de partida. Se suceden los acontecimientos, pero ya no nos sorprenden. Los vimos en Ruanda y los vimos en Yugoslavia. Una vez más me avergüenzo de mis dirigentes.

LOS QUE OBSERVABAN, LOS QUE OBSERVAMOS
Nadie previó que podía ocurrir. Que ese caldo de cultivo -toda una generación sin un futuro digno- iba a permanecer siempre impasible y no iba a tomar las riendas de su destino aunque entrara dentro de lo previsible. Nadie dudó de que una juventud que ha nacido con la televisón parabólica y ha sido tan protagonista del boom de las redes sociales como nosotros, siguieran aguantando tantas injusticias y viviera bajo el yugo de la opresión. Ellos observaban, ahora lo hacemos nosotros. De actores hemos pasado a testigos mudos. ¿Tan dormidos estamos que ya nada nos importa? Sumergidos como llevamos más de dos años en nuestra particular crisis, pagando los platos de un capitalismo salvaje que hemos resucitado. Somos la primera generación en 80 años con peor perspectiva de futuro que la anterior ¿Cuándo dejaremos de observar y volveremos a ser dueños de nuestra vida? Se me antoja una reflexión personal y profunda, para empezar que cada uno nos miremos al espejo y descubramos si podemos aguantar la mirada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *