Última Experiencia. Cómo hacerse libre a base de blues

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Yo a veces me pregunto qué hacen tipos como estos por aquí, que hay momentos históricos y ciudades que no terminan de hacer justicia a ciertos grupos, y que ser personales e independientes a menudo es un peaje demasiado caro que pagar. Última Experiencia lo saben, y les da igual, así que bien por ellos, y por nosotros, porque nos garantiza un valor seguro y a ellos el tiempo necesario para desarrollar su propuesta que da pasos tan lentos como agigantados y seguros.

 

Última Experiencia es un trío más que asentado formado por Miguel Ángel Ariza a las voces y las guitarras, José Alberto Solís al bajo y Carlos Lahoz a la batería, y que se ha fajado en jams míticas como las del Honky Tonk, con los Insolventes del Gran Wyoming y muchas noches de rock ‘n’ roll en la ciudad. Es importante saber esto, porque nos ayudará a entender su gusto por un género, el blues, que adquiere todo su sentido en los circuitos madrileños que están alejados de la moda que impone la industria, pero que noche tras noche llenan de combustible el rock.

 

Me gusta el salto sin red que han dado en su segundo disco “Eléctrica”, porque creo que han tomado definitivamente las riendas de su destino. Muchos, y entre los que me incluyo, les encasillamos en un rock setentero, que en ellos significaba más corsé que otra cosa, y les exigimos unos sonidos que aunque los sentían como propios, no eran los suyos. Y nos perdimos en el camino todo lo que querían contar, historias que sucedían entre campos de algodón, y ríos kilométricos que descienden lentamente. Metafóricamente quiero decir.

 

“La Casa de la Bruja” (2012), como todo buen primer disco que se precie, fue un compendio de influencias, temas antiguos, y pinceladas de lo que querían llegar a ser. Un buen tiro, pero que pasó muy cerca. Pero como Última Experiencia no nació como una banda para dar el pelotazo ni falta que les hacía, ese disco ayudó a situarse en el panorama nacional y hacerse un hueco con lo que saben, los conciertos. Para las veleidades más “rocosas” tenemos a S.C.R., el otro grupo de José (junto a Edu Molina “Sir Vladius” y el maestro Ekain -Dinero, Cobra y gran batería de estudio-), por eso creo que el éxito de Última Experiencia pasaba por centrarse, tomar los mandos de la nave -eso implicaba hacernos callar- y marcarse este coherente y homogéneo discazo de blues y rock castizo.

 

Abren con “Blues Cañí”, su primer single y toda una declaración de intenciones. Letras muy buenas, con dobles significados y ritmos sucios y callejeros y una de las mejores canciones que han compuesto de siempre. Le sigue el blues down-tempo de “El Verano” que cierra explícitamente la puerta a su etapa en “La casa de la bruja”. Coros femeninos muy soul y guitarras pantanosas que marcarán la tónica del disco, blues aprehendido y traducido a la realidad que les rodea. El disco también cuenta con muchos detalles que harán el descenso por el delta del Mississippi más ameno. El músculo de los riffs de “La del adiós”, una sección de vientos y unos coros dignos del soul de Chicago en “La vida es sueño”, unos arreglos de guitarra en “Song for Peter”, que me recuerdan al pellizco de la vieja escuela española de Los Sirex, Los Relámpagos o Lone Star, totalmente actualizada, la vuelta al blues blanco de Nashville de “La vida pirata”, el tenebroso uso del slide en “El escondite inglés”, una canción que provoca auténtico pesar, el ritmo tan sixties, medio beatleiano, medio stoniano, de “Vivir sin ti”, la confirmación de la solvencia en los medios tiempos como en “No quiero tu amor”, y el cierre por todo lo alto con la balada “Mi guitarra y el blues”, de pártete en dos.

 

Eléctrica” es un disco que estoy seguro de que les va a llevar a una etapa muy bonita en su trayectoria y que les va a hacer aprender mucho más. Reconozco que soy muy exigente con Última Experiencia. Con los amigos (como conmigo mismo) suelo serlo más, y a Miguel y José en concreto les pido que den lo máximo. Y hasta que no lo consigan no pararé de decirlo en público y en privado, aunque reconozco que ya están muy cerca de que lo haga.

 

 

Rubén González. Club de Música.

SCR: Sube el volumen al 12

@sergio lópez

@sergio lópez

Por fin se desveló el misterio. Tres jóvenes máquinas del rock madrileño se unieron puntualmente para dar a luz un monstruo de rock explosivo con aroma setentero y el pasado 15 de enero llenaron la sala Siroco para disfrutar entre amigos de su híbrida fusión de Led Zeppelin, Black Sabbath, Wolfmother y Jack White.

Con fuego corriendo por sus venas en vez de sangre y una sabiduría atesorada a lo largo de este medio siglo de buena música, Ekain Elorza, conocido hijo adoptivo de la capital como batería de Dinero y de los vascos Cobra, José Alberto Solís, bajista fajado a las órdenes del Gran Wyoming y sobre todo en Última Experiencia, y un desconocido y jovencísimo Eduardo Molina Goigoux, batería de Pepper & The Stringalings y productor de Sir Vladius Studios, se encerraron en un estudio de grabación a las órdenes de Juan de Dios Martín (Amaral, Deluxe) para parir el sonido del diablo. Rock ‘n’ roll de alto voltaje, super bestia y muy macarra.

Y mentras esperamos su próxima publicación, no quisimos perdernos la ocasión de disfrutar de la magia que destilan estos tres figuras, y comprobar por nosotros mismos si eran capaces de sacar algo bueno sobre el escenario de la mencionada reunión. Porque para los que no era una sorpresa este mega-grupo porque ya estábamos al corriente, no era tanto descubrir si las canciones eran buenas, sino cómo le zurraban encima de unas tablas. «Ruidistas deconstructivos que no pierden el tiempo dando rodeos y que por momentos suenan a un Led Zeppelin despegando con la caldera en brutal combustión», así sentenciaba David Gallardo, mi gran amigo de MERCADEO POP, y yo me sumo a su descripción. El show fue adrenalina pura y las pocas dudas que había antes de empezar el concierto pronto quedaron disipadas.

La primera, que aunque el single Hipnosis que nos han revelado tire a Jack White por los cuatro costados (José es fanático de The Raconteurs y Edu flipa con The White Stripes, doy fe), el sonido del grupo pasa ineluctablemente por Wolfmother. La banda australiana comandada por Andrew Stockdale deslumbró en 2006 con su disco debut, y marcó una senda que actualizaba el rock setentero de Led Zeppelin y Black Sabbath al tiempo que encallecía la ineludible referencia a Jack White. Segundo, ¿cómo se las apañaría Edu a la guitarra y voz? Pues de puta madre, qué cojones, el chaval tiene un futuro prometedor haga lo que haga, con poco que se ponga. No es un portento de voz, pero tiene buen gusto y va afinado, para qué más. Y lo que es más importante, se lo cree. Por eso, y al estar en familia, dio un tanto igual que no se le escuchara del todo bien, que a veces la voz se le ahogara entre el sudor o que se le olvidara pegarse al micro, estaba disfrutando del show y falta mucho de eso hoy en día. El rock de hoy necesita menos formalismos y más corazón, estamos en una época en la que ya no vale el postureo. En el fondo, su fórmula es la que vale. Y finalmente, ¿iban a reventar los oídos como prometieron? Pues el tinitus nos lo llevamos alegremente a casa. Tocaron al 12, a todo rabo, y no petó el sonido por ningún lado, así que chapeau al técnico de sala. Si cuando las cosas funcionan, no hace falta inventar la rueda: Sota, Caballo y Rey (y así desvelaron la última incógnita, la del nombre, SCR).

La velada la completaron Kitai, encargados de abrir el recital, y que acabaron siendo el grato sorpresón de la noche. El cantante es un tío clavado a Ian Curtis (Joy Division) y pretende emular a Matthew Bellamy (Muse) sin ningún sonrojo. El bajista por su parte, le pega como el mismísimo Flea (Red Hot Chili Peppers) y tanto guitarra como batería completan una terna super joven y sobradamente preparada que bebe el indie-rock discotequero de las Islas Británicas o de ramalazos a lo Rage Against The Machine. No es coña, a falta de que pulan un poco su personalidad con el tiempo necesario, estamos ante un grupo revelación en toda regla, y a su paso ganador por el festival-concurso Wolfest lo demostraron. Para terminar la fiesta por todo lo alto, se cerró la noche con una jam session rockera con algunos invitados de lujo que asistieron al show, como Sean (Dinero) o Alvin (Rubén Pozo).

Mientras SCR publican su primer disco (algo me dice que a poco que haya buena química entre público y banda, no será el último), os dejo un set list rockero y añejo para que disfrutéis el día.