Triángulo de Amor Bizarro se imponen en los II Premios Ruido de la PAM. Siguen los mismos retos pendientes

pam-ruido-2017-triangulo-amor-bizarro

 

Anoche se celebró en la emblemática sala El Sol de Madrid la II Edición de los Premios Ruido organizados por la PAM (Periodistas Asociados de Música), una Asociación de no mucho tiempo y arraigo, que plantea dignificar una profesión con muy mala prensa valga el juego de palabras.

 

Los ganadores del 2016 han sido unos Triángulo de Amor Bizarro (TAB) que parecen estar siempre en estado de gracia, pues con su último trabajo “Salve Discordia(Mushroom Pillow), aparte de alzarse con el Premio Ruido, han arrasado en las listas de éxitos de parte de la prensa especializada. Mejor disco del 2016 para Mondosonoro, Muzikalia e Hipersónica; Rockdelux, Efe Eme, El País y jenesaispop también les han votado en lo más alto de las tablas anuales.

 

No es la primera vez que les pasa, pues ya con su debut causaron muy buena sensación allá por 2007 y volverían a hacerlo con Año Santo ganando cuatro premios UFI en 2011. Buenos merecedores pues, ya no sólo por su actitud, criterio y coherencia musical a la hora de fusionar influencias que van desde el punk al noise y el shoegaze, sino por ayudarnos a recordar que no sólo Madrid es epicentro musical en nuestro país, que hay escenas tan vibrantes como la gallega (ellos son de Coruña), cuna de la Galicia Caníbal, Movida viguesa, Rock Bravú, Nu-metalera y ahora rayando a gran altura al aportar nombres al escenario independiente.

Los finalistas de la velada presentada por el periodista Arturo Paniagua, que intentó ponerle humor a una audiencia difícil más pendiente del charloteo de rigor, fueron “Adieu or die”, de Aries; “Hamen”, de Belako; “El pasajero”, de Depedro; “Fruta y verdura”, de Espanto; “Leave Me Alone”, de Hinds; “Casa”, de Iván Ferreiro; “Movimientos”, de Juventud Juché; “Algo real”, de Kokoshca; “2”, de León Benavente; “El poeta Halley”, de Love of Lesbian; “Jo competeixo”, de Manel; “Campeones del mundo”, de Novedades Carminha; “Me matas si me necesitas”, de Quique González; “Domus”, de Silvia Pérez Cruz, y “Salve discordia”, de los finalmente ganadores TAB.

 

 

EL RETO SIGUE SIENDO EL MISMO.

En los mismos términos que ya planteara yo mismo aquí, los retos de la prensa musical siguen siendo muy parecidos a los del año pasado. O el concepto de una prensa musical unida crece estilísticamente hacia fuera o se hunde hacia dentro, difícilmente estas cosas encuentran un equilibrio a lo largo del tiempo manteniéndose tal cual.

 

Ya no es que entremos en el debate de si premiamos nuestros gustos o el contexto musical de una obra, de si damos el premio a una larga trayectoria de un artista que quizás ya no lo necesita o a un emergente al que hay que apoyar, de si premiamos obras vanguardistas y transgresoras o discos que lo hayan clavao… Independientemente de tales cuestiones, me parece que es algo pobre y dice poco y mal de nosotros que las referencias musicales que tengamos sean tan parecidas entre nosotros y tan concretas. Parece que siempre se tienen que premiar los kilos de reverb, melodías veraniegas y reminiscencias surf como las de TAB, Hinds o los buenrrollistas Novedades Carminha; el alto minutaje que encontramos en los trabajos de Love of Lesbian, Manel o Iván Ferreiro; el ruidismo que intensifica las composiciones de León Benavente, Juventud Juché, e incluso Belako; o el punto naif de Aire o Espanto… que todos coincidamos en lo mismo, aunque sea por probabilidades, no nos deja en muy buen lugar. O leemos la misma prensa de referencia y escuchamos los mismos discos, o somos muy pocos. Pasó igual el año pasado, con un disco como el de El Niño de Elche, que siendo tan vanguardista y arriesgado, suscitara tanto consenso. Extraña.

 

Dar pátina de amplia representatividad y consenso generalizado a corrientes muy dignas pero que no son las propias, sino las de dos o tres prescriptores arriba nombrados, conduce al hastío y al abandono, pues no creo en que nadie de los integrantes de la Asociación tenga vocación de ser palmero de nadie.

 

El año que viene prometo hablar de otro gran fallo, la escasa visibilidad de la prensa femenina, con la cantidad de nombres que tenemos, Virginia Díaz, Arancha Moreno, Anabel Vélez, Elena Cabrera… Independientemente del gusto de cada cual, son referentes que están ahí y su voz demanda su espacio.

 

Está bien la filosofía y apoyo el que siga así, pasitos cortos pero seguros, pero creo también que es conveniente pretender aspirar para este 2017 en asumir retos mayores, que son los únicos que nos llevarán a buen puerto.

 

foto: Premio Ruido (PAM). Rodrigo Mena, @rodrigomenaruiz

https://www.facebook.com/PeriodistasAsociadosMusicales/

 

El Niño de Elche hace el disco del 2015 para unos periodistas con vocación de epatar

PAM el niño de elche @Alfredo Arias

foto @Alfredo Arias

Por fin se dio a conocer el primer ganador de los Premios Ruido (26-01-16), en la gala surgida de la mano de la recién creada asociación de periodistas musicales en la que me incluyo. La PAM (Periodistas Musicales Asociados) nació hace poco más de un año con vocación de representar los intereses de un colectivo por norma general expuesto a los embates de una industria que se comporta paradójicamente tan veleidosa como conservadora.

Los Premios Ruido han sido su verdadera puesta de gala y mi más sincera enhorabuena tanto a los finalistas como al ganador, El Niño de Elche, que ha asombrado a la crítica con su Voces del Extremo” (editado bajo una licencia Creative Commons, que permite la descarga legal y gratuita aquí), en el que ha sido capaz de conjugar una propuesta inverosímil fusionando flamenco con kraut rock, ambient e incluso new wave, y que tal y como hemos visto, ha sido muy del gusto de los periodistas musicales. Exitazo por lo tanto para la organización ya que la expectación augura grandes tiempos futuros y al artista, ya que esto supondrá un importante aldabonazo en la gira en la que está inmerso.

Ahora bien, me queda una espina clavada sobre cómo se ha desarrollado la votación y veo importante generar debate, ahora que como entidad pública podemos (y debemos) estar sometidos al escrutinio general. He de reconocer que no me gustó ver la lista de finalistas en su día, y así lo expresé en las redes sociales. Independientemente de mis gustos musicales o mi deontología crítica (que creo que mantengo con decencia después de tantos años pues el honor en esta profesión hace que no siempre vayan de la mano una y otra), me soprendió la presencia de ciertos trabajos o artistas que no habían rayado a la altura de otras ocasiones, o que aparecieran cosas que directamente no llegarán nunca al público más allá de los cuatro prescriptores de siempre en medios y festivales del momento.

Me gustaría señalar una evidencia fuera de toda duda, frente a cualquiera que me diga que lo anterior no deja de ser un criterio personal, y  es que con certeza matemática es probablemente imposible que de doce finalistas haya tal abrumadora presencia de artistas provenientes de un entorno indie. En este galardón ha primado de manera general la voluntad de sorprender, de epatar (esa palabra que sólo gustan de emplear los artistas) de manera legítima, pero también cuestionable. Incluso en el caso del ganador El Niño de Elche, en su disco ha priorizado la capacidad de fusión y de arriesgar, más que el pellizco que se le debe presuponer a un artista flamenco (como sí le vimos en su anterior Sí, a Miguel Hernández), en un ejercicio similar al de coger a un alumno de Enrique Morente y llevártelo de jarana con los Pony Bravo. Si añadimos unos tintes políticamente irreverentes pero dentro de los límites correctos como me imagino que Víctor Lenore diría, en un panorama tan aséptico políticamente, hace que su disco tuviera muchas papeletas para salir elegido con estas premisas. Es imposible que un disco tan arriesgado como el de El Niño de Elche, tan audaz, haya suscitado tanto consenso. No entra dentro de lo concebible, y deja al descubierto cierta influenciabilidad sobre lo que aparece en determinados medios que conforman la opinión musical que está en boga. Si saco a colación a Lenore o a Nando Cruz es porque me inclino por sus explicaciones sobre el similar origen, formación y gustos musicales de la tribu periodística.

Que no haya habido otro tipo de discos, provenientes de otras paletas de flamenco, de rock, de hip-hop, de electrónica, de soul, funk o rythm ‘n’ blues… en los semifinalistas tras las votaciones, plasma una ausencia abrumadora que sólo nos deja dos escenarios que me preocupan particularmente. Uno, que los periodistas vinculados a esta escena indie estén demasiado sobrerrepresentados en el colectivo, y dos, que el desconocimiento de la música actual de nuestro país por parte de la prensa musical sea mayor del presuponible. Ambos escenarios son desastrosos para el estado de salud de nuestra industria. No estamos hablando de unos premios dados por un medio con una línea ideológica concreta, no. Nos jugamos el respeto como periodistas musicales.

Ojo, que cada uno es libre de votar lo que quiera, y hacer la música que le venga en gana, mi vocación libertaria no me permite plantearlo de otra manera. Siempre he ido por mi cuenta, me hayan aplaudido o no, así que no soy nadie para predicar lo contrario. Pero es mi obligación como periodista señalar el reto al que se enfrenta la PAM en los próximos años si quiere ser sobrevivir en estos tiempos tan convulsos. Es sintomático de que no haya más tipos de periodistas poniendo el oído en otros sonidos. Una Asociación de Periodistas Musicales debe servir para ayudar a relanzar nuestra profesión, tan maltratada por los últimos tiempos, y esto sólo se hace en términos de decencia tanto económica como deontológica. Tiene que servir para conseguir desde el colectivo hacernos mejores individualmente. Porque sólo con la segunda llegará un día la primera.