Editorial: ¿Portadas para grupos de rock?

Este es el décimo número de Club de Música, el mismo que discos tiene Hamlet en el mercado. Es el número del fútbol (Maradona), y en general un número mágico y especial. Es un homenaje a una dilatada trayectoria, honesta, a menudo con independencia y sus consiguientes críticas (que ya sabemos todos cómo funciona este país), pues Hamlet siempre ha estado a la vanguardia del rock duro. Es motivo más que suficiente para reseñar tan importante evento. ¿Y por qué damos una portada a un grupo de rock? Porque faltaba. Por un motivo u otro, y exceptuando a Kings of Leon y Havalina, sólo habían encontrado cabida propuestas más pop como Vetusta Morla, Russian Red o The Gift, o incluso el rap sobre jazz de Kase-O. Y el rock es pieza fundamental de la música. Cierto es que está denostado por los grandes medios (cómo me acuerdo de Radio 3) como tan cierto es que está en nuestro país en horas muy bajas. Cualquier festival de rock lo deja claro con un cartel sin novedades ni apuestas por nuevas bandas. ¿Por qué seguir entonces reclamando su sitio? Por fidelidad. Si el pop (no lo comercial, que en estas páginas afortunadamente está olvidado) se caracterizó a menudo por la experimentación o la innovación, el rock por emular la actitud y el sonido de sus héroes. Creo que The Beatles refleja muy bien estos dos aspectos, tanto al principio como al final de su carrera. Y esa fidelidad no sometida al vaivén de las modas lo hace siempre una apuesta sobre seguro. Cada disco de Hamlet es un nuevo tratado de rock internacional, que aunque tenga detractores que no les perdonen tanta variedad, nunca les ha faltado calidad.

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