Lamari regresa casi tres años después con nuevo disco de estudio (el anterior data de 2007). Chambao (Octubre-Sony) recupera su esencia y abre una nueva etapa
La leyenda sobrevive a los grandes, y en el caso de Antonio Vega, la máxima se cumple a pie juntillas. El 12 de mayo hará tres años que su corazón dijo basta (un cáncer de pulmón se lo llevó), justo el mismo día que su alma se hizo grande para tocarnos a todos.
Tan grande, que tres años después sigue moviendo corazones. Por eso ahora, BMG publica Antes de haber nacido, el que pueda ser último legado del artista madrileño, un concierto en directo, rescatado de la última gira por teatros montada ya por entonces para tal fin. El resultado es un repaso maduro y elaborado a su música, el broche final y definitivo.
Con su nuevo trabajo Canteca de Macao resiste el embate de la crisis y se consolida prácticamente como la referencia de una nueva generación. Nunca es tarde (Kasba music) define definitivamente los dos universos, el flamenco por un lado con Lo más bello, Fuente de Plata, donde la voz de Anita se desenvuelve cada vez mejor, y el panamericano por otro, con la cumbia de Nunca es tarde o Perdío o Chacarera.
Algo se va a mover en la escena indie, y seguramente más pronto de lo que algunos creen, pues hay señales de hastío, de aburrimiento, con el consiguiente cambio, y en el primer larga duración de Luis Brea, Hipotenusa (Marxophone), podemos atisbar algunas de esas señales. Silencioso cronista de una época, asociado a bares y clubes emergentes en los últimos tiempos de la noche madrileña (entre otros Redrum y Fotomatón), en su primer disco -ya publicó hará un año y algo un EP llamado De lo dicho nada- encontramos ocho brillantes canciones que desgranan historias de hoy en día (y de siempre, claro), de noches sin fin, de mañaneos en áticos, crapulismo con gafas de sol, estupefacientes, e incluso vidas rotas, pues también losers y fracasados aparecen en ellas, como este madrileño antihéroe que hace bien en confesarse post-indie, una etiqueta que define su rebeldía frente a una infinidad de grupos cortados por el mismo patrón y con una calidad bastante mediocre en su mayoría.
Que nadie los encasille precipitadamente, JF Sebastian puede parecer un grupo folk pero su actitud se acerca vertiginosamente al rock donde los contrastes y cruces de caminos (de la luz de The Right Way a la oscuridad de MFK, del rock en partes de As the Music Stars al folk de The Waiting Place). Por eso decidieron bautizarse con la etiqueta de frolck para que cada uno se lo llevara a su terreno:
Cada disco de Antonio Arias es un sacrificio al altar del rock. Él sería el Toro, San Lucas, con su calva frente rebosante de ideas claras; Jota, por supuesto el León, rugiendo en la soledad del desierto, tan idolatrado como denostado, igual es San Marcos que Juan el Bautista; Eric Jiménez sería el Águila. Su batería oscura y abstracta dando forma al Apocalipsis ‘Morentiano’, como San Juan anuncia el fin de los días sin el Maestro; y Florent, el más humano, un ángel que trae la buena nueva, el mensaje de Morente. En su serenidad, como la de ese San Mateo evengelista, tiene acomodo el torrente a veces caótico de sus compañeros. Los cuatro son Los Evangelistas.


