Kitai, destinada a hacer grandes cosas

kitaiKitai está destinada a hacer grandes cosas. Es su momento y el hambre que tiene de triunfo le puede guiar a buen puerto. ¿Por qué lo creo firmemente? Porque ya lo está haciendo. “Que vienen” es el primer disco en formato larga duración de esta jovencísima banda, y evidentemente su definitiva carta de presentación en sociedad. Sin embargo, para los que llevamos muchas horas de vuelo en esto, no deja de ser un pequeño escalón en una trayectoria brillante trufada de momentos interesantes. No los verás en la típica lista de las bandas de chavales del momento, ni falta que les hace, la suya es la otra liga. La Nuestra. La Liga que premia el tesón, el tocar como jugones y nacer con la vocación de no ser el último hype flor de un día, de esos que tanto abundan.

 

Os pongo en antecedentes. Kitai es un cuarteto que tiene unas ganas locas de comerse el mundo. Sus temas así lo demuestran. Son urgentes, con muchos cambios de recorrido, nada acomodaticios e incluso precipitados, por qué no decirlo. Se llama juventud, amigos, y los que la perdimos hace tiempo, nos lanzamos como tiburones en cuanto olemos algo que rezume libertad, algo que destile energía por los cuatro costados.

 

Su actitud en el escenario es su punto fuerte, sin que decir esto sea el típico tópico. Ver a su batería Deivhook, una suerte de Chad Smith, tan seguro tras los palos y tan personal como en sus divertidas ‘monkey drum cover’, es la mejor garantía de un concierto intenso. El chaval ha sido Zildjian Drummer Love Europe 2012, ahí es nada. A su lado, el bajista Fabio, es el mayor clon de Flea en la manera de tocar a este lado del charco. Si tienes en la base a dos locos de Red Hot Chili Peppers y Rage Against the Machine, estamos hablando de un negocio bastante serio. Las guitarras de Edu rayan entre Muse, Bloc Party y Biffy Clyro, aderezando el conjunto con un toque discotequero indie-rockero tan británico en estos últimos tiempos, y que tan presente está en Kitai. Y para completar una alineación sobresaliente, Álex, un enérgico frontman de procedencia rusa y con un punto de locura, clavado a Ian Curtis (Joy Division) y que pretende emular a Matthew Bellamy (Muse) sin ningún sonrojo.

Le dan al crossover, al metal, al indie-rock e incluso se atreven como medios tiempos y baladas. Tienen ganas de demostrar lo que saben, y es difícil pillarles en un renuncio. Tienen la personalidad y la fuerza suficiente para triunfar en festivales concursos como el Wolfest Gold Challenge 2012, deslumbrar en la Joy Eslava o montar una fiesta permanente en la sala Siroco, ‘Mostaza Club’ en la que han venido dando muestras de su sobrada personalidad mes tras mes junto a bandas amigas y fusiones electrónicas.

 

Ya han publicado “Sur” como single de adelanto de “Que vienen” , brillante muestra de que saben apostar por la canción y primar su contenido. Si no hay canciones que enganchen, olvídate de todo lo anterior. “El enemigo”, “Sientes el golpe” o “Que vienen” ofrecen una sólida base con la que salir a girar, y con la emotiva “Kitai”, un interludio con forma de balada, abren una puerta a nuevas sonoridades e intensidades.

 

Chicos, ahora empieza lo duro. Hasta la fecha los que os conocíamos os hemos tratado como la joven y prometedora formación que eráis, con un punto lógico de cariño y condescendencia. Eso se ha terminado. Si queréis jugar en la liga grande, con todas sus consecuencias, os habéis puesto los pantalones largos de chico mayor. Aquí sólo admitimos a los mejores. No os agobiéis, que por lo pronto, tenéis la oportunidad de demostrar vuestra valía.

 

“Que vienen”.
Tricornio Producciones / Entrebotones, 2015

 

SCR: Sube el volumen al 12

@sergio lópez

@sergio lópez

Por fin se desveló el misterio. Tres jóvenes máquinas del rock madrileño se unieron puntualmente para dar a luz un monstruo de rock explosivo con aroma setentero y el pasado 15 de enero llenaron la sala Siroco para disfrutar entre amigos de su híbrida fusión de Led Zeppelin, Black Sabbath, Wolfmother y Jack White.

Con fuego corriendo por sus venas en vez de sangre y una sabiduría atesorada a lo largo de este medio siglo de buena música, Ekain Elorza, conocido hijo adoptivo de la capital como batería de Dinero y de los vascos Cobra, José Alberto Solís, bajista fajado a las órdenes del Gran Wyoming y sobre todo en Última Experiencia, y un desconocido y jovencísimo Eduardo Molina Goigoux, batería de Pepper & The Stringalings y productor de Sir Vladius Studios, se encerraron en un estudio de grabación a las órdenes de Juan de Dios Martín (Amaral, Deluxe) para parir el sonido del diablo. Rock ‘n’ roll de alto voltaje, super bestia y muy macarra.

Y mentras esperamos su próxima publicación, no quisimos perdernos la ocasión de disfrutar de la magia que destilan estos tres figuras, y comprobar por nosotros mismos si eran capaces de sacar algo bueno sobre el escenario de la mencionada reunión. Porque para los que no era una sorpresa este mega-grupo porque ya estábamos al corriente, no era tanto descubrir si las canciones eran buenas, sino cómo le zurraban encima de unas tablas. «Ruidistas deconstructivos que no pierden el tiempo dando rodeos y que por momentos suenan a un Led Zeppelin despegando con la caldera en brutal combustión», así sentenciaba David Gallardo, mi gran amigo de MERCADEO POP, y yo me sumo a su descripción. El show fue adrenalina pura y las pocas dudas que había antes de empezar el concierto pronto quedaron disipadas.

La primera, que aunque el single Hipnosis que nos han revelado tire a Jack White por los cuatro costados (José es fanático de The Raconteurs y Edu flipa con The White Stripes, doy fe), el sonido del grupo pasa ineluctablemente por Wolfmother. La banda australiana comandada por Andrew Stockdale deslumbró en 2006 con su disco debut, y marcó una senda que actualizaba el rock setentero de Led Zeppelin y Black Sabbath al tiempo que encallecía la ineludible referencia a Jack White. Segundo, ¿cómo se las apañaría Edu a la guitarra y voz? Pues de puta madre, qué cojones, el chaval tiene un futuro prometedor haga lo que haga, con poco que se ponga. No es un portento de voz, pero tiene buen gusto y va afinado, para qué más. Y lo que es más importante, se lo cree. Por eso, y al estar en familia, dio un tanto igual que no se le escuchara del todo bien, que a veces la voz se le ahogara entre el sudor o que se le olvidara pegarse al micro, estaba disfrutando del show y falta mucho de eso hoy en día. El rock de hoy necesita menos formalismos y más corazón, estamos en una época en la que ya no vale el postureo. En el fondo, su fórmula es la que vale. Y finalmente, ¿iban a reventar los oídos como prometieron? Pues el tinitus nos lo llevamos alegremente a casa. Tocaron al 12, a todo rabo, y no petó el sonido por ningún lado, así que chapeau al técnico de sala. Si cuando las cosas funcionan, no hace falta inventar la rueda: Sota, Caballo y Rey (y así desvelaron la última incógnita, la del nombre, SCR).

La velada la completaron Kitai, encargados de abrir el recital, y que acabaron siendo el grato sorpresón de la noche. El cantante es un tío clavado a Ian Curtis (Joy Division) y pretende emular a Matthew Bellamy (Muse) sin ningún sonrojo. El bajista por su parte, le pega como el mismísimo Flea (Red Hot Chili Peppers) y tanto guitarra como batería completan una terna super joven y sobradamente preparada que bebe el indie-rock discotequero de las Islas Británicas o de ramalazos a lo Rage Against The Machine. No es coña, a falta de que pulan un poco su personalidad con el tiempo necesario, estamos ante un grupo revelación en toda regla, y a su paso ganador por el festival-concurso Wolfest lo demostraron. Para terminar la fiesta por todo lo alto, se cerró la noche con una jam session rockera con algunos invitados de lujo que asistieron al show, como Sean (Dinero) o Alvin (Rubén Pozo).

Mientras SCR publican su primer disco (algo me dice que a poco que haya buena química entre público y banda, no será el último), os dejo un set list rockero y añejo para que disfrutéis el día.