Korn (1994). XX aniversario del género maldito

korn

 

Aunque haya pasado bastante desapercibido al menos en nuestro país, el pasado día 11 de octubre se cumplieron veinte años de la publicación del disco debut de Korn, de idéntico título, que sentaría las bases para el gran movimiento musical del final de la década de los 90. El New-Metal (o Nu-Metal).

 

Género maldito donde los haya, fue la prolongación natural del Rock Alternativo que reventó la escena en 1991 con el Nevermind de Nirvana (algunos remontan la fecha a 1989 citando a unos pioneros Faith No More, Jane’s Addiction o Red Hot Chili Peppers) y que aunque en aquellos años de Crossover pasó un tanto desapercibido debido a la infinidad de discos fundamentales de la época, lanzó a los californianos Korn al Olimpo del Rock por méritos propios muy poco tiempo después.

 

Musicalmente, el Nu-Metal tiró de las dos corrientes coetáneas inmediatamente anteriores y le dio un sabor único con grupos que fueron desde la ortodoxia de Deftones, Limp Bizkit, Soulfly, Slipknot o los propios Korn, a la heterodoxia de otros nombres que pasearon su sonido en un determinado momento de sus carreras a este lado del Rock. Sin System of a Down, Machine Head, Papa Roach, Incubus o incluso Tool, hoy no concebiríamos el Metal de la misma manera.

 

La primera corriente musical estaba representada por la fusión entre Rock, Funk y Rap y estaba más que consolidada con grupos punteros como Red Hot Chili Peppers y Rage Against the Machine. La ruptura abismal con los moldes tradicionales del rock duro y el heavy metal que consiguieron estas bandas, hizo que se abrieran las mentes de las nuevas generaciones tanto de artistas como de público y crecieran exponencialmente las posibilidades de gestar nuevos sonidos. Por otra parte Sepultura había abandonado tiempo atrás el Thrash de sus inicios, y Pantera había hecho lo propio con el Glam, para adentrarse ambos en un sonido más pesado y abrupto, más sucio y demoledor conocido como Groove Metal. El coqueteo de White Zombie y Nine Inch Nails con los sonidos industriales, terminarían de definir este nuevo estilo.

 

Con estas herencias, Korn fue pionera y adelantó su puesta de largo un año al Adrenaline de Deftones y tres al Three Dollar Bill, Yall$ de Limp Bizkit. La particularidad vocal del cantante Jonathan Davis, los riffs asesinos de las guitarras de Munky y Brian Head, las hipnotizantes líneas del bajo de Arvizu y su peculiar manera de tocarlo, y la pegada seca de la batería de David Silveria hizo del quinteto una furia salvaje. Quedarán para la posteridad el baqueteo del ride de la batería de David y el riff de guitarra de Munky con los que empieza Blind, corte con el que abre el disco, y primer single de la banda.

Cambios de ritmo constantes, actividad frenética en el escenario, y una temática basada en los miedos de la infancia y en los traumas creados por un entorno socio-familiar no favorable, cuando no se jugaba con sacar las lecturas más oscuras de las clásicas canciones infantiles, Korn superaron la temática satánica que Black Sabbath inaugurara décadas atrás. El Heavy Metal ya no necesitaba hablar del Diablo, la Guerra o la Muerte para causar miedo, el miedo estaba dentro de cada uno de nosotros, y la portada del disco era lo suficientemente estremecedora a ese respecto (queda reflejada la alarma social creada por el reciente caso del pederasta de Ciudad Lineal). https://encrypted-tbn2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQoEikGC6VjNXAuZ6LuaIPoKqqjhyCJp7Tuw0_hXCLv0AAp8FJy

Shoot and Ladders

 

 

Al tiempo, forjaron una nueva estética alejada del cuero, las cadenas, las serpientes y los pinchos, mucho más acorde con los nuevos tiempos, es decir, ropa deportiva y muy ancha con influencia del hip-hop, nuevas materias textiles, nuevos colores y una nueva producción con todos los instrumentos en un primer plano auditivo, a cargo del gurú Ross Robinson, que hicieron que el futuro cayera de su lado. En el tiempo que va desde 1994 hasta la publicación de su tercer trabajo, Follow the Leader (99), se situaron como número 1, y despacharon cinco millones de copias tan sólo en EE. UU (posteriormente Chocolate Starfish & the Hot Dog Flavored Water, 00, de Limp Bizkit vendió un millón de copias en su primera semana). La locura se había extendido por todo el mundo, llegando incluso a nuestro país, de la mano de bandas como Hamlet, Skunk D.F., Kannon, Coilbox o incluso algún guiño de Sôber en sus inicios.

 

Éxito mundial , Freak On A Leash

Hamlet, la versión española

 

 

Sin embargo, fue un género maldito que cosechó numerosos enemigos en la comunidad rockera, que sintió como si tuviera el enemigo en casa. Peor que Ricky Martin, Enrique Iglesias o Shakira, ver a estos metaleros en chándal destrozando las estructuras en las que se había asentado el Heavy Metal hasta la fecha, fue peor que una estacada a traición. Además, el hecho de que mayoritariamente fuera un público joven el que demandara este nuevo estilo, hizo crecer el menosprecio que sentían los mayores que habían bebido de Led Zeppelin, The Rolling Stones, AC DC o Iron Maiden, ni más ni menos. Al ser un sub-género musical tan definido, lo amabas o lo odiabas con todas tus fuerzas, y eso es lo que lo hizo realmente icónico. Chándal-Metal fue el insulto más extendido a este estilo, ganado a pulso por sus protagonistas, y no sólo por la vestimenta, es que Korn tituló en su segundo trabajo una canción como A.D.I.D.A.S. (acrónimo de All Day I Dream About Sex) y firmó un suculento contrato con Puma poco después. Y fue uno de los aspectos que seguramente acabaron con la trayectoria de este género emergente. Al ir madurando, casi todas las bandas fueron despegándose renegando del Nu-Metal, y buscando otros matices en sus canciones. Si a eso le añades la facilidad de hacer amigos de una de sus principales estrellas, Fred Durst, el controvertido y a menudo bocazas cantante de Limp Bizkit, quien se peleó con todos los habidos y por haber, pues prácticamente para 2002 el Nu-Metal se encontraba practicamente de retirada, sepultado por la emergencia del rock escandinavo, el eterno revival garajero, y el sonido stoner, y la gran vuelva del Heavy Metal clásico, que volvió para vivir otra década dorada. Una retirada que hasta la fecha hemos visto definitiva.

 

Respecto a Korn, lo mismo, veterana y respetada banda, con los galones ganados a pulso, pero con poco nuevo que ofrecer. Con el batería fuera del grupo tarifando sobre sus ex-compañeros, el guitarrista Brian ‘Head’ reconvertido en iluminado cristiano tras haber superado su particular pozo de depresión y adicciones y alejado del mismo hasta recientes fechas, un par de premios Grammy’s, y extremos musicales como el de coquetear con la electrónica de Skrillex en los últimos tiempos… la biografía de Korn al menos sí ha dado para dar suculentas y jugosas páginas en la prensa musical americana.

 

Hoy en día podemos decir que no pasarán a la posteridad por ser en la actualidad el grupo de cabecera de innumerables legiones de seguidores, pero sí es injusto no reconocer la vibrante efervescencia de los primeros años de su carrera. Disfrutemos y hagámonos un poco más jóvenes recordando este disco en su discreto XX aniversario.

 

Clown.

Editorial: ¿Portadas para grupos de rock?

Este es el décimo número de Club de Música, el mismo que discos tiene Hamlet en el mercado. Es el número del fútbol (Maradona), y en general un número mágico y especial. Es un homenaje a una dilatada trayectoria, honesta, a menudo con independencia y sus consiguientes críticas (que ya sabemos todos cómo funciona este país), pues Hamlet siempre ha estado a la vanguardia del rock duro. Es motivo más que suficiente para reseñar tan importante evento. ¿Y por qué damos una portada a un grupo de rock? Porque faltaba. Por un motivo u otro, y exceptuando a Kings of Leon y Havalina, sólo habían encontrado cabida propuestas más pop como Vetusta Morla, Russian Red o The Gift, o incluso el rap sobre jazz de Kase-O. Y el rock es pieza fundamental de la música. Cierto es que está denostado por los grandes medios (cómo me acuerdo de Radio 3) como tan cierto es que está en nuestro país en horas muy bajas. Cualquier festival de rock lo deja claro con un cartel sin novedades ni apuestas por nuevas bandas. ¿Por qué seguir entonces reclamando su sitio? Por fidelidad. Si el pop (no lo comercial, que en estas páginas afortunadamente está olvidado) se caracterizó a menudo por la experimentación o la innovación, el rock por emular la actitud y el sonido de sus héroes. Creo que The Beatles refleja muy bien estos dos aspectos, tanto al principio como al final de su carrera. Y esa fidelidad no sometida al vaivén de las modas lo hace siempre una apuesta sobre seguro. Cada disco de Hamlet es un nuevo tratado de rock internacional, que aunque tenga detractores que no les perdonen tanta variedad, nunca les ha faltado calidad.

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Hamlet – Diez discos en una impecable trayectoria en el rock

Amnesia. (Del gr. αμνησία). Pérdida o debilidad notable de la memoria. También es el nuevo disco de Hamlet. Amnesia (Kaiowas) es el décimo trabajo de la formación madrileña, un disco que aúna el mejor sonido con el que ha forjado su leyenda, que no es pequeña precisamente. Hamlet puede presumir de ser la banda de rock duro más grande de nuestro país (junto a Sôber y Soziedad Alkoholika desde luego) y presentar gira tras gira y álbum tras álbum las credenciales necesarias para ello. Amnesia es especial además porque viene precedido de los discos más arriesgados de Hamlet. Sigue leyendo