Los Evangelistas: “Pudimos elegir nuestro maestro, como un perro elige a su amo”

Cada disco de Antonio Arias es un sacrificio al altar del rock. Él sería el Toro, San Lucas, con su calva frente rebosante de ideas claras; Jota, por supuesto el León, rugiendo en la soledad del desierto, tan idolatrado como denostado, igual es San Marcos que Juan el Bautista; Eric Jiménez sería el Águila. Su batería oscura y abstracta dando forma al Apocalipsis ‘Morentiano’, como San Juan anuncia el fin de los días sin el Maestro; y Florent, el más humano, un ángel que trae la buena nueva, el mensaje de Morente. En su serenidad, como la de ese San Mateo evengelista, tiene acomodo el torrente a veces caótico de sus compañeros.
Los cuatro son Los Evangelistas.

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