“Berri Txarrak somos un grupo de reflexión. No cambiaremos el mundo, pero podemos cambiar muchos mundos”

BUTTERFLY ONA 72

Respeto, longevidad y contundencia incluso a pesar del inexorable paso del tiempo. Berri Txarrak es de las pocas bandas que tienen el crédito suficiente para hacer lo que le dé la gana y mantenerlo intacto. Salieron airosos de la producción tan lo-fi que hizo Steve Albini (Pixies, Nirvana) en Payola (Roadrunner, 09) y bordaron con nota el asalto al indie español al grabar con Ricky Falkner (Standstill, Love of Lesbian, Quique González) el segundo EP de Denbora Da Poligrafo Bakarra (Only in Dreams, 14); los riffs de Bigarren Itzala y Polígrafo Bakarra se expanden creativamente desde El Universo, canción del disco La pareja tóxica (Music Bus, 11) de Zahara y del mismo productor.

 

Su trayectoria les ha llevado con éxito a donde se han propuesto, y desde Chicago a Japón pasando por Latinoamérica, la de Berri Txarrak es una de las propuestas más sólidas que podemos exportar en la actualidad. Y además versátil, pues pocas formaciones pueden presumir de actuar en el Resurrection Fest y el Sonorama a la vez al tiempo que facturan discos tan variados. No debe extrañarnos sin embargo, formado en 1994 el grupo comandado por Gorka Urbizu, al menos de un lejano ya 2001, siempre ha presentado discos que han rayado el sobresaliente. Contados con los dedos pueden presumir de lo mismo, independientemente de los gustos, todos lo sabemos.

 

Infrasoinuak (Only in Dreams) es su nuevo disco, el noveno ya, y representa una apuesta por concretar estas nuevas canciones en la esencia de la banda, al tiempo que se abre a unos sonidos cálidos para que el nuevo público que se ha acercado a los navarros pueda verse referenciados en ellos. Medios tiempos como el single Spoiler! o Dardaren Bat combinan con la pegada de Zuri, Infrasoinuak, Hozkia o Sed Lex ofreciendo las dos caras de Berri Txarrak (que en el fondo no deja de ser la misma), y en poco más de media hora su mezcla de hardcore-punk, rock, metal y crossover maduro hacen que estos tres años sin nuevo disco se olviden de un plumazo.

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Hola Gorka. No te voy a preguntar cómo se consigue ese crédito pues no creo que exista una fórmula sobre el papel, pero sí al menos si eres consciente del mismo.

(Sonríe) Mira que nos criticaron con Payola, y ahora dicen que es un disco de culto. Sí es verdad que veo muchos músicos en nuestros conciertos y eso me hace ilusión porque son músicos que tienen inquietud, no aquellos que son funcionarios de la escena, esa gente que siempre está escuchando lo mismo o ni siquiera escuchan nada. Creo que es importante renovarse. Yo lo achaco a la constancia de muchos discos, de muchas giras, y a que aparece ese click de gente que no te había hecho caso y de repente descubre que le gusta o que le puede apasionar. Lo bueno de las carreras longevas es eso, que hay gente que se sube al barco y hay otra que se baja lo que es súper normal, es síntoma de que el grupo está vivo. No es algo efímero.

 

Forzaste también la creatividad en el anterior cuando visitasteis la obra de Zahara junto a Ricky Falkner. Pocos salen indemnes de algo así.

Puede que sí (ríe). Los giros que hemos dado han pillado en fuera de juego a más de uno, y con este disco igual. El XX aniversario fue un experimento estilístico que nos salió muy bien y nos dio un nuevo publico también. Me emociona mucho eso, aunque respeto mucho al que viene desde el primer disco, que haya gente nueva me encanta.

¿Cómo afrontasteis entonces este Infrasoinuak?

Veníamos de un disco muy especial y en este nos enfrentábamos a uno más convencional. Son sólo 10 canciones pero a la vez había mucho peligro de despistarse en chorradas, me ha costado mucho más este que el anterior. Hubiera preferido en el fondo hacer otro triple porque el juego de repartir por cajones te ayuda a plantearlo por ideas, pero sí, queríamos hacer un disco corto. Si las 10 están guay, déjalo ahí, ese era el planteamiento.

 

En ese sentido, visto con perspectiva, parece que con Haria (Kaiowas, 11) terminasteis por cerrar esa etapa más rebuscada o con más matices, ahora estáis muy directos. Por otro lado, lo que más me sorprende de este disco, es que aunque Infrasoinuak tiene un ascendente hardcore muy potente termina siendo muy power-pop, un sonido muy limpio y ‘polite’. Ya grabasteis con él el tercer EP de Denbora… y fue súper punkarra, rollo Black Flag y escuela californiana.

Al final, Haria es preso de su producción, Es Ross Robinson (Slipknot, Korn) para bien o para mal. Tiene un punto casi psicodélico que a veces te lleva a las ramas, y en cambio Infrasoinuak es mas estándar, pero le va guay el sonido que tiene, la producción es muy directa, con mucho empaque y realza las canciones que era lo que buscábamos.

Suena paradójico cuando has probado con productores de muy diversos palos, pero no soy un obsesionado con el sonido, creo que simplemente es un medio para un objetivo, nada más. Este disco surge de la proposición del propio Bill Stevenson (Black Flag, Descendents), estábamos componiendo pero no estábamos lo suficientemente contentos y lo tuvimos que aparcar. Cuando nos fuimos de gira con Descendents por Latinoamérica, el propio Bill nos dijo que tenía la producción más parada porque estaba centrado en el grupo y tocar, pero que si queríamos grabar que para adelante, que él quería.

 

De todos modos… ¡Qué cercano está a veces el hardcore-punk del pop! Me ha venido a la mente el viaje que ya hicieron Corn Flakes, No More Lies o Standstill en su día.

Es que el anterior EP lo grabamos con él pero a nuestra manera. Y ahora quueríamos hacerlo a la suya, porque se quedó capado. Tocando es muy punk, pero grabando es muy meticuloso y perfeccionista. Íbamos con miedo porque sus discos están muy bien fácil de escuchar pero a veces el tono de humor lo deja en otro plano… en Berri convergen ciertas cosas parecidas, pero hay mucho más y nos preguntábamos como resolvería un Spoiler!, y tal. Además, Bill controla mucha música, no solo punk, sino jazz, rock, lo que sea, tiene mucho bagaje de todo y es un apasionado de las melodías, además habla en castellano y mola.

 

Lo que sí me ha parecido un acierto es que haya sido un disco tan directo.

En este no hay mucha experimentación, es un sonido más estándar pero a la vez tiene mucho power, suena muy bien, no hay tanta ruptura porque es un disco muy de canciones. El single Oreka de Jaio Musika Hil (05) fue súper básico y la gente lo criticó mucho, y mira ahora cómo es imprescindible en nuestros conciertos. Nuestro público está acostumbrado a que se pueda encontrar no cualquier cosa pero sí variedades. Hablabas antes de Payola, un disco muy de local y sucio, de buscar lo que salga de las tripas, y creo que en este disco hay un poco de eso.

 

Quizás al final de todo es lo que os ha garantizado el éxito y la pervivencia, El batería Galder viene de Dut y Kuraia, el bajista David de Π L.T. tu sabes que pocas bandas duras consiguen durar. Vuestra canción Beude que es un homenaje a los locales de EH, me ha recordado a todas esas bandas tan referenciales en los 90… ahora aparecen cosas como Gatibu, que son más sueltas o independientes, no veo tanta escena.

Claro a todo pasado ves que sí, ese intento de no repetirte está guay, es el ADN del grupo. Ese riesgo entre comillas está ahí, pero de cara adentro te puedo decir que sí, para mí es importante hacer cosas nuevas. Venimos de Lekunberri, un pueblo de Navarra que para bien está fuera de la escena, no compartes local con nadie, vas a Pamplona pero luego te vuelves a tu pueblo, estás un poco al margen y por eso hemos sido un poco sui generis.

Esa canción sirve un poco para reivindicar un concierto que no se mida con el porcentaje de habitaciones de hotel que se han llenado, ni del baremo de cuántos millones se han dejado en los bares de pintxos tras el último festival que es lo que parece que preocupa a muchos técnicos de cultura, es que nadie habla del concierto de mierda que dio Franz Ferdinand o quien sea. Es defender la escena desde abajo, que parece que un festival es lo único que le importa a determinada gente a la que realmente se la pela la música.

En ese sentido, me encanta que las letras sean tan Berri, forzando la denuncia social, con recursos sin caer en lo evidente, abiertos a los contextos diferentes a cada persona, a vivencias, mantenéis esa línea de grupo combativo que tanto necesitamos.

Combativo no sé (sonríe) es como canción protesta que ya te suena a… pero sí, creo que somos un grupo de reflexión y hay que hacerla frente desde el arte, por lo menos en el plantear cosas, no es como cuando tienes 17 años que quieres cambiar el mundo, ese elemento naif se va borrando con el paso de los años pero a la vez hay que creerse esa mentira.

 

Sypongo que porque en el fondo es que como artista eres consciente de que cambias cosas, y eres un referente.

Siempre digo que no cambiaremos el mundo, pero cambiaremos muchos mundos. A mí me pasa, hay grupos que me han abierto la mente. Sería muy pretencioso decir que vas a hacerlo, ¿no? Pero sí es cierto que la música tiene ese poder. Un globo sonda y hace un click que puede llevar a esa persona a cambiar las cosas, con nuestras contradicciones y con lo que sea.

Hago bastante autocrítica en este disco, Infrasoinuak es nuestro noveno disco. Es la mayor comedura de cabeza, una melodía no me parece tan difícil , pero una letra… tengo la sensación de haberme repetido o de que ya he hablado de esto. Y cuando quieres hablar de cosas que creo que ya hay que hablar ves que ya están dichas, ver como encontrar ese recoveco sin caer en la obviedad o en lo evidente, de ahí parto a la hora de hacer las letras.

 

Lo que es evidente en todo caso, es la llamada a despertar, que esta sociedad no está yendo por buen camino.

Algo de eso hay, vamos a una velocidad que todo lo vivimos muy superficialmente, cómo se opina, cómo es la primera impresión, y este disco es una llamada a volver a un reposo en el que se deje macerar, No son buenos tiempos por eso para la literatura, y trayéndolo a la música, son tiempos de single, aún a riesgo de quedar obsoletos seguimos apostando en disco como concepto de una serie de canciones que tienen algo que ver entre sí, que tienen un sentido, creo que eso sí es importante aunque a mucha gente le dé igual.

 

Siempre he valorado a la gente que asume retos y en esta entrevista ya hemos hablado de varios. Primero os hicisteis un hueco en EH, y luego abordasteis el resto del Estado español donde fuisteis bien valorados por la comunidad metal-punk que tiene una gran tradición de aceptación de bandas euskaldunas y en donde el propio concepto de Estado español está bastante asumido. Tras asomaros al mundo, volvéis la mirada a España, entendida por toda esa otra gente para la que lo que hacéis en Euskadi es como de otro planeta, que no se han acercado a vosotros todavía.

(Ríe) Sí es cierto que están pasando a nivel estilístico, en esta gira hemos tocado en el Resurrection Fest, en el Sonorama o en el Primavera Sound, y en el extranjero igual, en el HellFest y en festis indies con mogollón de electrónica que nos invitan… siempre me he hecho una pregunta y es que no sé, creo que no debo ser el único que flipa con Queens of the Stone Age y a la vez con no sé, Mogwai, hay más gente que piensa como yo, pero ha habido muchos muros que derribar.

Somos un grupo no con ambición, pero sí con la determinación de intentarlo, creo que a veces los que venimos de la música dura, digámoslo así, pecamos de mucha ortodoxia que no lleva a ningún sitio.

 

Creo que la endogamia hace que muchos discos o estilos no sobrevivan bien al paso del tiempo.

Tocar en el Viñarock o Hatortxu Rock y guay, pero ves el cartel del Primavera… y por qué no. Yo por mi gusto, me lo paso así de puta madre, siempre me pregunté si era el único y el tiempo me ha demostrado que no, que hay más gente, el tiempo lo está demostrando, y al público si le permites ir descubriendo cosas nuevas, responde. Internet ha democratizado e internacionalizado todo mucho, lo tienes todo a un click, pero también hay doscientos mil canales machacándote con lo mismo, en definitiva, al final sigues teniendo que hacer tú el esfuerzo para descubrir cosas nuevas.

 

Lo que no mata engorda, o te hace más fuerte. Sobrevivisteis a Mayor Oreja y al asedio del PP y la judicialización a los artistas euskaldunes. ¿Algún día veremos una normalización?

Uff no sé yo, creo que hay un entramado de medios muy viciado y al final es un lobby, un muro muy fuerte que va sacando punta a todo. Lo acabamos de ver en Catalunya, la respuesta policial y judicial ante un problema político… buff, no tengo mucha esperanza a ese nivel, pero hay que ser positivo y seguir ahí. No sé si nos ha hecho más fuertes, pero sí sirve para constatar que hay una realidad paralela u otras realidades que no son la que nos quieren imponer todo el rato. El rock es verdad que sirve para hablar de esas cosas de las que no se hablan tanto. De todos modos, vivimos épocas bastante jodidas.

 

Havalina. Bienvenidos a un universo nuevo y onírico

havalina @ Iris Banegas

FOTO: IRIS BANEGAS

¡Dale al play, que empieza la lección!

 

Hay grupos con los que tienes que abrir los oídos al máximo y sumergirte con cada trabajo que sacan, porque brillan como un faro en la bruma en la que se pierden los demás grupos de su entorno. Havalina pertenece a esta tribu que obligan a seguir su estela porque son capaces de no quedarse en el mismo sitio sino evolucionar para crecer y cada paso que dan abrir nuevas puertas a universos paralelos.

 

Pongámonos un momento en antecedentes. Tras una fase inicial en la que coquetearon con el inglés con Junio (08) abrieron una puerta de transición al castellano que se concretó más adelante en una trilogía demoledora, con Imperfección (09), el magistral Las Hojas Secas (10) y el enérgico H (12), donde con una gran base de stoner, psicodelia pop y rock duro hablaban de relaciones personales, carnales y emocionales, y sobre todo de sus consecuencias. Islas de Cemento (15) dio carpetazo a esa dirección abriendo otra puerta que a día de hoy por lo que vemos en Muerdesombra (17) es más onírica y en la que cobra más fuerza que nunca el universo de Manuel Cabezalí, cantante, guitarrista, compositor y productor de Havalina, amén de su ideólogo y gurú de su generación.

 

Las Hojas Secas significó algo tan grande en la discografía de Havalina que va a ser muy difícil superarlo. El trío es consciente, y por eso no escatima en recursos a la hora de buscar nuevos espacios de creatividad: “La ruptura más grande ha venido al decir no quiero hacer rock, o quiero hacerlo pero no de la manera que veníamos haciendo, sin recurrir al uso del típico riff gordote , con caña… queríamos buscar una épica distinta, intentado que fuera muy intenso, pero de una manera diferente, estamos en otro punto. Para estas canciones, al componerlas intenté no coger la guitarra, sino una línea de bajo, una línea de teclado, un loop de batería y al final metía la guitarra por encima, por eso no hay acordes de guitarra , sino que va dibujando una melodía todo el rato que complementa la voz”, confiesa el cantante.

 

En este nuevo trabajo el maestro Cabezalí se adentra en el mundo de los sueños y dota a sus nuevas criaturas de unos sintetizadores envolventes, siderales y psicodélicos que te envuelven en su ya tradicional épica (Órbitas o Más velocidad), aunque siempre queda lugar a la vitalidad orgánica de sus guitarras (Malditos mamíferos, Alta tormenta I…): “Creo que en los movimientos artísticos hay una cosa que funciona como un péndulo, ahora está aquí y luego para allá. Hace 10 años, cuando yo tocaba con Russian Red, el péndulo estaba mucho en el folk, tocaba el ukelele, el carillón… en Hola a Todo el Mundo lo puedes ver a la perfección, el primer disco fue muy folk y luego el segundo con electrónica… la corriente está ahí, tú luego puedes ir a contracorriente, con la corriente o tu versión, pero de alguna manera estamos todos metidos en esto. Es posible que dentro de cinco años lo busque la gente sea el rock noventero, pero ahora estamos en una revisión de la década de los 80. Lo que pasa es que cada uno tiene una visión diferente de esa década. Mucho es más música de baile, Havalina es como Blade Runner, algo hiperoscuro”, nos comenta Manu al analizar su nuevo trabajo, en el que sale a relucir la gran influencia del cantante, The Cure, más puesta de relieve que nunca y que cuadra perfectamente con esta nueva intencionalidad creativa, sin la urgencia propia de los veintitantos años, y acorde a nuevos problemas existenciales en ese camino que llamamos madurez.

 

Havalina se hayan en la actualidad inmersos en una cruzada, que es la mía y la de muchos otros que aunque seamos minoritarios tenemos grandes cosas que decir. Defienden una libertad creativa total frente a injerencias externas, casi siempre autoimpuestas por los propios músicos en aras de seducir al público y colarse en los festivales del año para tener su momento de gloria. Crear desde otro lugar, creer en una música libre, en algo mucho más auténtico, aunque numéricamente sea inferior porque no siga los dictados de la masa. Por eso apuestan por una potente gira de salas en la que los festivales sean el premio puntual, labrándose un público fiel y un discurso propio frente a lo que imponga la mayoría. Una manera de seguir sembrando para que el futuro sea tan sobresaliente como el presente.

 

Que ni la bruma ni la oscuridad os impidan ver a aquellos que más brillan, por favor.