Mad Cool 2017. Un trágico debate sobre ética y responsabilidad

Es famosa la cita de Benjamin Franklin que dice que quien renuncia a su libertad para conseguir algo de seguridad no merece ni la una ni la otra. Creo que está bien traída a este caso porque puede ayudar a poner algo de claridad en relación a lo que desgraciadamente ocurrió este fin de semana en el Mad Cool, con el fallecimiento del reputado acróbata Pedro Aunión, especialista en danza aérea. Todo fue tan rápido, todo fue tan caótico, que no dio tiempo a hacer un sosegado balance ni una pequeña reflexión pausada. En todo este asunto hay un gran debate entre ética y responsabilidades que creo es importante dirimir.

 

Nunca he tenido ningún interés en erigirme en policía de la moral, figura bien explotada por las fuerzas reaccionarias de este país desde tiempos inmemoriales, y mi espíritu y mi conciencia un tanto ácratas me exigen pedir la misma libertad que demando para mí para todos los demás. Es importante recalcar esto en un momento en el que las redes sociales envían a la hoguera a cualquiera de manera inquisitorial; yo me niego a hacerlo. Pero también son un altavoz que no quiero dejar pasar por alto debido a haber sido espectador de un suceso tan grave. Y esta es mi libertad de hacerlo.

 

No me pareció ética la sucesión de acontecimientos y por eso decidí irme en cuanto vi que el concierto de Green Day comenzaba con normalidad y desde la Organización no se informaba absolutamente de nada. Me acerqué a la zona de acceso al foso de fotógrafos para disfrutar del concierto (no vi las imágenes ni sabía nada de lo acontecido en ese momento) y en cuanto llegué vi las vallas, la zona acordonada y pregunté. Como todo el mundo. Mucha gente lo había visto y estaba consternada y hablaba en corrillo de ello. Sabíamos que mucha gente se había ido de allí y estábamos esperando acontecimientos, pero claro, ver como algunos que estaban cerca mía en cuanto sonaron los primeros acordes del espectáculo, salía un conejo gigante animando y aparecía el grupo para tocar, dieron media vuelta y se pusieron a bailar y a beber como si nada, haciéndose sus fotos instagrammers y sus vídeos youtubers con ese trágico decorado, con el cadáver en la ambulancia esperando a que llegara el juez y certificara la defunción al lado, pues mira, me pareció grotesco. No quise participar de lo que me pareció una orgía de capitalismo y barbarie (así lo dije en redes), y me fui del festival a mi casa.

 

Varias cuestiones se han comentado que explicaré lo más brevemente que pueda. Perdón por alargarme:

 

Primera. La decisión de cancelar o no la programación es única y exclusiva de la Organización, y las Fuerzas del Estado y el Ayuntamiento poco tienen que añadir una vez garantizada la seguridad colectiva dentro del recinto –en ningún momento estuvo bajo amenaza, repito, en ningún momento–. En este contexto la Policía está para servir. Que se continúa, se garantiza el servicio, que se desaloja, pues también, lo decide quien monta el acto. No conocemos los detalles de la conversación entre Fuerzas y Organización, y donde seguramente se aconsejarían medidas y evaluarían riesgos en la dirección que vivimos. Lo que sí sabemos que la responsabilidad es de esta última y de nadie más.

 

Segunda. El grupo, de haberse enterado, en sus redes ha dejado bien claro que seguramente hubieran cancelado: “No somos personas sin corazón”, han dicho en un comunicado. En todo momento señalaron que no se les informó del hecho luctuoso lo que les privó de su libertad de actuación. También es bastante probable que alguien del equipo como su road manager o quien fuera sí lo supieran y decidieran ocultarles la información. No sabemos dónde estuvo ese cortafuegos. Hasta ahora la Organización no ha explicado si se consensuó con el entorno de la banda o no, así que damos por válidas las palabras del grupo, se les coartó su libertad de elección.

 

Tercera. Esto nos devuelve al primer punto. Si hubieran cancelado al enterarse (es fácil ocultárselo pero también que haya un desliz) habría que haber desalojado igualmente. Entonces el asunto de la seguridad vuelve al primer plano como argumento principal. Da igual que hubiera supuesto un riesgo, que siempre hay en estos casos. Se tenía que estar preparado. De hecho, sin un plan de evacuación es imposible que te concedan la licencia. El Bernabéu tarda en desalojarse menos de 20 minutos y estamos hablando de un volumen de público similar, así que rebajemos el miedo a desalojar por cuestiones de seguridad. Si no se está preparado para evacuarlo, no se puede hacer un festival. Pero insisto, el Ayuntamiento concedió la licencia, y tras la tragedia del Madrid Arena imagino que andará con los pies de plomo en este asunto. Así que hemos de suponer que había un plan de emergencia correctamente realizado.Y más en la Europa del 2017, con atentados de corte yihadista en este tipo de actos cada dos por tres. Nadie está exento de que pase nada, pero que estar preparado, se estaba preparado.

 

Cuarta. Pero claro, la gente no lo hubiera entendido y se hubiera vuelto loca… Muy mal hecho en responsabilizar a la gente ebria y colocada de las cuestiones de seguridad. Hasta que no se demuestre qué hubiera pasado de haber anunciado los acontecimientos todo lo que hablemos será política-ficción. Lo que sí sabemos, es que el Madrid Arena 2012 fue una vergüenza por faltar todos los responsables públicos y privados a su cometido, y que Festimad 2005 vivió unos graves disturbios tras tres días de sufrir unas condiciones inhumanas en un erial desértico, con torbellinos en la zona de acampada, polvo en suspensión irrespirable, un escenario con graves problemas de seguridad y nada de información, justo lo contrario de lo que ocurría en la idílica fiesta que se vivía en la Caja Mágica (exceptuando la falta de información, en eso sí coincidieron). La gente entonces tenía ira, no falta de empatía ante la muerte en directo de un ser humano. El público merecía saber lo que había pasado para actuar en consecuencia.

 

Quinta. ¿De cuánto dinero estamos hablando si se hubiera cancelado al menos el viernes? Entre actuaciones, patrocinadores, barras… nos vamos a ¿tres millones de euros, cuatro? Estaría muy bien conocer esa cifra para saber de qué estamos hablando en cuestiones pecuniarias. Nos da una visión más clara del conjunto. Entra dentro de lo factible elucubrar que si hubiera sido tras Green Day con la mitad del aforo yéndose a su casa se hubiera tomado otra decisión.

 

Sexta. El actor estaba subcontratado. El tema laboral me parece en este momento un tanto secundario. La precariedad laboral del sector es un asunto que algún día que habrá que afrontar pero hacerlo pasar por aquí me parece ventajista. Ciñámonos a las leyes. Independientemente del tipo del contrato con la Compañía, es obligación de la Organización garantizar la seguridad y salud de los trabajadores así como la vigilancia del mantenimiento de equipos y herramientas de seguridad y ahí la ley es bastante clara. Que la Policía Judicial y los Peritos hagan su trabajo tranquilamente, y ya analizaremos los resultados, accidente o negligencia, no tenemos los datos para poder opinar. Aunque claro, el anuncio de los puestos de trabajo en materia de emergencias y sanidad pidiendo material propio a los postulantes, cuando menos es escalofriante.

 

Séptima. Hubo mucha gente que no se enteró del accidente, y otra mucha que ante la sensación absoluta de normalidad, entendieron que de eso se trataba, así que ante la incredulidad inicial, dieron por hecho que estaba la situación controlada. Acusar de falta de ética a 45.000 personas me parece moralmente igual de reprobable. Cada uno sabrá cómo lo vivió y qué pensó. Yo ahí ni entro ni salgo más que en lo que presencié a mi alrededor. Deberíamos aprender a evitar juzgar tan a la ligera.

 

Octava. Uno de los más graves y perennes conflictos en el sector es confundir artista con industria. The show must go on es lo que hizo El Cigala en Nueva York actuando amargamente tras despedirse de su difunta mujer; chapeau al artista por entender que es el mejor homenaje que le puede hacer y respeto máximo. Lo que pasó en Mad Cool fue otra cosa y es que la rueda de consumo debía continuar pasara lo que pasara.

 

Novena. El homenaje al trabajador fallecido al día siguiente fue a todas luces escaso, inmerecido y en donde ni siquiera nadie salió a dar la cara. Dio la sensación de hacerse deprisa y corriendo, entre los huecos que hubo entre conciertos, sin informar previamente a los asistentes… como si se quisiera que molestara lo menos posible. No tengo en mi cabeza qué debería haber hecho la Organización, pero sí creo que le faltó en todo momento tacto y empatía.

 

Décima. La comunicación fue, ha sido y sigue siendo insuficiente. Y no es cuestión del departamento. La decisión de imponer el silencio como fórmula a día de hoy me parece errónea en cualquier caso y es mi gran crítica al Evento. Empezando por el apagón informativo, el posterior y lamentable primer mensaje pasadas las tres horas, la corrección que hubo del segundo al tercero… a que haya sido por fríos correos electrónicos… No es entendible en modo alguno.

 

Undécima. Mi decisión. Me pareció escalofriante la primera sucesión de acontecimientos y por ello tomé la decisión de salirme del recinto. No tenía ninguna intención de bailar con el cadáver todavía caliente. Y mis compañeros periodistas (con los que compartía la velada) en una u otra manera actuaron igual lo que me enorgullece. Al día siguiente acudí a ver los conciertos y en señal de duelo e indignación hice huelga de consumo. Fue mi opción, ni buena ni mala, simplemente personal. Este año pagué mi entrada y no solicité acreditación porque estoy trabajando intermitentemente por elección familiar y no pensaba cubrirlo, y el año que viene no sé que haré ni en qué condiciones, pero la decisión que tome la asumiré de manera reflexiva y con criterio profesional. No tengo nada en contra de un Festival que ha luchado heróicamente contra una Naturaleza diluviana, y trajo una oferta musical muy atractiva. Simplemente creo que han cometido un gravísimo error al tratar este accidente.

 

Duodécima. Ahora que están tan de moda los politólogos, y que Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Íñigo Errejón están todo el día hablando de él, vemos cómo la Superestructura contra la que nos advertía Gramsci existe. El poder no sólo es coercitivo, sino que despliega unos valores dominantes que atañen a toda la sociedad civil (incluidos los culturales) que nos dicen qué está bien y qué está mal. En una sociedad tan nihilista, cínica y descreída como la nuestra, acabamos de tener un desgraciado ejercicio práctico: The show must go on. Si hay un accidente laboral en la construcción al menos ese día se para en toda la línea de trabajo hasta que viene el juez, abre las diligencias pertinentes y levanta el cadáver. Si no se hizo durante el festival fue porque el discurso hegemónico nos traslada a un eterno ‘Show de Truman’ en el que no dejamos de ser sino consumidores, no ciudadanos críticos. Hemos sido conscientes en directo de que el espectáculo continúa sin nosotros, no valemos gran cosa.

 

Decimotercera. Todos los días muere gente. No pienso ni comentar el grado de cinismo (cuñadismo lo llamamos ahora) al respecto. Vivir en directo una muerte durante un espectáculo y que no me importe puede entrar dentro de la sociopatía. Lo que cada uno haga por cambiar el mundo no entra en este debate. De todos modos, queda confirmado, tenemos la sociedad que nos merecemos.

 

Décimocuarta. No creo que haya que quemar en la hoguera absolutamente a nadie. Este festival ha actuado de una manera, y me da la impresión que así habrían hecho prácticamente todos los demás en la misma situación, así que no quiero ejercer de Juez, Jurado ni Verdugo, ni creo que nadie deba hacerlo. Yo hubiera cancelado el viernes y arrancado el sábado tras un homenaje bonito. Pero es mi opinión, afortunadamente solo soy responsable de mi actuación ética, y el mal trago, que me consta que vivieron dentro, lo tuvieron que tomar ellos. No lo hicieron así y me fui porque no quería participar de su decisión. La ética es esto, cada uno toma las decisiones que quiera y si hay que exigir responsabilidades por mala praxis, que se haga en el campo que le corresponde, en el de la Justicia, no en de los valores.

 

Mi intención no es hacer sangre, lo pasado ya ha pasado y acertada o equivocadamente cada uno ha tomado sus decisiones. Estamos viviendo unos tiempos en los que no sólo asistimos a una burbuja de festivales que más pronto que tarde explotará por algún lado, también estamos asistiendo a un cambio de modelo en el que la música y los conciertos han dejado de ser los protagonistas absolutos en detrimento de la experiencia del usuario y su consumo que ahora cotiza al alza. Hablar de capitalismo no es hablar de unos señores oscuros contando billetes. Vivimos en una sociedad en la que vales lo que tienes y no lo que eres, y no, no me gusta.

 

Si este año hacemos como si nada, ya sabemos a qué atenernos en un futuro, en este festival, y en cualquier otro. No quiero una pelea sino un debate que nos re-conciencie. Quiero un mañana para los Festivales con mejores condiciones laborales para todos, con más seguridad si cabe, en el que la línea roja sea la vida humana y que a nadie le extrañe.

 

 

 

* En recuerdo de Pedro Aunión, que murió haciéndonos soñar con las estrellas.

Mechanismo, o sobre cómo hacer grandes discos anglosajones

mechanismo“Perdida la esperanza” reza la puesta de largo del grupo madrileño Mechanismo. Digo madrileño, porque aunque es el proyecto personal de Sebastian Maharg, originario de Chicago y con raíces escocesas, vivir en Madrid desde el 2002 le mete de lleno en la escena independiente de la capital. A sus 41 años Sebas es un tipo inteligente, culto y de buena conversación, que no duda en mostrar a la menor ocasión su pasión por la música, la Historia o el universo Star Wars del que es devoto seguidor, y donde a menudo se entretiene más que en hablar de su primer disco. Nuestras conversaciones nocturnas hace ya más de seis años me permitieron ver el alumbramiento de su primer EP Empire of Light, punto de partida de Mechanismo y disfrutar de su evolución en este The Forlorn Hope (Global Music 360, 2016), un magnífico trabajo de ascendencia anglosajona.

Es delicioso porque está bien hecho. El gran defecto del pop independiente de corte británico de nuestro país se suele deber a la ausencia de referencias directas. Para sonar a Gran Bretaña, lo primero debes ser anglosajón, y si no es el caso, toca ir directamente a las fuentes, no quedarse en las adaptaciones que se hacen aquí, que es lo que abunda en España, la copia de la copia.

No deja de ser extraño no obstante, que de Chicago, escenario no sólo del jazz y el blues, sino del house de los 80, saliera un amante del sonido beatleiano más puro, de los muros de sonido de Phil Spector, de las melodías de Radiohead, y de un timbre de voz parecido a Morrisey que nos evoca a The Smiths: “La ciudad de Chicago tiene una cultura musical muy amplia, también tiene a The Smashing Pumpkins, Wilco,… Yo la escena de los 80 no la viví la verdad, pero escuchaba por entonces la radio y desde entonces era un beatlemaniaco total”, confiesa Sebas al tiempo que nos explica sus influencias sin el miedo o la ocultación de la que hacen gala muchos de los artistas españoles, y que se aprecian en canciones como Better o Afterglow. “En los 90 me impactaron mucho Radiohead, Oasis, Travis, Pulp… desde el punto de vista de la producción y también de las melodías; por aquel entonces en América estaba el grunge en el rollo de Stone Temple Pilots , y no me llamaba mucho la atención. Había otros como los australianos Crowded House, que venían de un ramalazo mcartniano…y es que siempre me ha tirado ese timón de melodía y armonía que los británicos hacen mejor que nadie”.

Le gustan Radiohead o The Beatles, pero huye de su parte más vanguardista; incluso aunque en Home, el corte que abre The Forlorn Hope, practique el famoso muro de sonido de Phil Spector, ese gran denostado y segundo villano tras Yoko Ono. “Claro, no es que lo considere una influencia muy grande, aunque en Home sí quisimos buscar ese sonido de principios de los 60, del Be My Baby de The Ronettes, muy percusivo y con mucha reverb, para meter a mucha gente en el estudio… la idea iba por ahí. No es una gran influencia aunque haya trabajos suyos con George Harrison magníficos o con Lennon en el Imagine sin ir más lejos”. Por lo demás, coincide con la apreciación: “Es que aquellas bandas que citas, antes de experimentar hicieron canciones redondas y estructuradas. Si primero haces álbumes más convencionales luego puedes llegar crecer un poco más, lo mismo que U2, que con Achtung Baby contribuyeron a definir el pop moderno. Me gustaría experimentar más, pero es muy importante ahora una base mainstream para consolidar el proyecto y cuando tenga una masa crítica poder lanzarme”. Lo que viene siendo elaborar un discurso propio, y que me recuerda el caso de Álex Ferreira, el dominicano que vino a Madrid a hacer música indie pero que cuando recuperó sus influencias latinas y las adaptó a su lenguaje, nos dio los mejores momentos de su carrera.

 

En el debate sobre si melodía o letra, desde fuera está claro que lo ven de otra manera a como lo hacemos nosotros, “creo que debe ser un matrimonio perfecto, pero puestos a elegir a punta de pistola, la melodía claro, a lo mejor por el idioma no se me entiende pero tienes que hacer algo que llegue. Quiero conectar con el que está escuchando, no hacer una cosa ensimismada en mí mismo. Cuando escuchas a Thom Yorke o The Divine Comedy, te quedas estupefacto por cómo ofrecen la voz, si no tienes eso, olvídate”.

 

UN DISCO QUE SE FUE GESTANDO POCO A POCO.
La banda se formó en 2010 de la mano de Sebastian Maharg y del mancuniano Mervyn Mcmanus (quien tomó una dirección diferente un par de años atrás), con Sebas afrontando The Forlorn Hope junto a una remodelada banda enfrentándose a la producción y grabación del disco poco a poco. Charlie Bautista apareció para grabar Citizen’s Arrest y Better, y Manuel Cabezalí hizo lo propio para Afterglow y Proof of Live: “. A mí me gustan los discos variados, que haya un par de suites musicales que liguen varias canciones. Queríamos un productor puntual para que aportara cosas nuevas, nos sacara de nuestra zona de confort creando una tormenta de ideas, y llevando tus temas a un territorio al que normalmente no irías. Al estudio debes ir con las ideas muy claras porque el tiempo es oro, pero con ellos aprendí que es mejor dejar un pequeño margen de espontaneidad en algunas cosas, y creo que su labor se nota. Manuel tiene un abanico de registros bastante importante y salta de uno a otro muy bien, con una forma muy metódica de trabajar. Charlie es muy orgánico a la hora de buscar sonidos y se toma su tiempo para sacarle a cada instrumento uno propio”.

 

Una misión suicida, abandona la esperanza… el título del disco tiene una gran carga poética: “Me gusta un nombre poético a una cosa que en verdad fue espeluznante. Wellington en las Guerras Napoleónicas tomaba una avanzadilla de soldados en misión suicida. Eran de clase baja y no tenían mucho que perder. Muchos morían en el intento, pero si sobrevivían eran recompensados. Coincidió con el centenario de la I Guerra Mundial, y me gusta mucho el estudio de la Historia y las guerras, esta era para mí una gran desconocida, y de ahí la estética del disco. Con lo que hemos sufrido para hacerlo y hacia donde podemos llegar en un futuro creo que lo representa muy bien… ha habido una curva de aprendizaje muy grande, es una lección muy grande de paciencia y tenacidad”.

 

Sobre ese futuro, Sebas tiene claro que “solo buscamos subir el siguiente peldaño, poder hacer otro disco, no tardar media década en hacerlo… esperar que haya interés por el proyecto desde el punto de vista de promotoras, que de alguna forma se aprecie la propuesta. Creo que estamos haciendo algo distinto del panorama indie nacional y aquí sí me incluyo porque toda la banda es española y yo soy medio español, aunque nuestra música sea anglosajona como ocurre con los franceses Phoenix, que son internacionales o The Cardigans, Kings of Convenience… yo me incluyo en la misma categoría de ese tipo de proyectos. Buscar un hueco en el indie español e intentar crecer y tener continuidad”.

 

A Por Ella Ray. Caminos que dignifican el pop

a por ella rayFOTO: DARÍO VÁZQUEZ

 

No le demos más importancia. Esto no deja de una forma de devolver en forma de regalo el que hace unos meses me hicieron ellos con las canciones que forman su primer largo, Turista (2016, autoeditado). Hay discos que me agarran fuerte, que me transmiten mucha vibra, ayudados muchas veces por cuestiones extramusicales, así como por la afinidad emocional que me une a sus componentes.

 

Lo primero que quiero es darle las gracias a Georgina porque aunque en su modesta locura y alegría no sea capaz de pensarlo siquiera, fue en la fertilidad de su abrigo en el que los chicos A Por Ella Ray brotaron maduros. Aunque ya conocía a Krespo de Despistaos, junto a la cantante venezolana vi la conexión con Pastor y Pablo López de la Llave y el nacimiento de una banda con una gran intensidad que discurría emocionalmente a tumba abierta. Así que sí, gracias a ella, mujer empoderada, podemos disfrutar de A Por Ella Ray.

 

La solidez de su trayectoria ascendente se consolida paso a paso gracias a un buen hacer con el que dignifican el pop de la actualidad, asaltado por sucedáneos que solo buscan el éxito fácil a uno y otro lado del indie y el mainstream. A Por Ella Ray abrazan minuciosamente el pop desde diferentes ángulos emergiendo con luz propia los ecos de Radiohead que aparecen en canciones como Serpientes o el final de Meteosat. No es el único parámetro en el que se mueven desde luego, pues también lo abordan con una visión tradicionalmente patria más atemporal, como lo demuestran no sólo Mecanismos, Atolón y Nunca estuvo mal, sino las colaboraciones de Jaime Urrutia en Supernova, de Ricky Faulkner en Ángeles Muertos, Charlie Bautista en Turista… incluso la reciente interpretación de Qué desilusión! de Leño que no aparece en este álbum. Pop de ayer y de hoy en una época en la que nos estamos reconciliando con los años 80, ver para creer.

 

Supongo que mis chicos se imaginarán que engancho mejor con su faceta anterior que con la festivalera de Campo Neutral o el arranque coral de grupo vocal de Baile de máscaras, pero no es momento para que hable de mis gustos o afinidades, sino para glosar la pasión con la que escriben sus textos, y la tranquilidad, paz y serenidad con la que impregnan sus letras de marcado corte costumbrista. Al final voy a tener que cambiar el principio de esta crítica, resulta que son estas cosas las que sí tienen importancia al fin y al cabo.

 

Stereozone: metal, grunge y stoner a todo trapo y sin complejos

Stereozone

FOTO: Sandra Massó

Una cosa que la experiencia nos ha enseñado es que todo aquel rock de corte americano que venga de la Comunitat Valenciana tiene que ser escuchado con atención e interés, pues esta gente tiene un toque especial para aplicar fórmulas anglosajonas con mucha personalidad. Rápidamente acuden a la memoria Uzzhuaia (deudores de The Cult), los más efímeros Babylon Rockets (más del rollo Hellacopters), Sweet Little Sisters (el añorado combo femenino a lo Mötley Crüe) o incluso Los Zigarros (los hermanos ex Perros del Boogie de ramalazo stoniano). En una tierra con tanta electrónica y tanta world music, es difícil sobresalir y el que lo hace haciendo rock de tantos quilates, factura discos de primerísimo nivel.

 

Stereozone es un cuarteto de insultante juventud para la calidad con la que afrontan los temas de este nuevo disco y el suyo es un rock metalero de alto voltaje con brillante madurez. Un rápido vistazo por su spotify nos deja como artistas relacionados a Hugonaut, Beef Supreme o Zodiac & Black, todas ellas formaciones de sludge y neo-stoner, a quienes les emparentan el buen estado de forma que hay en este género en la actualidad, pero a quienes no les unen más que quizás el respeto por Mastodon y Black Label Society (Zakk Wylde).

 

Donde está la verdadera gracia de Stereozone y que vuelven a mostrarnos en este nuevo EP que nos entregan, “Rage Warriors IV”, es que son unos (benditos) flipados de los noventa. Un riff te suena a System of a Down, otro a Foo Fighters y si te descuidas oyes ecos hasta de Faith No More y Megadeth. Sin ir más lejos, el reciente single digital que publicaron poco antes de las pasadas Navidades, “Deathproof Man”, nos dejó un gusto exquisito por la voz del malogrado Scott Weiland, frontman icónico de los Stone Temple Pilots y si me apuras también por la de Layne Staley de Alice in Chains, dos grandes referencias vocales evidentísimas.

 

Rage Warriors IV, de portada ochentera, nos presenta una sólida base y una contundente pegada. Ya sólo por contener las canciones “Sucker Punch”, “Bastard” y “Titan” merece la pena meterle un buen repaso. Abren con “Ghost”, idónea para calentar motores con regusto a Soundgarden. Sigue “Sucker Punch”, donde lo parten con ese bajo con tanto grano como aquellos de los míticos de Korn, tan pesados y poderosos, junto con un conseguido riff de guitarra y el quiebro stoner del final. Les siguen el gancho melódico de “Bastard” con el mejor estribillo del EP, y  la emotiva “Titan”, con más espacios y más desarrollos en el contenido. “Brown Eyes”, que mientras musicalmente suena a los Hamlet del álbum negro, el concepto no deja de alejarse del stoner con ecos sureños y del grunge con arrastre que tanto les caracteriza. “Calavera” cierra con un corte de medio tiempo, también muy pesado y stoner, perfecto para poner a Stereozone en una muy buena posición de salida para los tiempos venideros.

Havalina. Bienvenidos a un universo nuevo y onírico

havalina @ Iris Banegas

FOTO: IRIS BANEGAS

¡Dale al play, que empieza la lección!

 

Hay grupos con los que tienes que abrir los oídos al máximo y sumergirte con cada trabajo que sacan, porque brillan como un faro en la bruma en la que se pierden los demás grupos de su entorno. Havalina pertenece a esta tribu que obligan a seguir su estela porque son capaces de no quedarse en el mismo sitio sino evolucionar para crecer y cada paso que dan abrir nuevas puertas a universos paralelos.

 

Pongámonos un momento en antecedentes. Tras una fase inicial en la que coquetearon con el inglés con Junio (08) abrieron una puerta de transición al castellano que se concretó más adelante en una trilogía demoledora, con Imperfección (09), el magistral Las Hojas Secas (10) y el enérgico H (12), donde con una gran base de stoner, psicodelia pop y rock duro hablaban de relaciones personales, carnales y emocionales, y sobre todo de sus consecuencias. Islas de Cemento (15) dio carpetazo a esa dirección abriendo otra puerta que a día de hoy por lo que vemos en Muerdesombra (17) es más onírica y en la que cobra más fuerza que nunca el universo de Manuel Cabezalí, cantante, guitarrista, compositor y productor de Havalina, amén de su ideólogo y gurú de su generación.

 

Las Hojas Secas significó algo tan grande en la discografía de Havalina que va a ser muy difícil superarlo. El trío es consciente, y por eso no escatima en recursos a la hora de buscar nuevos espacios de creatividad: “La ruptura más grande ha venido al decir no quiero hacer rock, o quiero hacerlo pero no de la manera que veníamos haciendo, sin recurrir al uso del típico riff gordote , con caña… queríamos buscar una épica distinta, intentado que fuera muy intenso, pero de una manera diferente, estamos en otro punto. Para estas canciones, al componerlas intenté no coger la guitarra, sino una línea de bajo, una línea de teclado, un loop de batería y al final metía la guitarra por encima, por eso no hay acordes de guitarra , sino que va dibujando una melodía todo el rato que complementa la voz”, confiesa el cantante.

 

En este nuevo trabajo el maestro Cabezalí se adentra en el mundo de los sueños y dota a sus nuevas criaturas de unos sintetizadores envolventes, siderales y psicodélicos que te envuelven en su ya tradicional épica (Órbitas o Más velocidad), aunque siempre queda lugar a la vitalidad orgánica de sus guitarras (Malditos mamíferos, Alta tormenta I…): “Creo que en los movimientos artísticos hay una cosa que funciona como un péndulo, ahora está aquí y luego para allá. Hace 10 años, cuando yo tocaba con Russian Red, el péndulo estaba mucho en el folk, tocaba el ukelele, el carillón… en Hola a Todo el Mundo lo puedes ver a la perfección, el primer disco fue muy folk y luego el segundo con electrónica… la corriente está ahí, tú luego puedes ir a contracorriente, con la corriente o tu versión, pero de alguna manera estamos todos metidos en esto. Es posible que dentro de cinco años lo busque la gente sea el rock noventero, pero ahora estamos en una revisión de la década de los 80. Lo que pasa es que cada uno tiene una visión diferente de esa década. Mucho es más música de baile, Havalina es como Blade Runner, algo hiperoscuro”, nos comenta Manu al analizar su nuevo trabajo, en el que sale a relucir la gran influencia del cantante, The Cure, más puesta de relieve que nunca y que cuadra perfectamente con esta nueva intencionalidad creativa, sin la urgencia propia de los veintitantos años, y acorde a nuevos problemas existenciales en ese camino que llamamos madurez.

 

Havalina se hayan en la actualidad inmersos en una cruzada, que es la mía y la de muchos otros que aunque seamos minoritarios tenemos grandes cosas que decir. Defienden una libertad creativa total frente a injerencias externas, casi siempre autoimpuestas por los propios músicos en aras de seducir al público y colarse en los festivales del año para tener su momento de gloria. Crear desde otro lugar, creer en una música libre, en algo mucho más auténtico, aunque numéricamente sea inferior porque no siga los dictados de la masa. Por eso apuestan por una potente gira de salas en la que los festivales sean el premio puntual, labrándose un público fiel y un discurso propio frente a lo que imponga la mayoría. Una manera de seguir sembrando para que el futuro sea tan sobresaliente como el presente.

 

Que ni la bruma ni la oscuridad os impidan ver a aquellos que más brillan, por favor.

 

Rufus T. Firefly: “El amor, la naturaleza y el arte hay que defenderlos a muerte”

Rufus T. Firefly @Iris BanegasFOTO: IRIS BANEGAS

 

Acabas de leer a Walt Whitman y te sientes el rey del mundo. Solo, de pie frente a la vasta inmensidad de la naturaleza, extiendes los brazos y gritas hasta que te falla el aliento. No pides nada más, estás en comunión con el cosmos y desde hace mucho tiempo, en paz contigo mismo. Al igual que tú, Rufus T. Firefly se sienten igual de identificados con esa misma tradición poética y presentan en su nuevo disco Magnolia (Lago Naranja Records), un alegato en defensa de un mundo cada día más enfermo, un canto al amor y a la esperanza.

 

Víctor Cabezuelo es uno de los más brillantes tíos de su generación. Tras un aspecto desgarbado y huidizo y un carácter introvertido, se esconde una personalidad de trato afable y lo que más nos interesa, una mente poderosamente creativa que ya nos tiene a muchos enganchados gracias a trabajos como Ø -Conjunto vacío- (12) y Nueve (14) y sus colaboraciones en Mucho o Miss Caffeina entre otros. Y si él es un alumno aventajado de la gran escuela que Havalina y Manu Cabezalí han creado en su entorno, su compañera en la batería, Julia Martín Maestro, ha dado un paso de gigante tanto en las baquetas como en la ilustración y el diseño del álbum, haciendo de este una verdadera delicia para los sentidos (se ve, se escucha, se toca, se huele…).

 

Para quien aún no los tenga ubicados, Rufus T. Firefly pueden presumir de ser una de las más personales adaptaciones de Radiohead que hay en nuestro país, sin olvidarnos de sus constantes miradas a Kurt Cobain o Billy Corgan (Smashing Pumpkins). Sin embargo, con Magnolia abren el espectro en la misma dirección que Tame Impala y aunque siguen adorando a Thom Jorke y los noventa, se lanzan en la estela setentera de George Harrison, Syd Barret o John Bonham desde una óptica muy actual. Pura psicodelia, dream pop, pop sideral o lisérgico, llámalo como quieras, pero el disco de los Rufus es una belleza en defensa de las pocas cosas que aún tienen importancia en esta vida. “Hay que dejar de quejarse de lo mal que va todo. El amor, la naturaleza y el arte hay que defenderlos a muerte y esa es otra forma de pelear. Aunque parezca un discurso muy básico, es que lo estamos descuidando realmente”, explica Víctor sobre el mantra que se repite a lo largo de las canciones de este disco, y que empieza en las relaciones cercanas, protagonistas en última instancia de los textos.

 

Una magnolia significa nobleza de espíritu y pureza, y también amor por la naturaleza. Si los Rufus querían acercarse a ese concepto tan puro, lo han conseguido. La calidez con la que afrontan Magnolia, el groove de la pegada de Julia en la batería, las deliciosas líneas de bajo de Miguel de Lucas (ex Sunday Drivers y Mucho), la manera en la que encapsulan la belleza etérea de Víctor los sintetizadores y teclados de Martí Perarnau IV (Mucho) y Rodrigo Cominero (Sonograma), dan a luz una maravilla sensorial completa bajo la batuta como siempre de su gran valedor, Manu Cabezalí ¿El resultado? Uno de los mejores discos de este año que empieza sin lugar a dudas.

 

Playa Cuberris. La última banda de rock n roll

playa cuberris

 

 

 

 

 

 

 

Estos chavales lo parten. Punto. Fin de la cita. Realmente no se debería tardar mucho más en escribir y explicar si una banda merece una escucha serena y detenida, o si por el contrario, todavía no ha llegado su momento. Pues bien, Playa Cuberris se acaban de ganar ese derecho con la publicación de su segundo trabajo, Entrar a matar (Entrebotones 2017), un disco en el que la manida declaración de intenciones cobra más sentido que nunca.

 

Pongámonos en antecedentes. Los rockeros somos una tribu, rara y no especialmente mayoritaria, pero consecuente y pasional. Y aunque sintamos devoción por los clásicos, necesitamos creer que las nuevas generaciones nos salvarán una vez más de tanta mediocridad musical. No pedimos mucho realmente: Un sonido poderoso, conocer tu instrumento, un buen saber hacer, una actitud coherente y desafiante, por qué no decirlo, y ser capaz de emocionar a tu público.

 

Aquí es donde entra Playa Cuberris, una banda emergente a la que le ha llegado su hora. Con un discurso heredero de los Tequila (70s), Radio Futura (80s), Platero y Tú (90s) o M-Clan (00s), junto con las vivencias de su generación actual, con una devoción claramente manifiesta por los iconos del grunge, Pearl Jam y un buen gusto a la hora de hacer grandes medios tiempos, canciones emocionantes y con empaque, ganan muchos puntos con el cambio de dirección realizado desde su debut, “Bienvenidos a Ningún Lugar” (2013).Aquel año, la formación madrileña produjo junto a su paisano Juan Blas, cantante de Nothink, un trabajo noventero, con aires frescos y desenfadada actitud.

Apenas tres años después “Entrar a matar” les conduce con sobriedad a un lugar donde las ideas claras suelen llevarte al éxito. “El rey de la ciudad”, “Furia nuclear”, “Huracán”, “Grifo y gas” o “Blues de nevera” son la espina dorsal de un sonido evidentemente americano, que en ningún momento cae en la petulancia de lo que conocemos como ‘americana’ sino que encuentra su acomodo en la traducción natural que solemos hacer de ese lenguaje en nuestro país.

 

Muchos asociaréis(-emos) el timbre de voz de Pedro Girón con Carlos Tarque, y bienvenidas sean las comparaciones con el mejor cantante de soul-rock de nuestro país, pero para qué hacer pública nuestra ignorancia, que tampoco nos lleva a buen puerto, no nos quedemos ahí. Tarque es The Faces, es puro Rod Stewart. Si queréis ubicar a Girón acertaréis si lo situáis un poquito más cerca de Eddie Vedder.

 

Más allá, los matices que nos ofrecen en este disco nos atisban la posibilidad de estar ante un grupo con bastantes y buenos recursos sonoros, bien sea por el guiño al indie-rock festivalero de “Luces de Neón”, el sonido actualizado, puro 2000 de “Viejo amigo”, donde es más patente la influencia de su productor Eduardo Molina (SCR, Tomaccos, Idealipsticks), devoto seguidor de la religión de Jack White, bien sea por el corazón fronterizo de “María Isabel” o los fraseos cercanos al funk de “Viernes verdes”. Incluso por las baladas “Locos de atar” y “Quizá”, que nos constatan que es en los tempos más tranquilos donde se aprecia mucho mejor el sonido Pearl Jam.

 

Aquí es donde entra Playa Cuberris, una banda emergente a la que le ha llegado su hora. Con un discurso heredero de los Tequila (70s), Radio Futura (80s), Platero y Tú (90s) o M-Clan (00s), junto con las vivencias de su generación actual, con una devoción claramente manifiesta por los iconos del grunge, Pearl Jam y un buen gusto a la hora de hacer grandes medios tiempos, canciones emocionantes y con empaque, ganan muchos puntos con el cambio de dirección realizado desde su debut, “Bienvenidos a Ningún Lugar” (2013). Aquel año, la formación madrileña produjo junto a su paisano Juan Blas, cantante de Nothink, un trabajo noventero, con aires frescos y desenfadada actitud.

Apenas tres años después “Entrar a matar” les conduce con sobriedad a un lugar donde las ideas claras suelen llevarte al éxito. “El rey de la ciudad”, “Furia nuclear”, “Huracán”, “Grifo y gas” o “Blues de nevera” son la espina dorsal de un sonido evidentemente americano, que en ningún momento cae en la petulancia de lo que conocemos como ‘americana’ sino que encuentra su acomodo en la traducción natural que solemos hacer de ese lenguaje en nuestro país.

Muchos asociaréis(-emos) el timbre de voz de Pedro Girón con Carlos Tarque, y bienvenidas sean las comparaciones con el mejor cantante de soul-rock de nuestro país, pero para qué hacer pública nuestra ignorancia, que tampoco nos lleva a buen puerto, no nos quedemos ahí. Tarque es The Faces, es puro Rod Stewart. Si queréis ubicar a Girón acertaréis si lo situáis un poquito más cerca de Eddie Vedder.

 

Más allá, los matices que nos ofrecen en este disco nos atisban la posibilidad de estar ante un grupo con bastantes y buenos recursos sonoros, bien sea por el guiño al indie-rock festivalero de “Luces de Neón”, el sonido actualizado, puro 2000 de “Viejo amigo”, donde es más patente la influencia de su productor Eduardo Molina (SCR, Tomaccos, Idealipsticks), devoto seguidor de la religión de Jack White, bien sea por el corazón fronterizo de “María Isabel” o los fraseos cercanos al funk de “Viernes verdes”. Incluso por las baladas “Locos de atar” y “Quizá”, que nos constatan que es en los tempos más tranquilos donde se aprecia mucho mejor el sonido Pearl Jam.

 

Triángulo de Amor Bizarro se imponen en los II Premios Ruido de la PAM. Siguen los mismos retos pendientes

pam-ruido-2017-triangulo-amor-bizarro

 

Anoche se celebró en la emblemática sala El Sol de Madrid la II Edición de los Premios Ruido organizados por la PAM (Periodistas Asociados de Música), una Asociación de no mucho tiempo y arraigo, que plantea dignificar una profesión con muy mala prensa valga el juego de palabras.

 

Los ganadores del 2016 han sido unos Triángulo de Amor Bizarro (TAB) que parecen estar siempre en estado de gracia, pues con su último trabajo “Salve Discordia(Mushroom Pillow), aparte de alzarse con el Premio Ruido, han arrasado en las listas de éxitos de parte de la prensa especializada. Mejor disco del 2016 para Mondosonoro, Muzikalia e Hipersónica; Rockdelux, Efe Eme, El País y jenesaispop también les han votado en lo más alto de las tablas anuales.

 

No es la primera vez que les pasa, pues ya con su debut causaron muy buena sensación allá por 2007 y volverían a hacerlo con Año Santo ganando cuatro premios UFI en 2011. Buenos merecedores pues, ya no sólo por su actitud, criterio y coherencia musical a la hora de fusionar influencias que van desde el punk al noise y el shoegaze, sino por ayudarnos a recordar que no sólo Madrid es epicentro musical en nuestro país, que hay escenas tan vibrantes como la gallega (ellos son de Coruña), cuna de la Galicia Caníbal, Movida viguesa, Rock Bravú, Nu-metalera y ahora rayando a gran altura al aportar nombres al escenario independiente.

Los finalistas de la velada presentada por el periodista Arturo Paniagua, que intentó ponerle humor a una audiencia difícil más pendiente del charloteo de rigor, fueron “Adieu or die”, de Aries; “Hamen”, de Belako; “El pasajero”, de Depedro; “Fruta y verdura”, de Espanto; “Leave Me Alone”, de Hinds; “Casa”, de Iván Ferreiro; “Movimientos”, de Juventud Juché; “Algo real”, de Kokoshca; “2”, de León Benavente; “El poeta Halley”, de Love of Lesbian; “Jo competeixo”, de Manel; “Campeones del mundo”, de Novedades Carminha; “Me matas si me necesitas”, de Quique González; “Domus”, de Silvia Pérez Cruz, y “Salve discordia”, de los finalmente ganadores TAB.

 

 

EL RETO SIGUE SIENDO EL MISMO.

En los mismos términos que ya planteara yo mismo aquí, los retos de la prensa musical siguen siendo muy parecidos a los del año pasado. O el concepto de una prensa musical unida crece estilísticamente hacia fuera o se hunde hacia dentro, difícilmente estas cosas encuentran un equilibrio a lo largo del tiempo manteniéndose tal cual.

 

Ya no es que entremos en el debate de si premiamos nuestros gustos o el contexto musical de una obra, de si damos el premio a una larga trayectoria de un artista que quizás ya no lo necesita o a un emergente al que hay que apoyar, de si premiamos obras vanguardistas y transgresoras o discos que lo hayan clavao… Independientemente de tales cuestiones, me parece que es algo pobre y dice poco y mal de nosotros que las referencias musicales que tengamos sean tan parecidas entre nosotros y tan concretas. Parece que siempre se tienen que premiar los kilos de reverb, melodías veraniegas y reminiscencias surf como las de TAB, Hinds o los buenrrollistas Novedades Carminha; el alto minutaje que encontramos en los trabajos de Love of Lesbian, Manel o Iván Ferreiro; el ruidismo que intensifica las composiciones de León Benavente, Juventud Juché, e incluso Belako; o el punto naif de Aire o Espanto… que todos coincidamos en lo mismo, aunque sea por probabilidades, no nos deja en muy buen lugar. O leemos la misma prensa de referencia y escuchamos los mismos discos, o somos muy pocos. Pasó igual el año pasado, con un disco como el de El Niño de Elche, que siendo tan vanguardista y arriesgado, suscitara tanto consenso. Extraña.

 

Dar pátina de amplia representatividad y consenso generalizado a corrientes muy dignas pero que no son las propias, sino las de dos o tres prescriptores arriba nombrados, conduce al hastío y al abandono, pues no creo en que nadie de los integrantes de la Asociación tenga vocación de ser palmero de nadie.

 

El año que viene prometo hablar de otro gran fallo, la escasa visibilidad de la prensa femenina, con la cantidad de nombres que tenemos, Virginia Díaz, Arancha Moreno, Anabel Vélez, Elena Cabrera… Independientemente del gusto de cada cual, son referentes que están ahí y su voz demanda su espacio.

 

Está bien la filosofía y apoyo el que siga así, pasitos cortos pero seguros, pero creo también que es conveniente pretender aspirar para este 2017 en asumir retos mayores, que son los únicos que nos llevarán a buen puerto.

 

foto: Premio Ruido (PAM). Rodrigo Mena, @rodrigomenaruiz

https://www.facebook.com/PeriodistasAsociadosMusicales/

 

La madurez creativa lleva a Dinero a un nuevo sonido épico

 

dinero-2017-juan-perez-fajardo-2FOTO: JUAN PÉREZ-FAJARDO

Autenticidad. Es la única receta útil ante el sobre-exceso de información de la música hoy en día. Decenas de bandas saltan a unos medios tan especializados como atomizados y con la misma celeridad pasan a un segundo plano ante la siguiente novedad. Entre medias, nos quedan los grandes. Tipos que garantizan que tus ilusiones, pasiones y sueños no están mal depositadas, que te lo van a hacer pasar siempre bien. Dinero son una de estas bandas en la que sabes puedes confiar, todo al rojo. Que cada trabajo te va a dar tonelajes de rock de alta dimensión, que con cada disco van a muerte.

 

Dinero está formada por Sean Marholm (cantante) y Ekain Elorza (batería), dos grandes espadas del nuevo rock. Mientras el segundo es una máquina sólida y poderosa de infalible e intensa pegada, el primero es tan vorazmente creativo como impredecible. Juntos son enérgicos, mágicos, eléctricos. Juntos forman una de las duplas más interesantes en la actualidad, y consiguen brillar tanto en sus canciones como en sus directos, la gran baza del grupo afincado en Madrid. Tras la salida de Rubi Giménez (bajista original) y la transición de Ove (bajista de Inlogic), Juan Sánchez y Alain Martínez seguirán consolidando la puesta en escena en formato cuarteto como ya vimos este año en el final de la gira ‘DNR’, a falta de presentación oficial.

 

‘Cero’ (Warner, 2017), el disco que les devuelve a las noticias, vuelve a rayar a un nivel altísimo en dos direcciones además. Por un lado porque supone un reseteo oficial a la primera etapa del grupo (el corte que abre el disco ‘Cero’ sirve como toda una declaración de intenciones). Dinero cierran la puerta de los primeros años, de los duros y gloriosos momentos, y abren otra hacia una madurez creativa y expositiva que merece la pena atender. Es en este sentido donde la segunda dirección adquiere protagonismo. ‘Bajo Cero’ (la canción, el disco, el diseño de portada) nos ofrece una banda de mil caras, de exquisitos matices que hasta la fecha no habíamos visto. Junto al omnipresente Charlie Bautista (Egon Soda, Sunday Drivers, Tulsa, Rosenvinge), maestro de su generación, no se han contenido en absoluto y han parido un disco donde los detalles muestran multitud de capas que dan sentido a la exploración y la búsqueda de nuevos discursos.

 

 

 

 

Primeras fechas de la gira de presentación de <CERO>

10 de febrero CORDOBA Sala Hangar – Entradas próximamente a la venta.

3 de marzo MURCIA Sala Rem – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-re…/

4 de marzo VALENCIA Sala La3 – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-3-…/

17 de marzo ALICANTE Sala Stereo – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-st…/

18 de marzo ALBACETE Sala Caribou – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-ca…/

31 de marzo BILBAO Sala Stage Live – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-st…/

21 de abril MADRID Sala Joy Eslava – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-en-esce…/

Más fechas proximamente…

Estirpe: ¿Puede una canción salvarte la vida? (I)

Estirpe 2016 @ daniel degayon

¿Puede una canción salvarte la vida? ¿y un disco? ¿puede salvarte la vida un sueño? ¿Ser la música la tabla de salvación a la que asirte en la hora más negra? Si respondes afirmativamente a todas y cada una de estas preguntas bienvenido al club de los imposibles, lo nuestro es el rock ‘n’ roll.

Esta es la única manera de entender la alegría que muchos sentimos por esta nueva referencia que tenemos entre manos. Este el disco que ha salvado a los cordobeses Estirpe del ostracismo y la separación. Un disco que reclama con valentía el sitio actual de la banda, es directo y grabado en directo, que suelta toda la rabia acumulada y la esperanza depositada en el presente tras la superación de un cáncer por parte de su vocalista e ideólogo MART.

Por eso hay que entender Jam Fuzzion Klan (Maldito Records/Tricornio Producciones) como una nueva toma de contacto, una primera pulsión tras el largo parón y demostrarse a sí mismos y a sus seguidores el buen estado de la formación en este año de su regreso.

No hay que negar que a Estirpe le ha perseguido un pequeño malditismo cuando todos creíamos que iba a despegar. Le pasó al facturar Inventarse el Mundo (05) con el que dio carpetazo de manera inteligente al new-metal, cuando la subsidiaria de la multinacional que les había fichado, cerró de manera abrupta dejándoles en la calle, y les volvió a pasar con Neurosis (13); esta vez siendo el cáncer el que truncó la progresión del que para muchos es su mejor disco hasta la fecha, y que les había llevado a lugares tan mágicos como México y emblemáticos como el Whiskey a Go Go angelino.

Otros hubieran tirado la toalla, pero MART y su inestimable guitarrista Loren no son de los que se rinden y quisieron retomarlo en el punto donde lo habían dejado. Su disco más orgánico y natural (el citado Neurosis) ha dado paso a un experimento con aires latinos, con mucha percusión y una potente sección de metales que introduce a esta banda de metal y rock alternativo en senderos poco transitados desde su lugar en nuestro país. Lo que nació como un mero regalo audiovisual para su seguidores, se ha convertido en este capricho que se han permitido el lujo de dar en estos tiempos que corren. Un vinilo grabado en directo en edición limitada y un show en el estudio grabado en directo, destinado para las redes sociales.

Para cerrar el círculo, vuelven a coincidir con parte del equipo humano que mejor les entendió allá por Inventarse el Mundo. Eso sólo puede augurar buenas nuevas. Este trabajo debe ser el plinton con el que encarar un nuevo trabajo para la primera mitad del 2017, pues queremos escuchar nuevas canciones ya. También debe servir para cerrar como mandan los cánones la gira de Neurasia, como si el maldito cáncer nunca se hubiera cruzado en su camino.

Así que hete aquí Jam Fuzzion Klan, una mezcla de (bien, lo has adivinado), jazz y fuzz. Porque a la versatilidad de un jazz muy sui-géneris, se le une un sonido potente, gordo, con grano, emblema de lo que siempre ha sido Estirpe. Arranca con la intro de Neurasia R136A1, seguida de En tus ojos, en un tributo mucho más radical, pero deudor del multiinstrumentista Adrián Terrazas quien colaborara en aquel trabajo (suenan tambores de la reunión de The Mars Volta y os volvéis todos locos pero si sus miembros colaboran con gente de aquí estáis ciegos y sordos, que nos conocemos).

Después, veremos una apuesta por canciones no tan representativas de su carrera, pero que adquieren un color mucho más interesante dándole una mayor sensación de novedad al trabajo. No se echan de menos América, Vértigo, Te seguiré, Otro mundo, Como ayer o Infinito, por ejemplo.

Así, nos encontramos una poderosa Contigo, que se acerca al free-jazz, muy latin y percutiva, que demuestra que el gusto vocal de MART sigue intacto; es el mismo patrón que encontramos en la reivindicativa No somos 100, imprescindible con la que está cayendo ahí fuera, o nos rebelamos o nos condenaremos, eso está claro. También está Magnético, con un final mega-funk, que si olía a O’Funk’illo en el estudio gracias a la participación de Pepe Bao, ahora prima más la guitarra RATM de Loren y unos ecos de Sugarless.

Lo mejor, el contraste con los cortes más delicados. Estirpe se ha quitado en esta ocasión el corsé en el que se suele meter para controlar (quizás en exceso creo) las canciones y en esta ocasión se ha dejado fluir mucho más, con mejor resultado, y prueba de ello es la intimista En silencio, que afortunadamente guarda en todo momento su esencia a pesar de tanta instrumentación disponible.

El groove funketa de Encender otro ángel y El último pétalo, otro baladón con un saxo enternecedor son dos recuerdos del disco Buenos días voluntad, mientras que la trompeta casi mestiza de El color de mi voz y una Un esfuerzo más tiradísima al reggae de Inventarse el mundo, son los únicos recuerdos al pasado de su discografía. Para terminar nos quedamos con el buen gusto de la épica de Ser mejor, toda una declaración de principios para un final de disco y un nuevo comienzo en su dilatada pero renovada biografía.

 

FOTO: Daniel Degayón