Rufus T. Firefly: “El amor, la naturaleza y el arte hay que defenderlos a muerte”

Rufus T. Firefly @Iris BanegasFOTO: IRIS BANEGAS

 

Acabas de leer a Walt Whitman y te sientes el rey del mundo. Solo, de pie frente a la vasta inmensidad de la naturaleza, extiendes los brazos y gritas hasta que te falla el aliento. No pides nada más, estás en comunión con el cosmos y desde hace mucho tiempo, en paz contigo mismo. Al igual que tú, Rufus T. Firefly se sienten igual de identificados con esa misma tradición poética y presentan en su nuevo disco Magnolia (Lago Naranja Records), un alegato en defensa de un mundo cada día más enfermo, un canto al amor y a la esperanza.

 

Víctor Cabezuelo es uno de los más brillantes tíos de su generación. Tras un aspecto desgarbado y huidizo y un carácter introvertido, se esconde una personalidad de trato afable y lo que más nos interesa, una mente poderosamente creativa que ya nos tiene a muchos enganchados gracias a trabajos como Ø -Conjunto vacío- (12) y Nueve (14) y sus colaboraciones en Mucho o Miss Caffeina entre otros. Y si él es un alumno aventajado de la gran escuela que Havalina y Manu Cabezalí han creado en su entorno, su compañera en la batería, Julia Martín Maestro, ha dado un paso de gigante tanto en las baquetas como en la ilustración y el diseño del álbum, haciendo de este una verdadera delicia para los sentidos (se ve, se escucha, se toca, se huele…).

 

Para quien aún no los tenga ubicados, Rufus T. Firefly pueden presumir de ser una de las más personales adaptaciones de Radiohead que hay en nuestro país, sin olvidarnos de sus constantes miradas a Kurt Cobain o Billy Corgan (Smashing Pumpkins). Sin embargo, con Magnolia abren el espectro en la misma dirección que Tame Impala y aunque siguen adorando a Thom Jorke y los noventa, se lanzan en la estela setentera de George Harrison, Syd Barret o John Bonham desde una óptica muy actual. Pura psicodelia, dream pop, pop sideral o lisérgico, llámalo como quieras, pero el disco de los Rufus es una belleza en defensa de las pocas cosas que aún tienen importancia en esta vida. “Hay que dejar de quejarse de lo mal que va todo. El amor, la naturaleza y el arte hay que defenderlos a muerte y esa es otra forma de pelear. Aunque parezca un discurso muy básico, es que lo estamos descuidando realmente”, explica Víctor sobre el mantra que se repite a lo largo de las canciones de este disco, y que empieza en las relaciones cercanas, protagonistas en última instancia de los textos.

 

Una magnolia significa nobleza de espíritu y pureza, y también amor por la naturaleza. Si los Rufus querían acercarse a ese concepto tan puro, lo han conseguido. La calidez con la que afrontan Magnolia, el groove de la pegada de Julia en la batería, las deliciosas líneas de bajo de Miguel de Lucas (ex Sunday Drivers y Mucho), la manera en la que encapsulan la belleza etérea de Víctor los sintetizadores y teclados de Martí Perarnau IV (Mucho) y Rodrigo Cominero (Sonograma), dan a luz una maravilla sensorial completa bajo la batuta como siempre de su gran valedor, Manu Cabezalí ¿El resultado? Uno de los mejores discos de este año que empieza sin lugar a dudas.

 

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