Rock sin prisa pero sin pausa

Luces, primeros acordes y acción. La máquina llamada Black Rebel Motorcycle Club se pone a funcionar con puntualidad, saliendo al escenario a la hora marcada y sin titubeos. Es un mecanismo sencillo, formado por tres piezas, y una de ellas recién estrenada. Que se acomplen bien y sea un éxito, solo de ellos depende. Ya veremos… Los minutos van pasando y las canciones se suceden una detrás de otra, y casi sin darnos cuenta hemos llegado a la media hora. Desde arriba alguien nos pregunta cómo nos encontramos, y la respuesta es clara… Estamos bien pero queremos más. Aquí abajo hay unas mil almas sedientas de rock y lo están pidiendo, sin gritos, pero pidiéndolo al fin y al cabo. Y es que si hay algo que marca esta velada es precisamente eso, un concierto algo atípico, mas melancólico. Quizá más de uno y de dos echaron en falta temas más potentes, que se note dónde estamos y lo que queremos! (¿En qué rincón del tintero se dejaron temas como «Stop» o «Love Burns»?)

Ya nos bebimos la mitad del botellín y la cosa se anima, nos chutan unas dosis de energía llamadas «Whatever happened to my rock`n`roll» y «Spread your love». Ahora sí… el ambiente se caldea y las cabezas marcan el ritmo.
Poco a poco la banda va regalando unos cuantos himnos obligados, y temas como «Berlin» o «Ain´t No Easy Way» ponen en pie a sus fieles. ¡Qué gustazo señores, qué gustazo! La gloria hay que pelearsela desde allá arriba y los aplausos darlos desde abajo, y aquí todo el mundo está haciendo su labor.

Lo que parece que será un «bis» se convierte en una segunda parte del concierto debido a su duración, y el público, que parecía dormido en un principio, ya está totalmente arriba. Los cartuchos se van quemando y casi todos salen del último arma de la banda, un disco llamado «Beat the devil´s tattoo». Finalmente, Robert y Peter nos dan un respiro que nadie ha pedido, pero que deja un sabor muy dulce en la boca, armándose de acústicas y armónica e interpretando un tema cada uno. Acordes suaves y rollito gospelcoral para el final. Muere la cita…

Vayamos terminando… ¿El ambiente? Mucho cuero, patillas y pitillos; postureo del sentido. ¿La acústica? Probablemente el sonido no fuese lo mas brillante de esa noche. ¿Leah Shapiro? Tiempo al tiempo… Quizá no sea tan complicado sustituir a Nick Jago a la batería. Personalmente, yo me fui satisfecha a casa, y el resto de los allí presentes también, tendrán que creerme. Así que como dicen los carteles de carretera.. «vuelvan ustedes pronto».

Texto: Nerea Monescillo
Black Rebel Motorcycle Club. La Riviera. 10 noviembre 2010

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