Revólver, nuevos aires desde el Magreb

“Me niego a sacar un disco en condiciones normales en plástico, con 12 canciones de rigor, ya no me interesa, quiero hacer algo que te apetezca tenerlo, que sea lo suficientemente bonito”, comenta Carlos Goñi, incombustible rockero que con Argán (Warner) se sumerge de lleno en la ciudad de Marrakech y en los sonidos del Magreb en una obra que le ha costado cuatro años sacar, “las ciudades te eligen y en mi caso ha sido Marrakech, me planteo este disco antes de 21 gramos (08). Me gustaba la música, ya conocía algo y cuando llegué a la ciudad, lo vi claro. Lo que pasa es que encontré pocas referencias, apenas hay fusión de rock árabe”, dice desgranando su nuevo disco. Porque no es mestizaje, es un disco de rock magrebí, que incorpora instrumentos, escalas y melodías similares para crear algo diferente.
El proyecto parece a todas luces de gran envergadura, lo que a las primeras de cambio debe dar miedo el pensar cómo va a acabar: “¿Miedos… si te contara los míos”, sonríe, “primero me empapo de la música y cuando descubro que hay dos notas que se repiten con el blues y el rock americano, ya sé por dónde me puedo colar, las séptimas me van a funcionar de puta madre, cuidado con las menores, las melodías y los arreglos no me van a suponer un problema, el qué voy a contar sí, pues eso me llevó cuatro años… con el tiempo me compré un mandolute y si te imaginas cómo me puse a llorar como un gilipollas cuando empecé a tocarlo”, confiesa.

FRUTO DEL ARGÁN
El argán es un árbol del que se hace aceite que por su simbología tiene mucho que ver con el nuevo trabajo de Carlos Goñi: “Sólo crece en determinadas zonas, lo han intentado trasplantar y no funciona. Sólo puedes coger el fruto cuando está en el suelo, si no está verde, me gusta la idea de que da el fruto cuando está acabado, no cuando quieres”. Al mandolute se le añaden laúdes, violines, karakebs, djembés, tars, zanfonas, darbukas… todo tenía que impregnarse de Marruecos de tal manera que hasta desmontó su estudio en Valencia y lo llevó a una casa que alquiló: “quería grabar con las puertas abiertas, con luz natural, han sido muchos problemas técnicos para el ingeniero, pero era la idea. Había que grabarlo allí. Ni te imaginas lo que he disfrutado componiéndolo, escuchando las maquetas, estoy orgulloso por lo bien que me lo he pasado, es el que más me ha llenado espiritualmente. Me decía un compañero tuyo que igual he abierto una puerta y mi carrera nunca va a ser igual,  ocurra lo que ocurra yo ya he ganado, me enamoré de una gente y una cultura increíble”. Canciones como Lo que me hace feliz, Quiero aire o No hay mañanas hacen que merezca la pena el esfuerzo y quizás son la única fórmula para seguir, reinventarse.

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