Opinión: Musicalmente perdidos


A la hora de las entrevistas son muchos los grupos que no se ponen de acuerdo en torno a la salud musical de nuestro país. Resulta curioso ver cómo en la era de Internet, lo que podría parecer en un principio la panacea para numerosas bandas, se ha convertido en una especie de doble filo por el cual te das a conocer o quedas relegado al montón de formaciones del espacio cibernético.

Cierto es que llevamos años descubriendo cientos de grupos, algunos sumamente interesantes y otros lejos de ello. Que la juventud ha aprovechado la tecnología para lanzarse a la intrépida pero muchas veces complicada vida musical es algo que está a la orden del día. El caso es que la oferta es brutal y la calidad abrumadora en muchas ocasiones, pero la repercusión en otras tantas no es la que debería para algunas de ellas.

Todo este pequeño mal de bandas hace que, junto a una crisis económica que parece no tener fin, el mundillo musical se haya convertido en una pequeña selva donde nada es lo que parece. Talento y formaciones por todos lados, animados por el fenómeno de Internet y por la facilidad de hacer promoción han servido para que, entre dicha fauna, el oyente se pierda y a su vez haga que esa oferta a priori favorable para unos, acabe convirtiéndose en una especie de “síndrome de Diógenes” para otros. La cultura musical de antaño, en la que conocías bien a fondo las bandas de siempre ha pasado a ser la cultura del tener y no disfrutar como antes.

Son muchos los que ahora poseen discografías completas y excesivas novedades de grupos de todo tipo antes que nadie, pero resulta triste cuando a esos mismos les preguntas sobre ello y ni siquiera han tenido tiempo o interés en pararse a escuchar. Esa cultura que podríamos haber pensado sería buena para la música, ha acabado relegando y haciendo que las nuevas generaciones acumulen más “carpetas de discos” que nunca con un interés infinitamente menor que tiempos pasados, devaluando en su concepto final a la propia música.
Por ello podríamos preguntarnos si lo que pensamos que en su momento sería una oferta atractiva y solvente, no se ha transformado en una especie de mercado digital donde sólo los mismos de siempre sobreviven si no que los que quieren asomar la cabeza se ven relegados a un pequeño Mp3 o iPod, en los que su música acaba escondida y perdida entre miles de carpetas anónimas en su concepto final. Un a veces triste panorama para cientos de jóvenes que acaban perdidos en un vasto mar musical infravalorado, lo que antaño fue cultura y amor por la música.


Miguel Rivera. Periodista musical.
Comenzó escribiendo en Rock Hard, colaboró en 40 Principales Magazine, ha sido redactor de Musicam y responsable de promoción de Mastertrax. Actualmente es corresponsal de Metal Hammer, colaborador de UMO y director de los portales RockTotal.com y CineatraliA.com

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