Opinión: Load up on guns. Load up on guns. Load up on guns…

Los aniversarios son ese momento de la vida en el que nos da por echar la vista atrás y homenajear todo lo que haya ocurrido hace diez, veinte o cien años… ya sean muertes, nacimientos, lanzamientos… Momentos que son disfrutados y aclamados especialmente por los seguidores del homenajeado, la discográfica del mismo y, aún con más fervor si cabe, por Yoko Ono, la reina de las reediciones. 


Esta vez se trata del veinte aniversario del disco Nevermind. El segundo álbum de la banda americana Nirvana, con el que se encumbraron para siempre y marcaron la época de los 90, tanto dentro como fuera de los escenarios. Ese disco que abrió una nueva etapa en la música rock, que puso en auge el movimiento grunge y muchas más cosas que convierten a una banda en mítica, a un disco en imperecedero y a una canción en himno. Hasta la portada se merece unas palabras. Cualquier persona, sin necesidad de ser melómano ni mitómano, tiene en mente al famoso bebé sumergido en la piscina detrás del billete de dólar. Es por esto por lo que el mundo se ha volcado en las celebraciones -aunque aquí en nuestro país se haya pasado un poco de puntillas-: reediciones, tributos, espectáculos, ediciones de lujo, remixes, rarezas… vamos, lo típico. Lo que no es tan común es que se decida coger la canción más famosa de la banda, la archiconocida Smells Like Teen Spirit y tocarla, nada más y nada menos, que 144 veces. Exacto, has leído bien… 144 veces. Esto ocurrirá el próximo día 1 de octubre, cuando en Toronto, varias bandas se suban al escenario para tocar durante doce horas y de manera continuada la canción Smells Like Teen Spirit. De doce de la mañana a doce de la noche, medio día, ni más ni menos. También los asistentes al espectáculo podrán aportar su granito de arena al homenaje, cantando ellos mismos una vez más, la susodicha canción. Algo que por otra parte, dará cierto respiro a los allí presentes y oxigenará un poco el evento.

Cierto es que nadie puede negar que la iniciativa no sea peculiar, original y que pondrá a prueba hasta el más fiel de los seguidores de Nirvana. Pero no puedo evitar hacerme ciertas preguntas… ¿Era necesario un tributo tan desmesurado? ¿Cuánto te tiene que gustar la música en general o un grupo en particular para soportar ese número exagerado de repeticiones? ¿El objetivo de tocar hasta la saciedad el famoso tema es para ver si el bueno de Kurt baja aunque solo sea para mandarlos callar? ¿Es Nevermind un disco sobrevalorado? Entonces, ¿Qué haremos el día que tengamos que homenajear, por ejemplo, a los Rolling Stones? Que tiemble el mundo… los homenajes se nos van de las manos. Nerea Monescillo

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