Opinión: Entre 2 y 20.000


Soy consciente de que escribir sobre Vetusta Morla a estas alturas no es un acto muy original y sorprendente, así que intentaré ser breve e ir al grano para contar la historia que me une a ellos desde hace ya unos cuantos años. Rebobinando a través del tiempo hasta principios de los 90 cuando Metallica, Guns ’n’ Roses, Nirvana y Pearl Jam reinaban en la MTV y en nuestras conversaciones, decidimos juntarnos 4 chavales, entre ellos, Álvaro (actual bajista de Vetusta) para formar una banda de rock llamada Alma Mater. Eran los tiempos pre-internet, cuando los EP’s eran cassettes y se les llamaba maquetas y de cuando tenías que llamar por el fijo para organizar ensayos y para que la gente viniese a tus conciertos. En pleno nacimiento de la fiebre grunge al igual que otras bandas que empezaban, montamos el grupo para intentar hacer buenas canciones y volcar nuestra rabia juvenil y decibélica, la aventura duró casi 4 años y acabamos formando parte de una pequeña escena musical madrileña junto a grupos, ahora de culto, como Buenas Noches Rose, Yogourth Daze, etc.

Pues bien, Álvaro siempre ha sido un positivista incorregible y como tal, la buena suerte siempre ha sido muy generosa con él (entre otras cosas, es un valor seguro cuando vas con él en coche, siempre aparca en la puerta). Y como no podría ser de otra manera, recibió una invitación para entrar a formar parte de Vetusta Morla a finales de 2002 . Gracias a ésta feliz coincidencia se van a cumplir nueve años desde que los conozco y durante este tiempo he tenido el placer y la oportunidad de haberlos visto actuar en multitud de sitios; desde garitos de provincias a escenarios improvisados en campings junto al mar, desde casas de familiares a carpas en medio de pueblos donde solo había dos personas observándoles.
Pues bien, la última vez que los vi en concierto fue a finales de junio en el Día de la Música. La cosa estaba a tope; colas interminables, retrasos, impaciencia y expectación. Debido a entrenimientos y encuentros varios, decidí no meterme en medio y acabé situándome casi al final del aforo (aprovechando de paso el excelente aroma que provenía de los servicios del Matadero) mientras contemplaba el inicio del show directamente desde una gran pantalla como si se tratase de unos Coldplay o U2 nacionales. 
Hay que decir que cuando ves a tus colegas tocar proyectados en pantalla gigante y con una masa tan brutal de gente por delante como la que había (y si escuchas cantar más a la gente que tienes alrededor que a Pucho, más) quieras que no, da que pensar. Más que nada, porque si no piensas es porque estás un poco taja o no tienes mucha actividad neuronal y como yo prácticamente no bebo y veo Redes siempre que tengo ocasión, no pude evitar pensar en lo alucinante de la situación. De repente me acordé de una actuación suya en un pueblo de Pontevedra delante de sólo 2 personas y me pareció sorprendente y lógico a la vez ¿Qué había pasado entre estas dos imágenes? ¿Cuál era la conexión inmediata? Es bonito ver que los deseos se pueden cumplir y más cuando se trata de tus amigos pero de repente me pareció muy sencillo y revelador: entre esas dos imágenes se encontraba el triunfo del talento, de la perseverancia, del orden y el trabajo duro. De la mentalidad de equipo y de la neurosis colectivo-artística bien canalizada.

Ahora, me conceden el privilegio de compartir escenario con mi banda Martin Page & The Polaroids el 26 de Octubre en la sala Costello, así que, sin dudarlo me uno al deseo de poder compartir más veces escenario (y muchas más juergas) con ellos en el futuro y por qué no… compartir pantalla gigante también. Por soñar que no quede…


David Martín Page. Músico.
Martin Page es fotógrafo, músico y realizador autodidacta. Líder del proyecto musical Martin Page & The Polaroids.

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