M-Clan: “El rock es un buen sitio para estar cuando lo demás se está cayendo”

¿Firmar tu mejor trilogía cuando llevas dos décadas en la carretera? Sorprendente pero sí, los M-Clan (Ricardo Ruipérez y Carlos Tarque) pueden presumir de ello. Arenas Movedizas (Warner) viene a unirse a Memorias de un espantapájaros (08) y Para no ver el final (10) en un soberbio ejercicio de rock ‘n’ roll y soul marcado por una etapa manifiestamente intimista.
Ricardo no es dado a echar la vista atrás, Carlos, amante de estadísticas y números, sí, “me gusta medir las cosas como buen Virgo”, dice. Ambos coinciden en que “Memorias… fue un punto de inflexión, mola que la gente ahora sólo nos hable de estos tres últimos discos, no hace falta tirar de tan atrás y recordar Carolina otra vez. Creemos que esta última gira tanto musical, con los metales, como humanamente, fue la mejor que nunca, nuestra mejor época. Entradas de pago, en locales, con un público más fiel y mucha más calidad a todos los niveles”.

APUESTA POR UN SONIDO MÁS DURO
Por eso plantean cada nuevo trabajo de la manera más exigente. Por eso Arenas Movedizas recrudece su sonido y apuesta por una mayor pegada: “Los años nos dan una cierta credibilidad, llevamos mucho tiempo haciendo un buen trabajo. Para llegar a estas canciones hemos hecho muchas más, y las que se quedan son las que definen tu sonido. Podría haber salido otro más luminoso, más folkie, pero necesitábamos que éstas fueran muy fuertes, no romper con nada anterior, pero sí densas y fuertes”, aseguran.
El título del mismo da que pensar. Vivimos años inquietantes y qué mejor que el mismo para mostrarnos una banda para nada ajena a lo que ocurre alrededor: “No somos un grupo de crónica social pero tampoco puedes basarlo sólo en tu experiencia, miras por la ventana y ves cómo está todo de jodido. En Memorias… ya cantábamos las grúas de hierro destruyeron mi país…”, y continúan, “la creación de un disco no tiene por qué responder a tu estado vital, en nuestro caso al menos no es así. Quizás en las letras se nota algo más, M-Clan fue tan extrovertido y tan naranja que necesitamos hacer algo más introspectivo en esta etapa”.
Respecto al sonido en sí, está claro que amplían la paleta. Parece que el tándem apoyado en Carlos Raya se aleja consciente de repetirse: “Hay cosas que ya hemos hecho claro, pero sí nos apetece siempre algo que no hayamos probado, no ir por lo fácil”. Mantienen ese soul en Cuando el camino duela, se adentran en el pantano con Ritual, un rythm & blues bastardo con aires cajún, el rock clásico de siempre que vemos en Arenas Movedizas, Escucha mi voz y Rock ‘n’ Roll del siglo XXI que se torna salvaje en Noches de aullidos o viaja al country final de Sólo el viento: “M-Clan hace un rock adulto, sin que suene despectivo como terminó el AOR y sin cabida para las frivolidades propias de otras edades de las que pecamos. No queremos ser una banda que se arrastre recordando viejas glorias, pero sí pensamos que el rock ‘n’ roll es un buen sitio para estar cuando todo lo demás se está cayendo. No caigamos todos en el desastre, con nuestras herramientas intentemos ayudar a subir un poco el estado de ánimo”, para ello se embarcarán en una potente gira de final de año que les traerá a Madrid el 29 de diciembre (La Riviera). Sólo el tiempo lo dirá, pero todo pinta a que este disco cerrará una gran etapa de M-Clan, una trilogía que les sitúa en lo más alto del rock hecho en español, y que desde luego, es preferible vivirla a que te la cuenten.

 

www.m-clan.ws

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