Algo se va a mover en la escena indie, y seguramente más pronto de lo que algunos creen, pues hay señales de hastío, de aburrimiento, con el consiguiente cambio, y en el primer larga duración de Luis Brea, Hipotenusa (Marxophone), podemos atisbar algunas de esas señales. Silencioso cronista de una época, asociado a bares y clubes emergentes en los últimos tiempos de la noche madrileña (entre otros Redrum y Fotomatón), en su primer disco -ya publicó hará un año y algo un EP llamado De lo dicho nada- encontramos ocho brillantes canciones que desgranan historias de hoy en día (y de siempre, claro), de noches sin fin, de mañaneos en áticos, crapulismo con gafas de sol, estupefacientes, e incluso vidas rotas, pues también losers y fracasados aparecen en ellas, como este madrileño antihéroe que hace bien en confesarse post-indie, una etiqueta que define su rebeldía frente a una infinidad de grupos cortados por el mismo patrón y con una calidad bastante mediocre en su mayoría.

Luis Brea en Hipotenusa plantea una historia que todos conocemos de principio a fin, en la que primero define a unos personajes atractivos y casi fílmicos, vampiros nocturnos, de magnético descontrol (Automáticamente o Escabeche) que a medida que pasa el disco, va destrozando para finalizar mostrando sus carencias (“otra vez de bajona, con ochenta pavos menos” en una magistral La Caída, “Vuelve con tus padres” dedicada a tantos músicos, “catetos, luego modernos, luego hipotenusas” en Imágenes): “No había pensado en ello pero creo que tienes razón, hay una circularidad, es muy simétrico y sí tiene algo de eso”, charlamos frente a una cerveza casualmente junto al Fotomatón.

El madrileño es acústico y cáustico, un músico de contrastes que no necesita gritar ni saturar su sonido, tampoco decir las cosas de manera corrosiva, pues su discurso es incendiario… aunque parezca que no, ya sea en las canciones o en las entrevistas, donde se muestra muy comedido: “Mira, yo no pondría nombres determinados, pero sí me rebelo y pido que se dé a cada canción la importancia que se merece”, nos cuenta el propio Luis, que conoció de primera mano a infinidad de bandas aburridas hasta decir basta: “Todo parte de un ejercicio de honestidad conmigo mismo, siento una ruptura con muchas cosas que me interesaron, pero ya no, estuve cuatro años en un bar cortando tickets y viendo tres conciertos cada fin de semana donde sólo había ecos de algo que perteneció a varios grupos en los noventa, que siguen manteniendo su sonido, pero la inercia que les sigue hace que la creatividad se vea capada por una escuela, todos los grupos suenan a Los Planetas o El Inquilino Comunista… me aburrí tanto así que decidí que quiero otra cosa. Reconocer que me gusta Julio Iglesias Dyango, o que La Cuentra Atrás es muy Marvin Gayve, que en un disco indie no entraría”, de hecho en el bonus Dicen por ahí es donde rinde al mismo Julio el mejor homenaje.

Por eso, podemos encontrar una primera parte del disco muy ochentera, de toque oscuro, muy nueva olera que deja para la segunda mitad un Luis Brea que en general se muestra más rumbero, más castizo, más latino: “Sí, Escabeche o Automáticamente van a Talking Heads, Golpes Bajos, Siniestro Total o Radio Futura… encuentro mucha reacción a lo de hoy, a esa ola planetaria, mi ejercicio es matar al padre yendo hacia atrás y así me he encontrado esa Edad de Oro. Los noventas nacieron contra ese mundo tan perfecto, tan de play back incluso, pero hay cosas grandes entonces. Me obsesionaba mucho que cada canción tuviera su propia identidad y que se defiendiera por sí misma, por eso es tan diferente”.

Luis se desmarca entre variables, como aquellas con las que le conocimos, Bastante Punk, Baso es con V o Me cago en la puta y es consciente, pues reconoce que incluso lo busca: “Son polaridades, todos participamos de determinados perfiles, como transgresión. Me gustaría interpretarlo como que no he llevado la vida que han decidido para mí, cuando entré en una empresa y conseguí todo lo que pensaron para mí, fue cuando más perdido me encontré y cuando rompí con todo fue cuando me encontré. El punk de finales de los 70 en NYC o en Londres no sólo es el mundo de la cresta, nace contra la ola del 68, de ese mundo que se pudo reciclar en médico o abogado, y volvió a sus casas”. El 1 de marzo está en El Sol (Heineken Music Selector).

www.myspace.com/luisbrea