Low Cost (III), fin de fiesta

Como quien no quiere la cosa ponemos el punto y final a esta edición de Low Cost Festival, que celebrada por primera vez en los campos de fútbol-polideportivo Guillermo Amor, parece que ha encontrado un sitio para su solaz y ampliación en años venideros. Esta tercera y última jornada sirvió para disfrutar de una buena tanda de conciertos y en donde el cansancio ya haciendo mella en un público que se lo tomó en general más tranquilo (hasta la petada de Steve Aoki) que la jornada anterior, más disperso aunque en cifras similares. Unos 16-18.000 asistentes.

Empezó con la misma tónica del viernes, la gente arremolinándose por las cercanías del recinto, mientras sonaban los acordes de Maga, soberbios en su regreso, muy efectistas y completos y Sexy Sadie, quienes contaron con un público adulto, fiel, el que disfrutara de otras épocas o se hubiera quedado con las ganas. Las horas tardías a las que terminó siempre el festivales así como aprovechar los estertores de los rayos de sol jugaron siempre a la contra de aquellos a los que les tocó abrir el festival cada jornada, como Cosmonauta, que presentando su debut homónimo no consiguieron arrastrar a la gente que no les conocía y que ya deseaban ver a Mando Diao. Eso sí, El millar que les vio contó en las primeras con una legión de fans que augura un buen recorrido.

El oe oe oe de rigor sólo sonó (que yo escuchara) con Mando Diao y su mega-hit «Dance with somebody» que cerró el bolo, un concierto atípico pero era el que les correspondía, y es que el unplugged «Above and beyond» ha supuesto un cambio de raíz en su sonido. Con el decorado más cuidado de todos los que pasaron, cortinas, lámparas, cual salón solariego, los suecos se presentaron con 10 músicos, añadiendo al teclado un segundo piano y un cuarteto de cuerda, dos violines, viola y chelo que completaban la batería, el bajo, las dos guitarras y sus sempiternas voces. Allí dieron repaso desde sus hits más recientes como «Gloria» a los más antiguos de la época de «Hurricane Bar» en un formato electro acústico que gozó de grandes momentos con el único pero de un bombo demasiado pesado para la ocasión a veces molesto. Por pasión del público, desde luego los grandes triunfadores de la noche, como supongo comprobaría la ministra Sinde que hizo su acto de presencia este día.

Vetusta se mide en sus conciertos por las emociones y sensaciones, mientras que Love of Lesbian por la cercanía, la calidez, y el buenrollismo de su concierto. Quizás se me antojó la pinchada del tercer día, porque no acostumbraron a arrancarnos las carcajadas como en ellos suele ser habitual, fue más bien frío. Su ya clásica fusión de «1999» con «¿Por qué te vas?» de Jeanette, un recordatorio a las víctimas de Noruega, que ojalá respondan como Madrid reaccionó tras el 11-S, con un ejemplo de humanidad y civismo impresionante, son un par de pinceladas que dejaron en su show. De allí fuimos corriendo a ver a Standstill que estuvieron soberbios. Fueron un derroche de energía, por momentos hardcore, donde descargaron con pasión «Adelante Bonaparte», sin concesiones, encontrando a la perfección los huecos para cambiar la intensidad que refleja su último trabajo.

The Tiki Phantoms nos demostró en el escenario pequeño que la música surf goza de un excelente nivel  en nuestro país en la actualidad, en un concierto donde hubo espacio hasta para un tipo subido a una colchoneta surfeando sobre el público congregado, algunos con caretas de calaveritas. En ese también veríamos a Cápsula tocándose el Ziggy Stardust de Bowie donde las carencias técnicas las suplieron con mogollón de actitud. Muy divertidos.

Klaxons por su parte ofrecieron dos vertientes, una más comedida, más cercana a la indietrónica por otra más punk, más canalla, que dejó quizás las mejores pinceladas de su show, pero no nos daría mucho tiempo a más, porque también era el turno de Shout Out Louds; era la primera vez que los veía y la verdad me sorprendieron super enérgicos, dinámicos, muy volcados en «Work» su nuevo disco. Un espectáculo sorprendente con una buena factura en el sonido.

También sería el turno de Dorian que con hits como «Cualquier otra parte» se metieron al público en el bolsillo con un directo que si bien no fue grande, dejó satisfechos a su marea de seguidores y fans. Por nuestra parte pusimos el punto y final con Steve Aoki, en una abrumadora sesión para los más trasnochadores y con ganas de fiesta. Mucho ruido y zapatilla para pegarse unos bailes lisérgicos antes de decir adios al festival.

¿Balance? Bueno, exceptuando algunas aglomeraciones molestas en determinados accesos, Low Cost Festival se consolida como una de las ofertas veraniegas más interesantes del panorama patrio. El año que viene repetimos desde luego.

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