Low Cost (II), todo Vetusta Morla

Sin Vetusta Morla no hay festival. Están en otra liga. Hablarán de Mika, de Cut Copy y Crystal Castles (mejor los segundos y terceros que el primero), y seguramente las extravangancias se las permitirán a los de fuera. Pero el verano de 2011 va a servir para demostrar que los tricantinos están a años luz del resto de los mortales del panorama nacional. Su debut no fue un espejismo.

Y lo consiguen con una fórmula que parece sencilla, trabajo, trabajo y trabajo. Controlando al dedillo las sensaciones del público -su segundo disco “Mapas” es un constante in crescendo de intensidades y emociones-, haciendo canciones jalonadas de frases hechas para la posteridad, y una mejora acojonante en el directo -si hubo que ponerles un pero-, mucho más denso, con mucha mayor pegada y un sonido demoledor. Clavaron el inicio del segundo disco, añadiendo “Copenhage”, “Valiente”… el primer disco aún está muy alto y el público lo demuestra volviéndose loco, pero “Maldita dulzura” o “Los días raros” compiten de tú a tú. de lo tímido que era Pucho a lo que hoy vemos, un felino a mil revoluciones.

Por lo demás, el segundo día, aunque congregó a más gente, dejó peor sabor de boca, con una programación ecléctica a veces dispersa, que levantó el vuelo a última hora, con algunos problemas técnicos y grupos que por momentos no conectaron con el respetable. Por orden cronológico alcanzamos a ver el cover de The Travessy Band de “Man In Black” de Johnny Cash, en un formato que se le iba a la perfección, justo para ir a ver a Sidonie, demasiado pronto -básicamente abrían ellos- y quizás demasiado frío, al menos la primera parte que vimos, donde recuperaron tanto su sitar como algunos de sus oldies-hits en inglés, Marc dedicó “Giraluna” a Tachenko, superhéroes -les llamó- que se ostiaron con la furgo con Micah P. Hinson de Barna a Zaragoza y que afortunadamente no pasó a mayores. Desde aquí, un abrazo también.

Les dejamos calentando el ambiente poco a poco para ir a ver a Dos Bandas y un Destino, de Arizona Baby y Los Coronas que se llevaron la peor parte de los problemas técnicos. Una bola de sonido, petó el general haciendo el silencio absoluto… una primera mitad para olvidar. Se rehicieron y cumplieron la papeleta. “Too drunk to fuck” de Dead Kennedys, “I wish you were here” de Pink Floyd, “Misirlou” de Dick Dale -Pulp Fiction-, “Runaway” de Del Shannon, una lista de versiones interminable y agradecida.

OK Go, con trajes de colores cuales fichas de parchís, ofrecieron un show a ratos: plantaron el micro y una acústica a 15 metros del escenario en medio de la peña, hubo cañones que inundaron todo de papeles dorados, campanillas y a capella, con sus hits y sus bailes… muy buenos detalles, efectistas visuales, pero deshilvanados, sin ritmo de festival. Un ritmo que tampoco cogeríamos con Delafé y las Flores Azules, que con “La Primavera”, “Río por no llorar” ofrecieron su particular visión del rap yel baile.

Tras la sacudida ocasionada por Vetusta Morla, volvimos a este escenario para llegar a disfrutar del buen hacer de CatPeople, tranquilitos, pero compactos, que tuvieron que luchar con el peor horario, y se fajaron. “Mexican life”,  “Good Bye Angel”, grandes canciones para un concierto sólido, como reconoció la gente que bajó en tropel a ver por lo menos parte del espectáculo.

Mika llegó acelerado, literalmente recién bajado del avisón, y fondo mural lleno de flores estaba para recibirlo. Él protagonizó una rocambolesca historia (que en parte contó al público) con pérdidas de aviones, quiebros de cabeza para la organización y corazones latiendo hasta el último momento. Fue un concierto agradecido, pero correcto, tampoco para tirar cohetes. Muchas partes ya las llevaba enlatadas y apostó más por la emotividad que por el bailoteo. Grandes momentos como “Blame it on the girls”, “We are Golden” o “Grace Kelly”, pero que tampoco fue a más.

El subidón vendría con Crystal Castles, más finos que en el pasado Dcode -hace un mes en Madrid- con una violenta y punk puesta en escena que subiría los espíritus hasta el final, comiéndose a Cut Copy, más comedidos y contemporizadores. Fue un apretado final para un servidor, porque a parte de las charlas con los amigos, las idas y venidas de última hora y el copeteo vario, tocaron también a altas horas, Goose y Lüger. El electrorock de los belgas, junto al muro de sonido de los madrileños, fue una buena guinda rockera que desafortunadamente pocos disfrutaron al estar en el escenario pequeño.

Ya oigo a Maga y Sexy Sadie desde mi balcón, a ver cómo termina esto, que va por buen camino.

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Justo cuando voy a empezar la crónica de este segundo día Amy Winehouse ha muerto con 27 años, cifra maldita para el rock n roll, pues a esa fatídica edad murieron Jim Morrison, Kurt Cobain, Jimi Hendrix, Janis Joplin o Brian Jones… Nos deja una polémica artista que recuperó sin lugar a dudas el espíritu de la Stax yMotown. Se nos va una grande.

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