Low Cost (I) calienta motores

Si el año pasado volaron definitivamente los pajaritos y el Festival de la Canción, este año Low Cost Festival (LCF) ha conseguido colarse de lleno en el pelotón de cabeza de los festivales veraniegos. La falta de los grandes nombres, habituales en otros macro eventos, la suple con sobradas creces con un cartel completo y variado, y un buen hacer sobre el terreno. Para rematar, una asistencia de público, ideal, con mucha peña pero sin agobios, césped, precios populares y un clima cojonudo a medida que avanzó la noche.

Quitando esas infames cifras que llevan unos años dando todos los festivales, y que multiplican la asistencia de cada uno por cada día, el LCF congregó unas 10.000-12.000 almas ayer jueves (hoy esperan sold out con 17.000 aproximadamente), el día de presentación que sirvió para calentar motores. Tanto por la organización como por el público, al que le costó entrar en materia.

Y así lo probaron en sus carnes Maika Makovski en el gran escenario del día y The Brights, en el pequeño. La catalana abrió muy suave, decantándose por su último trabajo, el que le ha dado un nombre, mientras que The Brights a los que vimos apenas tres canciones (los conciertos fueron básicamente simultáneos en ambos). Su gusto por el folk de piezas como «Coffee & Wine» ya nos engatusó en Madrid en el reciente Indyspensable, sus guiños por momentos a la Janis Joplin más country les lanzan con proyección. Con buen regusto volvimos nuestros pasos a Maika de nuevo, mucho más cañera en los estertores de su show, con la gente ya metida en faena. En un programa de Santi Alcanda la comenté que era nuestra PJ Harvey particular, cosa que sé que no termina de hacerle gracia… pues bien, esta pantera a medida que pasa la gira, se enciende sobre las tablas y gana personalidad.

Buen arranque, tranquilo, con los amigos Manu, Carlos y Lino Portela de Sol Música, mercadeo pop y musicopolis. También entre el público nuestra gente de Second, que les pillaba al lado de casa, Cosmonauta que ya andaban por las instalaciones (tocarán mañana) y Santi Campos (los Amigos Imaginarios), recuperándose a un ritmo vertiginoso de una grave lesión en la rodilla.

Es el turno de Eli ‘Paperboy’ Reed, que aparece con banda sin uniformar (es de agradecer que ya huele tanta estética vintage), un poco fondoncete, pero igual de crack que siempre. La peña arrancó fría, no venían a aprender de soul sino a bailar rock n roll (y por momentos -hacia el final- como en «Come and Get It», lo consiguió). Total, que ni se entregó el público ni se entregó como otras veces el cantante. Por lo demás, hicieron un show musicalmente delicioso. Volvimos al pequeño, a ver a Stay, y su recomendable disco «Passport to Freedom». Vimos un par de temas donde destacaba sobre lo demás un exquisito Hammond, el resto me pareció empacado y encorsetados, poco sueltos.

A medida que se hizo de noche la gente se soltó más, venían a lo que venían y ya era o todo o nada pues poco quedaba. Ante la duda de Eric Fuentes o The Pains of Being Pure of Heart me decanté por el primero. Me ha encantado su primer trabajo en solitario (militó en The Unfinished Sympathy) donde mezcla indie y hardcore a rabiar, al que le dió un gran repaso de manera más edulcorada, con «Growl» u «Hora punta en territori enemic». Por favor Eric, tío, más canciones en catalán, son verdaderos hits. También hubo detalles como el recadito para el ex-president y una gran «hanging on the Telephone» (Blondie) y «Qué harías tú en tu ataque preventivo de la URSS» de unos olvidados Polansky y el Ardor. Qué punk. The Pains of Being Pure of Heart ya congregaron el todo por el todo. Como tampoco me llenan mucho, no voy a ser tan hipócrita como para decir que me dejaron frío. Hicieron un show muy correcto que gustó, petó, pero que tampoco volvió loco a nadie. La gente ya estaba a la noche y al festival, hubiera lo que hubiera. 

Incomprensiblemente, para ellos y para nosotros, Vinila & The Lucky Dados fueron al escenario pequeño. Allí ofrecieron su show habitual, ella dedicada más al burlesque (cantando va justa) y ellos a la música. Ella a lo Marilyn Monroe o Anne Nicole Smith y ellos al swing y al rock n roll de «The Secret Carnival», que como ya se queda bastante corto, se agradecen covers como el de «Please Don’t Touch» (Johnny Kidd & The Pirates) y «Tainted Love» (Soft Cell) -¿incluso un guiño a «Rebel, Rebel» (Bowie)?, así se me antojo-. Lo mejor, que el público no les falló a pesar de coincidir con Lori Meyers. Me alegro por ellos.

Como de mis Lori, héroes de la noche así como de nuestra generación (junto con los Vetusta). Cada vez más entroncados en la más noble herencia del pop español de Los Brincos y sobre todo Los Bravos, lejana queda la absurda discusión de si «Cuando el destino nos alcance» sí o no. La gente baila, grita y corea su controvertido último disco, tanto como «Cronolánea». Detalles, el futbolero «El Dilema» (por el videoclip junto a Jota, Antonio Arias…) abre paso a la celebración por el ascenso del Granada a Primera y la hostia que se dio Noni que bien comentan en la Rolling Stone.

Es de tal magnitud lo que están consiguiendo que Alaska nada más empezar Fangoria dijera que para ellos era un honor tocar justo después de Lori Meyers y en Benidorm. Nacho y ella por su parte, muy cómodos en esta nueva etapa en la que abrazan el pasado. «Bailando», «Quiero ser Santa», «A quien le importa», «El rey del glam» (a lo «The Beautiful People») o «Más es más» valen por sí solas para tener a todo cristo a tope. Lo mejor, el espectáculo visual y la puesta de vedettismo, astracanada y esperpento, el protagonismo por méritos propios de Mario Vaquerizo, lo peor, los tintes a lo Lady Gaga que sobran y lo demasiado enlatada que llevan la música.

A las 3 de la mañana casi salta el susto cuando se dispararon los aspersores del campo de fútbol, poca cosa que quedó en nada, para dar paso a Supersubmarina, una banda que ojito, está a punto de dar el salto de categoría. Por la gran cantidad de gente congregada, y por lo que disfrutaron con su propuesta. Denostados por un importante sector de la escena indie -de hecho su público no está para recolectar en esos campos- su gente está en otros derroteros, y su propuesta asequible le agrada. Pero ojo, pasión pasión, sólo la demuestra en «Cientocero», y es de canciones de lo que vive el hombre. Están en la delgada línea de crecer y ser de los grandes, o tener tirón un par de años y diluirse. Aunque carpe diem, disfrutemos del mejor momento de la banda.

Poco más, una pinchada de Loo & Placido, justita para irnos a otros menesteres también festivaleros. Y hala, a esperar la segunda jornada. Que ha empezado con muy buen pie.

fotos cedidas por la propia organización del LCF

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