Ser expendedor de bebidas espirituosas en una de las salas con más solera de la capital (El Sol), me permite disfrutar (en ocasiones también de sufrir) de una media de veinte conciertos mensuales. Tras muchos años detrás de esa barra brava (me río yo de “la 12” de Boca, si queréis ver la cara del odio de cerca, acercaros un sábado a eso de las cuatro a pedirme una copa y comprobaréis lo que es el terror) que piso más que el suelo de mi propia casa, os aseguro que me he empapado de la mejor música, la peor, la más indie, la más ‘popy’, la más comercial, la más rockera…, que puede disfrutarse dentro de la conocida como escena madrileña. Y después de más de mil conciertos a mis espaldas como espectador, sin lugar a dudas, lo que he comprobado que marca la diferencia entre unos cantantes, músicos y grupos del resto, es simple y llanamente la actitud. Sin ella, muchos grandes ‘talentos’ han acabado diluyéndose como azucarillos sobre las tablas, por afrontar sus actuaciones con desdén y desgana (el virtuosismo sin garra ni intensidad puede acabar desnucando cabezas debido a los bostezos que provoca); y sin embargo con ella, muchos grupos de los de ni fu ni fa, han acabado metiéndose al público en el bolsillo. Actitudes en forma de sudor y salto al vacío (como la del frontman de Nobunny que acabó exhausto y literalmente casi se deja la vida en el escenario, tras el hostión que se pegó al tirarse sobre el público y no salir muy bien parado del lance), en forma de rabia encorajinada (como la de un Josele Santiago que sólo acompañado de su guitarra acústica es capaz de abrir las puertas del tempestuoso infierno de su alma de par en par), en forma de presencia hipnótica y clase desparramada a borbotones (como la de un Dick Dale que pese a sus más de setenta años y cientos de éxitos a sus espaldas, sigue saltando al escenario como si todavía tuviese que demostrar algo; por eso es un maestro) o en forma de superación personal (como las sonrisas eternas que pintan los rostros de Vilma -y los señores- y Danays Bautista en cada una de sus actuaciones, capaces de espantar de un plumazo el dolor y la angustia provocado por las enfermedades -Vilma padece esclerosis múltiple desde hace más de veinte años- y por las desgracias -Danays perdió hace tan sólo unos meses un brazo al ser atropellada en el metro de Madrid- y hacernos recobrar la fe en el ser humano). Y por último, actitudes como la de Rubén (gracias por invitarme a escribir en este espacio), que a base de esfuerzo (y cojones) ha conseguido hacer algo tan difícil como convertir sus sueños en esta realidad que hoy, querido lector, tienes entre tus manos, bien sea para ser leída (disfrutarás seguro del trabajo bien hecho) o bien sea para limpiarte la mierda del culo (tu agujero negro nunca habrá sido acariciado con algo tan cojonudo).

David ‘el chulón’
Camarero -para poder comer… y beber-, escritor por exceso con muchos defectos
-para poder existir-, amante de esa puta en desuso que es el verbo y de esa dama con la que necesita refocilarse a todas horas, la música.
www.chulonizate.blogspot.com