Editorial: ¿Portadas para grupos de rock?

Este es el décimo número de Club de Música, el mismo que discos tiene Hamlet en el mercado. Es el número del fútbol (Maradona), y en general un número mágico y especial. Es un homenaje a una dilatada trayectoria, honesta, a menudo con independencia y sus consiguientes críticas (que ya sabemos todos cómo funciona este país), pues Hamlet siempre ha estado a la vanguardia del rock duro. Es motivo más que suficiente para reseñar tan importante evento. ¿Y por qué damos una portada a un grupo de rock? Porque faltaba. Por un motivo u otro, y exceptuando a Kings of Leon y Havalina, sólo habían encontrado cabida propuestas más pop como Vetusta Morla, Russian Red o The Gift, o incluso el rap sobre jazz de Kase-O. Y el rock es pieza fundamental de la música. Cierto es que está denostado por los grandes medios (cómo me acuerdo de Radio 3) como tan cierto es que está en nuestro país en horas muy bajas. Cualquier festival de rock lo deja claro con un cartel sin novedades ni apuestas por nuevas bandas. ¿Por qué seguir entonces reclamando su sitio? Por fidelidad. Si el pop (no lo comercial, que en estas páginas afortunadamente está olvidado) se caracterizó a menudo por la experimentación o la innovación, el rock por emular la actitud y el sonido de sus héroes. Creo que The Beatles refleja muy bien estos dos aspectos, tanto al principio como al final de su carrera. Y esa fidelidad no sometida al vaivén de las modas lo hace siempre una apuesta sobre seguro. Cada disco de Hamlet es un nuevo tratado de rock internacional, que aunque tenga detractores que no les perdonen tanta variedad, nunca les ha faltado calidad.



CLUB DE MÚSICA ES ECLÉCTICO

Sin que sea una crítica al resto de medios y compañeros, que cada uno es libre por supuesto a hacer lo que quiera con su curro, entiendo que en la actualidad la prensa musical está demasiado especializada (y caduca) cuando el mundo está avanzando hacia la interconexión. Si uno ojea un diario deportivo, obviamente hablarán aquí del Real y allí del Barça, incluso del Atleti, pero hay espacio para el resto de Primera y Segunda, así como básquet, motor, balonmano, JJ OO, atletismo o tenis. En cambio, el que se dedica al hard rock más pureta, al indie más gafapasta, o al punk rock patrio y ‘kalimotxero’ a veces nos inunda de todas las novedades del género hasta el punto de saturar y perder el hilo. ¿Qué es lo bueno, qué lo malo? Si ellos no criban… Quiero salir de eso. Hablaré de artistas que me convenzan, que merezcan la pena, que sin importar el estilo que hagan, que sean capaces de conmover, trascendiendo a los fans del género. Apostar por la gente nacional, unir consagrados a jóvenes promesas va en esa línea. Foros y webs se plagan de críticas de Radiohead o Red Hot Chili Peppers apenas sale el disco, que corran. El periodismo musical no creo que se base en una opinión más o menos fundada de música, sino en saber crear redes, lazos, que anticipen artistas, movimientos, ideas… en ello trabajo y ustedes deciden el resultado. Por eso se evita la crítica en sí, hay tanta buena música, que para qué hablar de lo malo, aunque si hay que mojarse, lo hacemos. Conscientemente he cambiado del singular al plurar, conciban como Club de Música como un blog. Excepto lo que está firmado, que aquí trabajamos varios, los textos son míos así como la línea editorial. Hablo de todo esto, no para esperar reconocimiento, sino por honestidad, para que sepan qué se van a encontrar dentro. Rubén González

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