Desakato, adictos a la adrenalina

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Cuando tienes los huevos canos de escuchar tantos discos e intentar escribir unas líneas interesantes al respecto, corres el riesgo de repetirte más que la cebolla, seamos sinceros. Pero coño, les pasa lo mismo a los grupos, y es que es complicado aportar algo diferente en esta sociedad sobreinformada. Por eso es bueno dejar tu imaginación en barbecho una buena temporada y sólo soltarte cuando aparezca algo que te remueva por dentro.

Y sí, Buen Viaje (El Garaje Producciones, 14), el nuevo disco de Desakato lo ha hecho. Porque mola ver que un grupo se mantiene fiel a sus directrices inicales, sin importarle inyectar los cambios que la madurez te aporta. Coincidí con ellos hará poco más de 5 años en un Derrame Rock, cuando ya eran una banda con gran proyección en Asturias pero aún tan jóvenes que no dejaban de ser una copia de sus mayores. Canciones como Nuestra oportunidad o Kien okupa bebían del hardcore-metal contemporáneo, de Boikot, S.A. y Hamlet entre otros, poniéndole criterio y ganas. No sólo el uso del idioma astuarianu o del instrumento tradicional por excelencia de su tierra, la gaita, le daban una personalidad que hacía verlos con buenos ojos, canciones como Libertad, Cada vez (el principio) o Frío de Xineru hacían de Desakato una inteligente formación capaz de componer baladas de muy alto nivel (sacar una lenta del rock patrio suele sonrojar al compararla con las de otros estilos) y muy comprometida emocionalmente (Los mineros). En esto llegó Inercia (12), su disco adulto, en el que se permitieron el lujo de esgrimir todo el músculo del que gozaba por entonces el sexteto. El resultado, un álbum muy maduro, con temazos como los singles Iceberg y Cuando salga el sol, en el que la banda se plantaba como un referente a nivel estatal.

Por eso el trabajo que acaban de publicar era una agradable incógnita, pues debía mantener el tipo, y vaya si lo ha conseguido, sobre todo a nivel musical. Porque si Inercia fue un disco de punk-rock en toda regla (con una fuerte base de metal), que si pecaba de algo era de ser quizás demasiado homogéneo, en Buen Viaje el álbum se transforma en un recorrido sonoro que les permite evolucionar a cotas donde pocos grupos del panorama nacional a veces llegan. ¿La clave? Me apuesto mis ya citados huevos canos a que han escuchado mogollón de música al margen de lo que aquí se cuece, y baste para ello ver la imagen que tienen actualmente (gran espejo del alma). Por eso te llevan del fuzz salvaje al punk melódico de Héroes, a la intensidad del ritmo pesado, casi stoner de Pánico en Frankfurt (adicto a la adrenalina se debería llamar). A la buena vibra de sus temas más asturianos, como La Tormenta, con la gaita subida al volumen 12, una canción super punk-rockera. Sin olvidarse del hardcore crudo de Trompetes de Xericó, o del rock de vieja escuela, el de Combustión, que arranca echándole un ojo al sonido clásico de La Fuga, pero que le añade una batería y un bajo incendiarios, y soltar así toda la mala ostia que le confiere a Desakato el hecho de contar con dos cantantes, una de sus mejores bazas de siempre.

El punk más clásico, coreable, aparece con colaboración de Fernando Reincidentes y Vikingo de Narco, y viene de la mano de La ira de los hambrientos, otro temazo del copón, que en este disco abundan. Y encarando el final del disco, justo después, otro medio tiempo, Batalla final, de los que no avergüenzan, que abre paso elegantemente a Cacería, muy en la línea de Combustión y los hambrientos, y La Noche (versión de los también asturianos Aprieta L’Kulo) y Ritual que cierran el compacto en la misma tónica, dejando un corte oculto al final, una canción acústica que habla con nostalgia de una casa de madera y de unos secretos perdidos con la infancia, y que pone una guinda espectacularmente bella al pastel.

Y da gusto cuando ves que las nuevas bandas (no tan nuevas en trayectoria evidentemente, sí en cuanto a repercusión porque aún les queda mucho por crecer) no se limitan a repetir patrones. Que crecen sin tapujos hacia lo que creen que su madurez compositiva les tiene que llevar, sin dejarse llevar por el público, que suele ser el peor de los dictadores. Les pediría que para el próximo hicieran las maletas y grabaran en América que la jugada a Berri Txarrak (Steve Albini y Ross Robinson) les ha salido de la ostia.

 

Lo dicho, Desakato molan, pero es que con este disco, mucho más.

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