Dcode, crónica de un viernes de dos caras

Disfrutando de uno de los meses de junio más musicales de los últimos tiempos en Madrid, dcode festival mostró sus credenciales con buen tino para ser un debutante y con margen de maniobra de cara a años venideros. Dando por buena la cifra de 11.000 asistentes que acudieron a la primera jornada del festival, era ahí donde radicaba la única incógnita de un día en el que las dos caras del plantel eran demasiado antagónicas como para atraerse entre sí. SUM41 y My Chemical Romance por un lado, Eels y Band of Horses (junto con Lori Meyers) por el otro. Chavalería versus indies maduritos.

Si París bien valió una misa, como bien pudo comprobar Enrique IV, nuestro premio por aguantar estoicamente desde las 16.00h los calores abrumadores, fue comprobar cómo Toundra descargó su potencial desde el minuto 1 del dcode. Admiradores de esa maquinaria abrumadora de rock instrumental (ojo que van a hacer historia en nuestra escasa Historia del género), quisimos ver una vez más en vivo ese discazo que supone “II” que dejó atónitos a unos chiquillos que agarrados como clavos ardiendo a las primeras filas de las vallas -jamás las abandonarían-, bajo paraguas y chorros de agua, tuvieron un cálido y formal recibimiento de la propuesta arriesgada de los madrileños que sonó de lo mejorcito durante la tarde.

The Low Anthem abrió el segundo escenario (la simultaneidad y relativa puntualidad fue la agradable tónica). Haciendo gala a su nombre los chicos de Rhode Island bajaron las revoluciones y nos presentaron su folk multi-instrumental de gusto por lo coral. No es que estuvieran mal, pero su nombre dio la impresión de estar de más en su debut en España. Traerte del otro lado del charco a este cuarteto cuando aquí hay gente como Hola A Todo El Mundo que tiene sin duda más tirón no cobra mucho sentido, y fue la ‘pinchada’ del primer día -tampoco nos pongamos pejigueros que los festis son para disfrutar y pasarlo bien, no para medir, contar, sumar y pesar todo lo que allí ocurre-.

Nothink (tamién del sello Aloud como Toundra), a pesar de que tuvieron más problemas con el sonido fueron recibidos con mayor entrega por parte del público, así como de entrada, pues aumentó considerablemente el aforo con ellos. Alguien los llamó los Foo Fighters españoles, y por momentos así lo parecieron. Muy bien sobre las tablas un desgañitado Juan Blas que lo dio todo. Buen frontman.

Saltamos de escenario, que toca The New Raemon, colgado de una Telecaster ha dado un giro hacia lo eléctrico y el reverb (violín, tres guitarras) con su nuevo disco “Libre Asociación”, al que dedicó prácticamente la totalidad de su show. Cambios en unas canciones que han crecido enteros que dan muestra del potencial que aún atesora el seminal Ramón Rodríguez, uno de los baluartes de nuestra escena musical. Gran gusto bajo un calor que no cesaba con el paso de las horas, demasiado pronto para su calidad.

Como de anécdotas el rock está repleto, unos All Time Low colgados en la carretera tienen que dejar paso a The Autumn Comets, a quienes les ha tocó el premio gordo. Un muro de guitarras, teclados  intensos, no defraudan a una horda de críos punk-pop under18 que esperaban a los americanos y dan una muestra de paciente espera que a muchos asombraría.

Si la organización pincha con la sorpresa de The Low Anthem, con la otra que se reservaba, Foster The People, lo peta. Me recuerda a las primeras sensaciones que me provocaron bandas como Mando Diao (allá por el 2005) o Enter Shikari, en el Metrorock, un antecedente si es lícito buscarlo, de este dcode. Vale que sean un moderneo de consumo rápido, muy pueriles además, pero su pegada, sonido percutido y su desenfrenada puesta en escena, nos dejan boquiabiertos. Minipunto del bueno para el festi.

Antes de los platos fuertes de la noche, nos acercamos al set de nuestros compañeros de Mondo Sonoro con escenario montado incluido y donde L.A. da un show íntimo que desborda la afluencia de un público entregado y cercano. Aunque no hiciera justicia verle allí, ver congregada con tal pasión a su parroquia, fue una nota diferente.

Con los calores despareciendo junto con los rayos de sol, y los minis de cerveza trasegados para paliar el envite corriendo lógicamente en dirección contraria, nos atrevemos con SUM41, que a la pasión juvenil desatada, responden con su último disco, un sombrío “Screaming Bloody Murder”, y nos regalan detalles como “Enter Sandman” de Metallica -alguien apuntó también un “Master of Puppets”, pero no pude corroborarlo entre idas y venidas-. El escenario petado de público, niños histéricos y un desfile de modelitos emo-punks salidos casi del anime.

La otra cara del festival, la pone Mark Everett, a quien la vida ha cambiado tras escribir “Cosas que los nietos deberían saber”. Su banda, Eels, en nuestro país ha pasado a la categoría de culto, y el soul rockero de los barbados es en sí motivo más que suficiente para presentarse a los escenarios de Cantarranas (Complutense). Mr E comanda con fría pose, sin apenas concesiones ni discursos, pero de formación sólida y peña entregada una lección de Historia de la música hecha por negros y cantada por blancos.

La potencia en enteros, ya sea de luz o de sonido, la pone My Chemical Romance, que hace su entrada a todo trapo. Aunque “Danger Days” suponga un paso atrás en la madurez que alcanzó “The Black Parade” (06), su legión de fans sigue incombustible.

Poco nos detuvimos en los de New Jersey, pues ya estábamos más que dispuestos para Band Of Horses, y es que tanto cambio de estilo -un paso para adelante un paso para atrás-, nos empezó a pasar factura, y disfrutamos como cabrones. Un inconmesurable Ben Bridwell lideró con agallas una puesta en escena con actitud y pegada, con un público adulto que no empequeñeció al acabar el punk para menores. Los momentos álgidos de la noche los puso sin duda el indie-rock de los de Seattle.

Tres apuntes para finalizar, nuestros Lori Meyers, encorbatados, pusieron la guinda a una jornada tranquila, divertida, de momentos dignos y un par de descubrimientos chulos. Por un Granada en Primera, aúpa siempre esos Lori, que a pesar de tocar con el metro cerrado -mucha gente se largó por ese motivo, que tenía hora de llegada a casa jejeje- congregaron a la mitad del aforo, que se quedó a los últimos coletazos, con ganas de recibir sus dosis de la medicina de los granaínos, que nunca se dejan nada. Antes nos dio tiempo a ver en el escenario Mondo Sonoro a All Time Low, que cambiaron los papeles con Autumn Comets -podían no haberlo hecho y es de agradecer- y demostraron que el histerismo fan también les coge a ellos, y el final de The Zombie Kids, cafrismo a tope, de zapatilla contínua, para los que nos quedamos que no fuimos pocos. Satisfechos, exhaustos y borrachos -la sagrada trilogía de todo festival- nos fuimos a casa.

fotos: www.dcodefest.com

Un pensamiento en “Dcode, crónica de un viernes de dos caras

  1. Eels y Band of Horses triunfadores. Lori Meyers también muy bien, L.A. merecían tocar ante más gente, estuvieron notables. Curiosa la mezcla de público, algo que desapareció el sábado. ¡Casi morimos de calor!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *