Cabezalí: Devoción por los detalles

@nahúm garcía

@nahúm garcía

Creo sinceramente que existen dos tipos de guitarristas -de los buenos quiero decir, y resumiendo mucho-. El primero entra en la categoría de los jugones, Alberto Marín (Hamlet), o los más jóvenes Jorge Salán y Nacho Mur. Son máquinas que recorren vertiginosamente el mástil, capaces de asombrar con los solos de guitarra más audaces y desconcertantes manteniendo el buen criterio en todo momento. El segundo tipo es igual de necesario, y se basa en un gusto exquisito por sacarle el máximo partido al sonido de su guitarra, un gusto más cercano a la óptica del productor, bien sea por las texturas, por los acordes, por el volumen… en definitiva, por elevar al infinito las posibilidades que te pueden dar las seis cuerdas. Dentro de este grupo, Manu Cabezalí (cerebro de Havalina) es uno de los máximos exponentes del panorama patrio y afortunadamente profeta en su tierra.

No es profeta porque el éxito le acose nada más salir de su lujosa mansión -que no es tal-, sino porque cuenta con el aplauso de los compañeros de su generación, que es más importante. Que coetáneos tan aclamados como Vetusta Morla, Julio de la Rosa, Depedro, The Cabriolets o Maika Makovski reconozcan tu labor y te hagan un disco-tributo versionando canciones tuyas, no es cuestión baladí. Que bandas prometedoras como Rufus T. Firefly, Álex Ferreira, Pasajero o His Majesty the King te escojan en sus labores de productor ya apunta la respuesta. Manu tiene atesorados en su cabeza (otra vez el cerebro) numerosos recursos, Manu vale lo que valen la conjunción de sus ideas y el conocimiento técnico para poder plasmarlas. Al frente de Havalina ya le hemos visto crecer en apenas cuatro años (2009-12) y ser capaz de dar forma junto a Javier Couceiro e Ignacio Celma, un sonido heredero de The Cure, Queens of the Stone Age, Kyuss, Black Rebel Motorcycle Club y Joy Division. Tal conjunción les ha puesto al frente del rock alternativo contemporáneo, esa pequeña franja en tierra de nadie, que lucha por sobrevivir dando lecciones soberbias de rock con empaque.

Sin embargo, la cultura musical de Manu bebe de otros manantiales, y muchos de ellos de hijos indirectos de Jeff Buckley. Es es lo que vemos en Pequeño Plateado (Origami Records, 13), su primer disco en solitario, que aunque pueda parecer lo contrario, es una obra mayor. Si hablamos antes de nada de Sufjan Stevens, José González o Mark Kozelek (ex Sun Kil Moon y Red House Painters), el lego recurrirá rápidamente a tachar esta nueva aventura de disco de la nueva ola indie, acústico o incluso folk. ¡Ahhh fuera, fuera! Desecha las comparaciones porque Cabezalí va varios pasos por delante. Ha compuesto por y para una guitarra española. Y se huele en los arpegios, en los acordes ensuciados con una mano que se arrastra cálidamente por los trastes. Ha pensado en una formación clásica. Sólo así se entienden los dos interludios que salpican las otras diez canciones, (La espera y La estancia). Sólo así se entiende que haya querido huir como de la peste del típico songwriter americano. Punto para él.

En esta ocasión se ha desnudado y se ha puesto frente al espejo. No es la primera vez que lo hace, y de hecho bajo una lectura conceptual, estas canciones bien podrían entrar dentro de la discografía de Havalina. Amor felino II, canción que abre el disco, recoge el guante de Compañía Felina (del disco H), y del mismo modo Pequeño y plateado lo hace de Música para peces (H). Por nombrar dos ejemplos. Me da la impresión de que Manu abandona el fuzz de su trabajo con el trío madrileño para que se oiga más alto su mensaje, con la misma parsimonia de siempre, su vieja letanía que se repite eternamente. Es un universo en el que los gatos y los peces son elementos fundamentales dentro de su cosmogonía particular. Representan el hogar, concebido como el lecho conyugal desde donde gravitan las relaciones y los conflictos de la vida, tanto el amor como el deseo sexual, del mismo modo que representa la soledad que sirve de refugio frente al mundo. En este punto Cabezalí siempre me ha parecido contradictorio y cuando le vea se lo preguntaré (sólo él puede cantarle una canción de cuna a una bestia asesina, Nana Para Un Gato Enfermo), porque todo él es melancolía (y ese disco rezuma así por todos sus poros), y sin embargo nunca dejas de atisbar un grito de vida, una llamada al amor. Son arrebatos sinceros de los que Pequeño Plateado está lleno.

Para dar vida a esta versión intimista suya, no ha necesitado de mucho más. Dicen que las buenas canciones con una guitarra o un piano deben bastar para relucir al máximo, y en este caso el adagio se cumple. Su inseparable Dany Richter (El Lado Izquierdo) ha controlado el proceso y Aurora Aroca (violonchelo de Boat Beam) ha volado por encima suavemente, dando la seriedad y gravedad que ciertas composiciones requerían, mientras que bajos, pianos, las percusiones y los sintes (escasos), han corrido de su cuenta. Quizás, el único pero, es que hay demasiadas cosas evidentes como la similitud a José González en algunas canciones, pero que no empañan el conjunto, magnífico. Hoy toca en el Teatro del Arte (San Cosme y San Damián 3, Lavapiés, Madrid), dentro de los ciclos SON de Estrella de Galicia y evidentemente es la mejor recomendación que os puedo hacer.

 

Fira Fem, Kill Kill!, Templeton, Hans Laguna y Niños Mutantes este noviembre en el WIC

Lo bueno que ofrece Segovia por su cercanía es que podemos desplazarnos cualquier fin de semana y disfrutar de su buen ambiente y mejor gastronomía con unos conciertos buscados y preparados con mucho mimo y esmero, aparte de tener unos precios realmente ajustados. Por eso, tener en la cabeza la programación 2012-13 de Winter Indie City (WIC) es jugar con ventaja a la hora de hacer una escapadita con encanto y alternativa. Niños Mutantes, Dinero, Havalina, Jero Romero, Klaus & Kinski, Luis Brea… lo más granado de la escena indie aparecen en la capital del Acueducto por cortesía del equipo que comanda Víctor.

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