Bolo: Carretera incomoda, no incómoda

Quince. Quince líneas me separan de la eternidad. 15. Cuando entro en el Badulake en la calle Salitre, 30 del ordenado barrio de Lavapiés y suena Gloria, El León de Belfast, Van Morrison. Pincha Rubén, adicto hasta la médula, enganchado a la simpatía, cariño . . .

La eternidad apacigua sus vinos. La eternidad sonríe con sus afilados dientes de marfil.  Nunca la eternidad tuvo un recorrido tan exiguo, ni tan duro. Me ha, nos ha engañado toda la vida, cada segundo con una pócima mezcla de torpeza y talento. Ya no me enfrento con la eternidad, es mi vecina de enfrente que me insinúa sus pechos cuando cuelga la ropa. Sonrío con ironía. Hemos pactado la “paz” aunque se resiste a comprender determinados momentos. Me obsequia con chistes, todos tontos, por supuesto, y agrede con sus banales hipótesis. Es teórica, no sabe nada, absolutamente nada de la vida. Implacable, inexorable. Carece de inteligencia emocional, pues si la poseyera no sería tan arrogante ni estúpida. No ha escuchado a Dylan, Cohen, Drake, Camarón, ni ha visto a Angélica Lidell. No ha leído a Rulfo . . .

Todas las mañanas observo como teje un jersey-sin-final, del cual no reconozco siempre su color.

Eternidad, ¿y si te regalo una pinza?

Hipólito García ‘Bolo’ está ligado al mundo de la música como mánager, letrista y colaborador en medios de comunicación. Suyos son los libros Ese montón de dudas llamado chatarra” (07), el compartido Trampolín Etcétera (10) y El sofá de los valientes (10) bolohgf@gmail.com / www.facebook.com/bolohgf?ref=ts

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