Opinión: Con la música a otra parte


Difícil, muy difícil está el negocio de la música y ya no sólo en el tema discográfico, que ya sabemos adolece falta de ideas por parte de las compañías en cuanto a regeneración y apuesta por los nuevos grupos. El problema mayor radica ahora en las salas, en los conciertos en directo y en una crisis, la económica que no hace más que convertir en una pescadilla que se muerde la cola todo este atractivo y a su vez dolorido mundo. Madrid ha visto como en unos años han ido desapareciendo salas, aquellas que realmente atendían a ese significado, equipadas y estructuradas para la música en directo, donde albergar a gente joven y no tanto con ganas de pasarlo bien y del mismo estilo. Público que se juntaba una noche de fin de semana para además de ver a su banda favorita poder compartir y tomarse unas copas antes y después de un buen bolo.


Eso ha ido quedando en la nada en favor de un negocio que ahora sí se ha convertido en eso mismo, donde el apoyo a la música es casi inexistente, donde las salas de conciertos en la capital (y en otras tantas ciudades) han ido extinguiéndose, cerrando o desapareciendo en el tiempo para dejar paso a aquellos lugares conocidos como discotecas y renombrados como salas para tristeza de músicos y de sus seguidores, que han visto como un lugar de encuentro y fiesta ha pasado a ser un local para ver, de manera muchas veces incómoda y con sonido poco apropiado, a sus bandas de siempre, todo bajo el trato desconsiderado de “gorilas” de discoteca, con horarios casi infantiles, que obligan a salir directos del trabajo, en medio de una tarde para poco después de las once de la noche ser “invitados” con esos modales tan característicos a abandonar el local y dejar paso al segundo negocio del día, el de la propia Disco.


Caja y más caja de empresarios sin ningún amor por la música, únicamente mirando por su negocio sin importar muchas veces las condiciones, el trato o los precios, esos que además de la entrada casi impiden a un joven poder tomarse algo gracias a precios abusivos que remarcan y dejan en evidencia en qué se ha convertido la noche musical que antaño era punto de encuentro. Todo ello, más leyes restrictivas como la de edad de entrada a los conciertos (incomprensible en muchos casos) han convertido la asistencia a un directo en algo completamente diferente a como lo entendíamos antaño, lo que ha conllevado a que la cultura musical de los jóvenes en cuanto a directo se haya visto mermada en favor de otras actividades. Quizás todo ese cúmulo de impedimentos y trabas a la música en vivo han llevado a que ésta se vea relegada a un segundo ámbito y que bandas que antes llevaban mucho público, tanto internacionales como lo más preocupante, nacionales, vean rebajado su aforo en giras complicadas de llevar a cabo y que a veces suponen más gasto que beneficio en unos tiempos que lamentablemente para todos, son críticos en cuanto a economía y aún peor, en cuanto a tradición y cultura musical, algo que defender siempre. Una pena.


Miguel Rivera. Periodista musical.
Comenzó escribiendo en Rock Hard, colaboró en 40 Principales Magazine, ha sido redactor de Musicam y responsable de promoción de Mastertrax. Actualmente es corresponsal de Metal Hammer, colaborador de UMO y director de los portales RockTotal.com y CineatraliA.com

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