Berri Txarrak: Tres formas de entender el rock

foto: galder izaguirre

foto: galder izaguirre

Da gusto saber que Berri Txarrak, una de las bandas más representativas y punteras del panorama rockero de la actualidad, sigue imponiendo su demoledora personalidad con cada paso discográfico que da. Es importante afrontar su carrera desde esta óptica porque sólo así se puede entender la atemporalidad de cada uno de sus trabajos, todos bien distintos entre sí. Desde su lejano tercer disco Eskuak / Ukabilak (01), la banda de Lekunberri no sólo ha ido ganando adeptos, es que han pasado a ser el espejo sobre las que las nuevas generaciones deben mirarse de manera obligada. Punta de lanza del rock alternativo contemporáneo, cada uno de sus discos posteriores son objeto de análisis y disfrute para el común de los mortales. Libre © (03), Jaio Musika Hil (05), Payola (09) y Haria (11) guardan la esencia del nuevo rock hecho en Euskal Herria y España en el nuevo siglo, así de claro.

1994 fue el año que les vio nacer discretamente, aunque no tardarían en convertirse en los herederos de Fermín Muguruza en el cetro del rock euskaldún, una vez éste se reconvirtió al reggae y el dancehall. Denbora da poligrafo bakarra (14), de reciente publicación, riza el rizo y para celebrar sus 20 largos años de trayectoria, nos ofrece una obra densa, dividida en tres actos, con un total de 20 canciones. Sólo los genios se pueden permitir manejar al oyente, introducirlo por sendas menos transitadas y obligarle a afinar bien el oído para interpretar todo lo que atesora su octavo disco de estudio. Se me viene a la cabeza Standstill, vanguardistas del post-hardcore y el indie, que con Adelante Bonaparte (10) callaron a muchos la boca.

Para el acto de apertura, Sutxakurrak, Berri Txarrak vuelven a contar con Ross Robinson (Korn, Sepultura, At the Drive-In, The Cure…) con quien ya trabajaran en Haria. ¿El resultado? Prácticamente el mismo, sus siete canciones representan el lado más continuista de los navarros, con un aire hard-rock-metalero que hace de temas como Zimelkor, Etsia, Ordaina o Lanbroan, el corte que abre el plástico, una buena colección de temas potentes, con grandes dosis de melodías intimistas.

Más intrigante es el segundo. Helduleku guztiak, producido por Ricky Falkner (Standstill, Lori Meyers, Iván Ferreiro), y en donde podemos descubrir otras siete composiciones con hits como Bigarren Itzala o Lemak, Aingurak, que nos muestran a unos Berri Txarrak desconocidos, que adentrados en sorprendentes terrenos indies, se esfuerzan en recordarnos la mejor de las lecciones. En esto de la música, lo único que importan son las canciones. Da igual cómo las vistas, los prejuicios deben quedar fuera si quieres que tus melodías lleguen a la gente. En esto, Berri se han licenciado con honores.

La esencia de toda la vida de Berri Txarrak hay que encontrarla en el hardcore y el punk, y aquí entra en juego el acto que cierra ”Denbora da poligrafo bakarra, Xake-Mate”. Trabajado junto a Bill Stevenson (ex batería de los míticos Black Flag, productor de NoFX o Rise Against) y su socio Jason Livemore, es la vertiente más macarra, y para cerrar tan magna obra, se agradece su pegada como si fuera un soplo de aire fresco. El último single que ve la luz, Zerbait Asmatuko Dugu, así lo atestigua. Como Hemen Sukaldarien Herrian, Hitzen Oinarri Ahula… si te descuidas, la ostia te la llevas directa en la boca.

Presente, quién sabe si futuro y pasado se dan de la mano en este disco (o triple EP, aquí se admite el término) sin repetir ni abusar de las fórmulas que han hecho de Berri Txarrak la banda número 1 del s. XXI (saltémonos por un momento a los grandes de nuestro país que gozaron del éxito en los 90). David (ex πLT), Galder (ex Dut, Kuraia) y Gorka, alma indiscutible de la formación, forman una máquina de perfecto engranaje. Escucharlo del tirón se convierte en un esfuerzo sólo para fans desde luego, pero paladearlo poco a poco permite encontrar por un lado una canción para cualquier estado de ánimo que tengamos y por otro, descubrir la compleja personalidad de esta gran banda que con cada trabajo, hace del euskera un idioma más universal.

 

Texto publicado en Rock Total el 15-12-14

Springsteen & Caruso: Sobrevivir a tus pecados

bruce springsteen outlaw pete frank caruso

Outlaw Pete
Bruce Springsteen & Frank Caruso
2014 Caelus Books / Ediciones Urano

8 minutos. 8 minutos se tarda en disfrutar de esta novela gráfica que tan deliciosamente nos trae Ediciones Urano. Lo que dura Outlaw Pete, la canción que abría Working On A Dream (Columbia Records, 09), el disco del cambio de Bruce Springsteen, y que sirve para guionizar los lápices de Frank Caruso que ilustran este comic-book.

Ante todo, me declaro fan confeso del maestro Springsteen. Te podrá gustar más o menos, pero lo que es innegable es que es único a la hora de poner banda sonora a los hechos más relevantes de la actualidad. The Rising representó el sentimiento de su nación tras el 11-S, del mismo modo que tanto Born to Run, The River como Born in the USA retrataron las dos caras del sueño americano. Working On A Dream por su parte fue el disco del cambio. Fue el sueño ante la posibilidad de un mundo mejor, tras los dos mandatos del apocalíptico George W. Bush (que Obama nos haya defraudado a todos es otra larga historia).

No sólo de grandes historias ha vivido el Boss. Donde más fino ha hilado el de New Jersey ha sido en las distancias cortas, hablando de protagonistas alejados de los titulares, como Las Uvas de la Ira de Steinbeck en The Ghost of the Tom Joad. En el epílogo de esta novela gráfica, el propio Bruce menciona su segundo disco, The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle, plagado de personajes coloridos y salvajes, los westerns y el cuento para dormir Brave Cowboy Bill como posibles referentes para este ‘Forajido Pete’, protagonista de la mencionada canción.

Hay una cosa que dice con acierto Bruce Springsteen sobre Outlaw Pete: “es la historia de un hombre que intenta sobrellevar y sobrevivir a sus pecados (…) Es imposible. A donde vamos, ellos van. Lo único que puedes hacer es a convivir con ellos”, y esa reflexión es la que hace de esta canción otro de sus grandes clásicos. No es necesario hacer una historia de vaqueros con una banda sonora de country-western. Ya huele. Los genios se caracterizan por hacer propios los iconos de los demás, y transmitirlos de manera renovada, a su manera. Una armónica metida a tiempo, la ampulosidad de una orquestación a lo Ennio Morricone… dos matices bastan para contextualizar lo realmente importante, el grito del protagonista, que se repite como un mantra: “I’m the Outlaw Pete. Can you hear me?” embriagándonos de amargura.

También soy aficionado al mundo del cómic. Por eso este trabajo me ha seducido. Frank Caruso es un dibujante que ha sabido revitalizar grandes clásicos como Popeye y Betty Boop, y ha sido aclamado por sus trabajos en Heart Transplant o SeeMore’s Playhouse. Es un artista que tiñe sus páginas con grandes dosis de humor y concreción combinando con maestría lo absurdo con lo realista. Él ha sido capaz de darle fuerza a este protagonista en pañales, que a los seis meses ya dio con sus huesos en la cárcel.

Según escribo, me vienen a la cabeza otras novelas como Bob Dylan Revisited (Norma, 11), Chico y Rita de Mariscal y Trueba (SinsEntido, 10) o La Historia del Blues de Siniestro Total (Under Cómic, 00), imprescindibles obras -como tantas otras muchas- para entender la influencia de la música en otras artes. Estas uniones ensalzan más aún la trayectoria de sus autores, y para nosotros como público, son de un regocijo espectacular. Yo por mi parte, volveré a invertir otros 8 minutos, o esta vez más, es una maravilla deleitarse en sus lápices.
Texto publicado en musicopolis el 17-12-2014

Usa protector solar

 

Esta es la famosa columna de Maria Schmidt, publicada el 1 de junio de 1997 en el Chicago Tribune, convertida en videoclip por el director de cine Bazz Luhrmann (el de Moulin Rouge). Su título fue “Advice, like youth, probably just wasted on the young” pero se popularizó como “Wear Sunscreen”, “Usa protector solar”. En ella se daban consejos sobre como aprovechar la vida y la juventud, y merece la pena.

 

 

Desakato, adictos a la adrenalina

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Cuando tienes los huevos canos de escuchar tantos discos e intentar escribir unas líneas interesantes al respecto, corres el riesgo de repetirte más que la cebolla, seamos sinceros. Pero coño, les pasa lo mismo a los grupos, y es que es complicado aportar algo diferente en esta sociedad sobreinformada. Por eso es bueno dejar tu imaginación en barbecho una buena temporada y sólo soltarte cuando aparezca algo que te remueva por dentro.

Y sí, Buen Viaje (El Garaje Producciones, 14), el nuevo disco de Desakato lo ha hecho. Porque mola ver que un grupo se mantiene fiel a sus directrices inicales, sin importarle inyectar los cambios que la madurez te aporta. Coincidí con ellos hará poco más de 5 años en un Derrame Rock, cuando ya eran una banda con gran proyección en Asturias pero aún tan jóvenes que no dejaban de ser una copia de sus mayores. Canciones como Nuestra oportunidad o Kien okupa bebían del hardcore-metal contemporáneo, de Boikot, S.A. y Hamlet entre otros, poniéndole criterio y ganas. No sólo el uso del idioma astuarianu o del instrumento tradicional por excelencia de su tierra, la gaita, le daban una personalidad que hacía verlos con buenos ojos, canciones como Libertad, Cada vez (el principio) o Frío de Xineru hacían de Desakato una inteligente formación capaz de componer baladas de muy alto nivel (sacar una lenta del rock patrio suele sonrojar al compararla con las de otros estilos) y muy comprometida emocionalmente (Los mineros). En esto llegó Inercia (12), su disco adulto, en el que se permitieron el lujo de esgrimir todo el músculo del que gozaba por entonces el sexteto. El resultado, un álbum muy maduro, con temazos como los singles Iceberg y Cuando salga el sol, en el que la banda se plantaba como un referente a nivel estatal.

Por eso el trabajo que acaban de publicar era una agradable incógnita, pues debía mantener el tipo, y vaya si lo ha conseguido, sobre todo a nivel musical. Porque si Inercia fue un disco de punk-rock en toda regla (con una fuerte base de metal), que si pecaba de algo era de ser quizás demasiado homogéneo, en Buen Viaje el álbum se transforma en un recorrido sonoro que les permite evolucionar a cotas donde pocos grupos del panorama nacional a veces llegan. ¿La clave? Me apuesto mis ya citados huevos canos a que han escuchado mogollón de música al margen de lo que aquí se cuece, y baste para ello ver la imagen que tienen actualmente (gran espejo del alma). Por eso te llevan del fuzz salvaje al punk melódico de Héroes, a la intensidad del ritmo pesado, casi stoner de Pánico en Frankfurt (adicto a la adrenalina se debería llamar). A la buena vibra de sus temas más asturianos, como La Tormenta, con la gaita subida al volumen 12, una canción super punk-rockera. Sin olvidarse del hardcore crudo de Trompetes de Xericó, o del rock de vieja escuela, el de Combustión, que arranca echándole un ojo al sonido clásico de La Fuga, pero que le añade una batería y un bajo incendiarios, y soltar así toda la mala ostia que le confiere a Desakato el hecho de contar con dos cantantes, una de sus mejores bazas de siempre.

El punk más clásico, coreable, aparece con colaboración de Fernando Reincidentes y Vikingo de Narco, y viene de la mano de La ira de los hambrientos, otro temazo del copón, que en este disco abundan. Y encarando el final del disco, justo después, otro medio tiempo, Batalla final, de los que no avergüenzan, que abre paso elegantemente a Cacería, muy en la línea de Combustión y los hambrientos, y La Noche (versión de los también asturianos Aprieta L’Kulo) y Ritual que cierran el compacto en la misma tónica, dejando un corte oculto al final, una canción acústica que habla con nostalgia de una casa de madera y de unos secretos perdidos con la infancia, y que pone una guinda espectacularmente bella al pastel.

Y da gusto cuando ves que las nuevas bandas (no tan nuevas en trayectoria evidentemente, sí en cuanto a repercusión porque aún les queda mucho por crecer) no se limitan a repetir patrones. Que crecen sin tapujos hacia lo que creen que su madurez compositiva les tiene que llevar, sin dejarse llevar por el público, que suele ser el peor de los dictadores. Les pediría que para el próximo hicieran las maletas y grabaran en América que la jugada a Berri Txarrak (Steve Albini y Ross Robinson) les ha salido de la ostia.

 

Lo dicho, Desakato molan, pero es que con este disco, mucho más.

Sôber: El despertar de los grandes

@javier bragado

@javier bragado

A falta de una renovación urgente en el rock de nuestro país, por lo menos da gusto ver que los grandes siguen reinventándose y con poquito demuestran que mantienen el tipo en estos tiempos duros que corren. Sôber, junto a Soziedad Alkoholika y Hamlet, han definido en estas últimas décadas los derroteros por donde debía discurrir el metal -o rock duro- en España y año tras año nos enseñan a valorar la suya como una apuesta segura.

 

En el caso de Sôber, son ya cuatro años desde que Jorge Escobedo, Carlos Escobedo y Antonio Bernardini (con Manu Reyes Jr. a las baquetas) decidieran limar asperezas del pasado y retomar el grupo. En este tiempo les ha dado a editar un grandes éxitos muy cuidado (De aquí a la eternidad, 10), su primer álbum inédito (Superbia, 11) desde que se reunieran con su correspondiente gira, un tour aniversario de su álbum más emblemático, el disco con el que empezaron todo (Morfología, 99) y ahora por último, su nueva entrega, Letargo (estrenan discográfica, Warner, 14), un trabajo que de primeras les sube un peldaño. Acaban de demostrar que no venían para hacer un par de galas y pasar por caja, sino que a los madrileños les quedaban aún muchas cosas por decir. Bien, porque hemos salido ganando.

 

Mola descubrir que en esta ocasión han variado las tornas de una dinámica curiosa que siempre les ha ocurrido -inconscientemente es de imaginar- y que les ha hecho ganar enteros. Si uno se para a analizar un poco el pasado discográfico de Sôber, y desprendiéndonos de su primer trabajo, donde el tanteo es evidente ya que aún no habían descubierto su sonido, vemos que siempre repitieron patrones. Synthesis (01) no dejó de ser una continuación conceptual de Morfología, y del mismo modo, lo que pasaba en Reddo (04), ya se había contado antes en Paradysso (02), es decir, los mejores discos del grupo, los más especiales, llegan cada dos trabajos. Pero vino el parón, y tras él Superbia. Entonces, lo que sucedió antes, en esta ocasión pasó de manera inédita. La creatividad del grupo invirtió sus papeles y ahora vemos que Superbia, un trabajo que se estancaba por momentos, ha pasado a ser una antesala de Letargo, un disco más maduro, más variado y con mucho más acierto en la producción.

 

La clave ronda por estas tres vertientes y a lo largo de sus 12 canciones (rompen el círculo de las 11 composiciones con que siempre firmaban sus discos) vemos un impulso dinamizador del que carecía su anterior. Si empezamos por la madurez, se desmarcan por primera vez con una obra conceptual. Todo el disco está hilado de principio a fin, y de hecho el final del mismo te remite ineludiblemente al principio como en un bucle. Durante el tiempo que dura el compacto hablan, como siempre en mil lecturas diferentes para que cada uno se la pueda llevar a su terreno, de un doble despertar. Por un lado individual -o como grupo de rock-, en el que como el oso de la portada, obra del propio Bernardini, tras un periodo de encierro en el que han aprovechado para descansar y dar nacimiento a este nuevo trabajo, despierta con los nuevos rayos del sol que anuncian la primavera. El afán de superación, de lucha con uno mismo, son claves para entender a estas alturas toda la discografía de Sôber. Pero por otro lado, colectivo, en el que se diferencian con un mensaje más marcado socialmente, aportando su pequeño grano de arena al momento vital que como nuestro país estamos soportando.

 

La producción mejora el conjunto. A diferencia de Superbia, que languidecía en la segunda parte debido a un trabajo excesivamente homogeneizador, Letargo presume de haber cuidado los detalles. En los arreglos, en los espacios…, en definitiva, en la capacidad de escucha y el poder sorprenderte con cada nueva vuelta que le des al disco. Hay momentos metaleros, otros más rockeros, incluso orquestados… y todos tienen su protagonismo. Y eso hace que las canciones crezcan. Al igual que hicieran en su anterior entrega, rebuscan en su propio pasado y lo hacen por ello fresco. Canciones como Blancanieves y Encadenado beben de los Sôber de la etapa de Gran Vía Musical (Muxxic), los años en donde su éxito fue mayor y se acercaron al mainstream. Actualmente es la base sonora de la formación madrileña y es en esos parámetros donde se van a mover, por lo que por ese lado nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, el camino está jalonado de acertados quiebros, como Insecto, que tiene unas claras influencias de Skizoo, la banda que los guitarristas Jorge Escobedo y Antonio Bernardini formaran en el ínterin del parón de Sôber; o Fugaz, que en cambio, recuerda a los primeros hits de la banda como Predicador, Loco o Cubos, y es un golpe de aire refrescante; Capricho por su parte, desprende en sus arreglos la mejor orquestación del metal sinfónico europeo; si me apuras en Mañana, el metal duro con el que caracterizan normalmente su sonido deja paso a un rock enérgico de grandes coros rollo U2 o Foo Fighters (sonando a Sôber, ojo); y sin olvidarnos de Morfina, un desmarque escondido casi al final, de muy poderoso punch.

 

Sôber a estas alturas poco van a sorprender, y es que con bandas tan expuestas y desde hace tanto tiempo, el factor sorpresa queda muy diluido. Pero gusta ver que trabajan a cada paso que dan y que de cuando en cuando, dejan discos especiales dentro de su extensa colección. Letargo es uno de ellos.

 

* os dejo una entrevista rápida que les hice y que contestó Antonio Bernardini, acompañado por un tímido Manu Reyes.

Cabezalí: Devoción por los detalles

@nahúm garcía

@nahúm garcía

Creo sinceramente que existen dos tipos de guitarristas -de los buenos quiero decir, y resumiendo mucho-. El primero entra en la categoría de los jugones, Alberto Marín (Hamlet), o los más jóvenes Jorge Salán y Nacho Mur. Son máquinas que recorren vertiginosamente el mástil, capaces de asombrar con los solos de guitarra más audaces y desconcertantes manteniendo el buen criterio en todo momento. El segundo tipo es igual de necesario, y se basa en un gusto exquisito por sacarle el máximo partido al sonido de su guitarra, un gusto más cercano a la óptica del productor, bien sea por las texturas, por los acordes, por el volumen… en definitiva, por elevar al infinito las posibilidades que te pueden dar las seis cuerdas. Dentro de este grupo, Manu Cabezalí (cerebro de Havalina) es uno de los máximos exponentes del panorama patrio y afortunadamente profeta en su tierra.

No es profeta porque el éxito le acose nada más salir de su lujosa mansión -que no es tal-, sino porque cuenta con el aplauso de los compañeros de su generación, que es más importante. Que coetáneos tan aclamados como Vetusta Morla, Julio de la Rosa, Depedro, The Cabriolets o Maika Makovski reconozcan tu labor y te hagan un disco-tributo versionando canciones tuyas, no es cuestión baladí. Que bandas prometedoras como Rufus T. Firefly, Álex Ferreira, Pasajero o His Majesty the King te escojan en sus labores de productor ya apunta la respuesta. Manu tiene atesorados en su cabeza (otra vez el cerebro) numerosos recursos, Manu vale lo que valen la conjunción de sus ideas y el conocimiento técnico para poder plasmarlas. Al frente de Havalina ya le hemos visto crecer en apenas cuatro años (2009-12) y ser capaz de dar forma junto a Javier Couceiro e Ignacio Celma, un sonido heredero de The Cure, Queens of the Stone Age, Kyuss, Black Rebel Motorcycle Club y Joy Division. Tal conjunción les ha puesto al frente del rock alternativo contemporáneo, esa pequeña franja en tierra de nadie, que lucha por sobrevivir dando lecciones soberbias de rock con empaque.

Sin embargo, la cultura musical de Manu bebe de otros manantiales, y muchos de ellos de hijos indirectos de Jeff Buckley. Es es lo que vemos en Pequeño Plateado (Origami Records, 13), su primer disco en solitario, que aunque pueda parecer lo contrario, es una obra mayor. Si hablamos antes de nada de Sufjan Stevens, José González o Mark Kozelek (ex Sun Kil Moon y Red House Painters), el lego recurrirá rápidamente a tachar esta nueva aventura de disco de la nueva ola indie, acústico o incluso folk. ¡Ahhh fuera, fuera! Desecha las comparaciones porque Cabezalí va varios pasos por delante. Ha compuesto por y para una guitarra española. Y se huele en los arpegios, en los acordes ensuciados con una mano que se arrastra cálidamente por los trastes. Ha pensado en una formación clásica. Sólo así se entienden los dos interludios que salpican las otras diez canciones, (La espera y La estancia). Sólo así se entiende que haya querido huir como de la peste del típico songwriter americano. Punto para él.

En esta ocasión se ha desnudado y se ha puesto frente al espejo. No es la primera vez que lo hace, y de hecho bajo una lectura conceptual, estas canciones bien podrían entrar dentro de la discografía de Havalina. Amor felino II, canción que abre el disco, recoge el guante de Compañía Felina (del disco H), y del mismo modo Pequeño y plateado lo hace de Música para peces (H). Por nombrar dos ejemplos. Me da la impresión de que Manu abandona el fuzz de su trabajo con el trío madrileño para que se oiga más alto su mensaje, con la misma parsimonia de siempre, su vieja letanía que se repite eternamente. Es un universo en el que los gatos y los peces son elementos fundamentales dentro de su cosmogonía particular. Representan el hogar, concebido como el lecho conyugal desde donde gravitan las relaciones y los conflictos de la vida, tanto el amor como el deseo sexual, del mismo modo que representa la soledad que sirve de refugio frente al mundo. En este punto Cabezalí siempre me ha parecido contradictorio y cuando le vea se lo preguntaré (sólo él puede cantarle una canción de cuna a una bestia asesina, Nana Para Un Gato Enfermo), porque todo él es melancolía (y ese disco rezuma así por todos sus poros), y sin embargo nunca dejas de atisbar un grito de vida, una llamada al amor. Son arrebatos sinceros de los que Pequeño Plateado está lleno.

Para dar vida a esta versión intimista suya, no ha necesitado de mucho más. Dicen que las buenas canciones con una guitarra o un piano deben bastar para relucir al máximo, y en este caso el adagio se cumple. Su inseparable Dany Richter (El Lado Izquierdo) ha controlado el proceso y Aurora Aroca (violonchelo de Boat Beam) ha volado por encima suavemente, dando la seriedad y gravedad que ciertas composiciones requerían, mientras que bajos, pianos, las percusiones y los sintes (escasos), han corrido de su cuenta. Quizás, el único pero, es que hay demasiadas cosas evidentes como la similitud a José González en algunas canciones, pero que no empañan el conjunto, magnífico. Hoy toca en el Teatro del Arte (San Cosme y San Damián 3, Lavapiés, Madrid), dentro de los ciclos SON de Estrella de Galicia y evidentemente es la mejor recomendación que os puedo hacer.

 

SCR: Sube el volumen al 12

@sergio lópez

@sergio lópez

Por fin se desveló el misterio. Tres jóvenes máquinas del rock madrileño se unieron puntualmente para dar a luz un monstruo de rock explosivo con aroma setentero y el pasado 15 de enero llenaron la sala Siroco para disfrutar entre amigos de su híbrida fusión de Led Zeppelin, Black Sabbath, Wolfmother y Jack White.

Con fuego corriendo por sus venas en vez de sangre y una sabiduría atesorada a lo largo de este medio siglo de buena música, Ekain Elorza, conocido hijo adoptivo de la capital como batería de Dinero y de los vascos Cobra, José Alberto Solís, bajista fajado a las órdenes del Gran Wyoming y sobre todo en Última Experiencia, y un desconocido y jovencísimo Eduardo Molina Goigoux, batería de Pepper & The Stringalings y productor de Sir Vladius Studios, se encerraron en un estudio de grabación a las órdenes de Juan de Dios Martín (Amaral, Deluxe) para parir el sonido del diablo. Rock ‘n’ roll de alto voltaje, super bestia y muy macarra.

Y mentras esperamos su próxima publicación, no quisimos perdernos la ocasión de disfrutar de la magia que destilan estos tres figuras, y comprobar por nosotros mismos si eran capaces de sacar algo bueno sobre el escenario de la mencionada reunión. Porque para los que no era una sorpresa este mega-grupo porque ya estábamos al corriente, no era tanto descubrir si las canciones eran buenas, sino cómo le zurraban encima de unas tablas. “Ruidistas deconstructivos que no pierden el tiempo dando rodeos y que por momentos suenan a un Led Zeppelin despegando con la caldera en brutal combustión”, así sentenciaba David Gallardo, mi gran amigo de MERCADEO POP, y yo me sumo a su descripción. El show fue adrenalina pura y las pocas dudas que había antes de empezar el concierto pronto quedaron disipadas.

La primera, que aunque el single Hipnosis que nos han revelado tire a Jack White por los cuatro costados (José es fanático de The Raconteurs y Edu flipa con The White Stripes, doy fe), el sonido del grupo pasa ineluctablemente por Wolfmother. La banda australiana comandada por Andrew Stockdale deslumbró en 2006 con su disco debut, y marcó una senda que actualizaba el rock setentero de Led Zeppelin y Black Sabbath al tiempo que encallecía la ineludible referencia a Jack White. Segundo, ¿cómo se las apañaría Edu a la guitarra y voz? Pues de puta madre, qué cojones, el chaval tiene un futuro prometedor haga lo que haga, con poco que se ponga. No es un portento de voz, pero tiene buen gusto y va afinado, para qué más. Y lo que es más importante, se lo cree. Por eso, y al estar en familia, dio un tanto igual que no se le escuchara del todo bien, que a veces la voz se le ahogara entre el sudor o que se le olvidara pegarse al micro, estaba disfrutando del show y falta mucho de eso hoy en día. El rock de hoy necesita menos formalismos y más corazón, estamos en una época en la que ya no vale el postureo. En el fondo, su fórmula es la que vale. Y finalmente, ¿iban a reventar los oídos como prometieron? Pues el tinitus nos lo llevamos alegremente a casa. Tocaron al 12, a todo rabo, y no petó el sonido por ningún lado, así que chapeau al técnico de sala. Si cuando las cosas funcionan, no hace falta inventar la rueda: Sota, Caballo y Rey (y así desvelaron la última incógnita, la del nombre, SCR).

La velada la completaron Kitai, encargados de abrir el recital, y que acabaron siendo el grato sorpresón de la noche. El cantante es un tío clavado a Ian Curtis (Joy Division) y pretende emular a Matthew Bellamy (Muse) sin ningún sonrojo. El bajista por su parte, le pega como el mismísimo Flea (Red Hot Chili Peppers) y tanto guitarra como batería completan una terna super joven y sobradamente preparada que bebe el indie-rock discotequero de las Islas Británicas o de ramalazos a lo Rage Against The Machine. No es coña, a falta de que pulan un poco su personalidad con el tiempo necesario, estamos ante un grupo revelación en toda regla, y a su paso ganador por el festival-concurso Wolfest lo demostraron. Para terminar la fiesta por todo lo alto, se cerró la noche con una jam session rockera con algunos invitados de lujo que asistieron al show, como Sean (Dinero) o Alvin (Rubén Pozo).

Mientras SCR publican su primer disco (algo me dice que a poco que haya buena química entre público y banda, no será el último), os dejo un set list rockero y añejo para que disfrutéis el día.

 

Flamencos con Picasso

Como clausura del ciclo Cine y Pintura, la Fundación Autor de la SGAE ha organizado el concierto Flamencos con Picasso, en el que Almaría y José Enrique Morente ( Kiki) interpretarán una selección de canciones del último disco Pablo de Málaga, de Enrique Morente, fallecido el 13 de diciembre de 2010 en Madrid. Será el próximo lunes, 1 de abril, a las 20:30 horas, en la Sala Berlanga (C/Andrés Mellado 53) de Madrid -precio, 3 euros-. Almaría y José Enrique Morente ( Kiki) estarán acompañados por Juan Carmona (guitarra), Jorge Fernández (batería), Iván Ruiz Machado (bajo eléctrico) y Juan José Carmona (percusión). Sigue leyendo

Niño y Pistola: “Buscábamos hacer una parábola con la situación actual y plantear el inicio de una revolución”

Tras ser llamados ‘la gran esperanza del pop gallego’ o ‘los gallegos de Liverpool, Niño y Pistola se reinventaron en 2010 acercándose a las raíces americanas. Su nuevo disco no es sino una continuación de un gran estado de forma

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