Havalina. Bienvenidos a un universo nuevo y onírico

havalina @ Iris Banegas

FOTO: IRIS BANEGAS

¡Dale al play, que empieza la lección!

 

Hay grupos con los que tienes que abrir los oídos al máximo y sumergirte con cada trabajo que sacan, porque brillan como un faro en la bruma en la que se pierden los demás grupos de su entorno. Havalina pertenece a esta tribu que obligan a seguir su estela porque son capaces de no quedarse en el mismo sitio sino evolucionar para crecer y cada paso que dan abrir nuevas puertas a universos paralelos.

 

Pongámonos un momento en antecedentes. Tras una fase inicial en la que coquetearon con el inglés con Junio (08) abrieron una puerta de transición al castellano que se concretó más adelante en una trilogía demoledora, con Imperfección (09), el magistral Las Hojas Secas (10) y el enérgico H (12), donde con una gran base de stoner, psicodelia pop y rock duro hablaban de relaciones personales, carnales y emocionales, y sobre todo de sus consecuencias. Islas de Cemento (15) dio carpetazo a esa dirección abriendo otra puerta que a día de hoy por lo que vemos en Muerdesombra (17) es más onírica y en la que cobra más fuerza que nunca el universo de Manuel Cabezalí, cantante, guitarrista, compositor y productor de Havalina, amén de su ideólogo y gurú de su generación.

 

Las Hojas Secas significó algo tan grande en la discografía de Havalina que va a ser muy difícil superarlo. El trío es consciente, y por eso no escatima en recursos a la hora de buscar nuevos espacios de creatividad: “La ruptura más grande ha venido al decir no quiero hacer rock, o quiero hacerlo pero no de la manera que veníamos haciendo, sin recurrir al uso del típico riff gordote , con caña… queríamos buscar una épica distinta, intentado que fuera muy intenso, pero de una manera diferente, estamos en otro punto. Para estas canciones, al componerlas intenté no coger la guitarra, sino una línea de bajo, una línea de teclado, un loop de batería y al final metía la guitarra por encima, por eso no hay acordes de guitarra , sino que va dibujando una melodía todo el rato que complementa la voz”, confiesa el cantante.

 

En este nuevo trabajo el maestro Cabezalí se adentra en el mundo de los sueños y dota a sus nuevas criaturas de unos sintetizadores envolventes, siderales y psicodélicos que te envuelven en su ya tradicional épica (Órbitas o Más velocidad), aunque siempre queda lugar a la vitalidad orgánica de sus guitarras (Malditos mamíferos, Alta tormenta I…): “Creo que en los movimientos artísticos hay una cosa que funciona como un péndulo, ahora está aquí y luego para allá. Hace 10 años, cuando yo tocaba con Russian Red, el péndulo estaba mucho en el folk, tocaba el ukelele, el carillón… en Hola a Todo el Mundo lo puedes ver a la perfección, el primer disco fue muy folk y luego el segundo con electrónica… la corriente está ahí, tú luego puedes ir a contracorriente, con la corriente o tu versión, pero de alguna manera estamos todos metidos en esto. Es posible que dentro de cinco años lo busque la gente sea el rock noventero, pero ahora estamos en una revisión de la década de los 80. Lo que pasa es que cada uno tiene una visión diferente de esa década. Mucho es más música de baile, Havalina es como Blade Runner, algo hiperoscuro”, nos comenta Manu al analizar su nuevo trabajo, en el que sale a relucir la gran influencia del cantante, The Cure, más puesta de relieve que nunca y que cuadra perfectamente con esta nueva intencionalidad creativa, sin la urgencia propia de los veintitantos años, y acorde a nuevos problemas existenciales en ese camino que llamamos madurez.

 

Havalina se hayan en la actualidad inmersos en una cruzada, que es la mía y la de muchos otros que aunque seamos minoritarios tenemos grandes cosas que decir. Defienden una libertad creativa total frente a injerencias externas, casi siempre autoimpuestas por los propios músicos en aras de seducir al público y colarse en los festivales del año para tener su momento de gloria. Crear desde otro lugar, creer en una música libre, en algo mucho más auténtico, aunque numéricamente sea inferior porque no siga los dictados de la masa. Por eso apuestan por una potente gira de salas en la que los festivales sean el premio puntual, labrándose un público fiel y un discurso propio frente a lo que imponga la mayoría. Una manera de seguir sembrando para que el futuro sea tan sobresaliente como el presente.

 

Que ni la bruma ni la oscuridad os impidan ver a aquellos que más brillan, por favor.

 

Rufus T. Firefly: “El amor, la naturaleza y el arte hay que defenderlos a muerte”

Rufus T. Firefly @Iris BanegasFOTO: IRIS BANEGAS

 

Acabas de leer a Walt Whitman y te sientes el rey del mundo. Solo, de pie frente a la vasta inmensidad de la naturaleza, extiendes los brazos y gritas hasta que te falla el aliento. No pides nada más, estás en comunión con el cosmos y desde hace mucho tiempo, en paz contigo mismo. Al igual que tú, Rufus T. Firefly se sienten igual de identificados con esa misma tradición poética y presentan en su nuevo disco Magnolia (Lago Naranja Records), un alegato en defensa de un mundo cada día más enfermo, un canto al amor y a la esperanza.

 

Víctor Cabezuelo es uno de los más brillantes tíos de su generación. Tras un aspecto desgarbado y huidizo y un carácter introvertido, se esconde una personalidad de trato afable y lo que más nos interesa, una mente poderosamente creativa que ya nos tiene a muchos enganchados gracias a trabajos como Ø -Conjunto vacío- (12) y Nueve (14) y sus colaboraciones en Mucho o Miss Caffeina entre otros. Y si él es un alumno aventajado de la gran escuela que Havalina y Manu Cabezalí han creado en su entorno, su compañera en la batería, Julia Martín Maestro, ha dado un paso de gigante tanto en las baquetas como en la ilustración y el diseño del álbum, haciendo de este una verdadera delicia para los sentidos (se ve, se escucha, se toca, se huele…).

 

Para quien aún no los tenga ubicados, Rufus T. Firefly pueden presumir de ser una de las más personales adaptaciones de Radiohead que hay en nuestro país, sin olvidarnos de sus constantes miradas a Kurt Cobain o Billy Corgan (Smashing Pumpkins). Sin embargo, con Magnolia abren el espectro en la misma dirección que Tame Impala y aunque siguen adorando a Thom Jorke y los noventa, se lanzan en la estela setentera de George Harrison, Syd Barret o John Bonham desde una óptica muy actual. Pura psicodelia, dream pop, pop sideral o lisérgico, llámalo como quieras, pero el disco de los Rufus es una belleza en defensa de las pocas cosas que aún tienen importancia en esta vida. “Hay que dejar de quejarse de lo mal que va todo. El amor, la naturaleza y el arte hay que defenderlos a muerte y esa es otra forma de pelear. Aunque parezca un discurso muy básico, es que lo estamos descuidando realmente”, explica Víctor sobre el mantra que se repite a lo largo de las canciones de este disco, y que empieza en las relaciones cercanas, protagonistas en última instancia de los textos.

 

Una magnolia significa nobleza de espíritu y pureza, y también amor por la naturaleza. Si los Rufus querían acercarse a ese concepto tan puro, lo han conseguido. La calidez con la que afrontan Magnolia, el groove de la pegada de Julia en la batería, las deliciosas líneas de bajo de Miguel de Lucas (ex Sunday Drivers y Mucho), la manera en la que encapsulan la belleza etérea de Víctor los sintetizadores y teclados de Martí Perarnau IV (Mucho) y Rodrigo Cominero (Sonograma), dan a luz una maravilla sensorial completa bajo la batuta como siempre de su gran valedor, Manu Cabezalí ¿El resultado? Uno de los mejores discos de este año que empieza sin lugar a dudas.

 

Playa Cuberris. La última banda de rock n roll

playa cuberris

 

 

 

 

 

 

 

Estos chavales lo parten. Punto. Fin de la cita. Realmente no se debería tardar mucho más en escribir y explicar si una banda merece una escucha serena y detenida, o si por el contrario, todavía no ha llegado su momento. Pues bien, Playa Cuberris se acaban de ganar ese derecho con la publicación de su segundo trabajo, Entrar a matar (Entrebotones 2017), un disco en el que la manida declaración de intenciones cobra más sentido que nunca.

 

Pongámonos en antecedentes. Los rockeros somos una tribu, rara y no especialmente mayoritaria, pero consecuente y pasional. Y aunque sintamos devoción por los clásicos, necesitamos creer que las nuevas generaciones nos salvarán una vez más de tanta mediocridad musical. No pedimos mucho realmente: Un sonido poderoso, conocer tu instrumento, un buen saber hacer, una actitud coherente y desafiante, por qué no decirlo, y ser capaz de emocionar a tu público.

 

Aquí es donde entra Playa Cuberris, una banda emergente a la que le ha llegado su hora. Con un discurso heredero de los Tequila (70s), Radio Futura (80s), Platero y Tú (90s) o M-Clan (00s), junto con las vivencias de su generación actual, con una devoción claramente manifiesta por los iconos del grunge, Pearl Jam y un buen gusto a la hora de hacer grandes medios tiempos, canciones emocionantes y con empaque, ganan muchos puntos con el cambio de dirección realizado desde su debut, “Bienvenidos a Ningún Lugar” (2013).Aquel año, la formación madrileña produjo junto a su paisano Juan Blas, cantante de Nothink, un trabajo noventero, con aires frescos y desenfadada actitud.

Apenas tres años después “Entrar a matar” les conduce con sobriedad a un lugar donde las ideas claras suelen llevarte al éxito. “El rey de la ciudad”, “Furia nuclear”, “Huracán”, “Grifo y gas” o “Blues de nevera” son la espina dorsal de un sonido evidentemente americano, que en ningún momento cae en la petulancia de lo que conocemos como ‘americana’ sino que encuentra su acomodo en la traducción natural que solemos hacer de ese lenguaje en nuestro país.

 

Muchos asociaréis(-emos) el timbre de voz de Pedro Girón con Carlos Tarque, y bienvenidas sean las comparaciones con el mejor cantante de soul-rock de nuestro país, pero para qué hacer pública nuestra ignorancia, que tampoco nos lleva a buen puerto, no nos quedemos ahí. Tarque es The Faces, es puro Rod Stewart. Si queréis ubicar a Girón acertaréis si lo situáis un poquito más cerca de Eddie Vedder.

 

Más allá, los matices que nos ofrecen en este disco nos atisban la posibilidad de estar ante un grupo con bastantes y buenos recursos sonoros, bien sea por el guiño al indie-rock festivalero de “Luces de Neón”, el sonido actualizado, puro 2000 de “Viejo amigo”, donde es más patente la influencia de su productor Eduardo Molina (SCR, Tomaccos, Idealipsticks), devoto seguidor de la religión de Jack White, bien sea por el corazón fronterizo de “María Isabel” o los fraseos cercanos al funk de “Viernes verdes”. Incluso por las baladas “Locos de atar” y “Quizá”, que nos constatan que es en los tempos más tranquilos donde se aprecia mucho mejor el sonido Pearl Jam.

 

Aquí es donde entra Playa Cuberris, una banda emergente a la que le ha llegado su hora. Con un discurso heredero de los Tequila (70s), Radio Futura (80s), Platero y Tú (90s) o M-Clan (00s), junto con las vivencias de su generación actual, con una devoción claramente manifiesta por los iconos del grunge, Pearl Jam y un buen gusto a la hora de hacer grandes medios tiempos, canciones emocionantes y con empaque, ganan muchos puntos con el cambio de dirección realizado desde su debut, “Bienvenidos a Ningún Lugar” (2013). Aquel año, la formación madrileña produjo junto a su paisano Juan Blas, cantante de Nothink, un trabajo noventero, con aires frescos y desenfadada actitud.

Apenas tres años después “Entrar a matar” les conduce con sobriedad a un lugar donde las ideas claras suelen llevarte al éxito. “El rey de la ciudad”, “Furia nuclear”, “Huracán”, “Grifo y gas” o “Blues de nevera” son la espina dorsal de un sonido evidentemente americano, que en ningún momento cae en la petulancia de lo que conocemos como ‘americana’ sino que encuentra su acomodo en la traducción natural que solemos hacer de ese lenguaje en nuestro país.

Muchos asociaréis(-emos) el timbre de voz de Pedro Girón con Carlos Tarque, y bienvenidas sean las comparaciones con el mejor cantante de soul-rock de nuestro país, pero para qué hacer pública nuestra ignorancia, que tampoco nos lleva a buen puerto, no nos quedemos ahí. Tarque es The Faces, es puro Rod Stewart. Si queréis ubicar a Girón acertaréis si lo situáis un poquito más cerca de Eddie Vedder.

 

Más allá, los matices que nos ofrecen en este disco nos atisban la posibilidad de estar ante un grupo con bastantes y buenos recursos sonoros, bien sea por el guiño al indie-rock festivalero de “Luces de Neón”, el sonido actualizado, puro 2000 de “Viejo amigo”, donde es más patente la influencia de su productor Eduardo Molina (SCR, Tomaccos, Idealipsticks), devoto seguidor de la religión de Jack White, bien sea por el corazón fronterizo de “María Isabel” o los fraseos cercanos al funk de “Viernes verdes”. Incluso por las baladas “Locos de atar” y “Quizá”, que nos constatan que es en los tempos más tranquilos donde se aprecia mucho mejor el sonido Pearl Jam.

 

Triángulo de Amor Bizarro se imponen en los II Premios Ruido de la PAM. Siguen los mismos retos pendientes

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Anoche se celebró en la emblemática sala El Sol de Madrid la II Edición de los Premios Ruido organizados por la PAM (Periodistas Asociados de Música), una Asociación de no mucho tiempo y arraigo, que plantea dignificar una profesión con muy mala prensa valga el juego de palabras.

 

Los ganadores del 2016 han sido unos Triángulo de Amor Bizarro (TAB) que parecen estar siempre en estado de gracia, pues con su último trabajo “Salve Discordia(Mushroom Pillow), aparte de alzarse con el Premio Ruido, han arrasado en las listas de éxitos de parte de la prensa especializada. Mejor disco del 2016 para Mondosonoro, Muzikalia e Hipersónica; Rockdelux, Efe Eme, El País y jenesaispop también les han votado en lo más alto de las tablas anuales.

 

No es la primera vez que les pasa, pues ya con su debut causaron muy buena sensación allá por 2007 y volverían a hacerlo con Año Santo ganando cuatro premios UFI en 2011. Buenos merecedores pues, ya no sólo por su actitud, criterio y coherencia musical a la hora de fusionar influencias que van desde el punk al noise y el shoegaze, sino por ayudarnos a recordar que no sólo Madrid es epicentro musical en nuestro país, que hay escenas tan vibrantes como la gallega (ellos son de Coruña), cuna de la Galicia Caníbal, Movida viguesa, Rock Bravú, Nu-metalera y ahora rayando a gran altura al aportar nombres al escenario independiente.

Los finalistas de la velada presentada por el periodista Arturo Paniagua, que intentó ponerle humor a una audiencia difícil más pendiente del charloteo de rigor, fueron “Adieu or die”, de Aries; “Hamen”, de Belako; “El pasajero”, de Depedro; “Fruta y verdura”, de Espanto; “Leave Me Alone”, de Hinds; “Casa”, de Iván Ferreiro; “Movimientos”, de Juventud Juché; “Algo real”, de Kokoshca; “2”, de León Benavente; “El poeta Halley”, de Love of Lesbian; “Jo competeixo”, de Manel; “Campeones del mundo”, de Novedades Carminha; “Me matas si me necesitas”, de Quique González; “Domus”, de Silvia Pérez Cruz, y “Salve discordia”, de los finalmente ganadores TAB.

 

 

EL RETO SIGUE SIENDO EL MISMO.

En los mismos términos que ya planteara yo mismo aquí, los retos de la prensa musical siguen siendo muy parecidos a los del año pasado. O el concepto de una prensa musical unida crece estilísticamente hacia fuera o se hunde hacia dentro, difícilmente estas cosas encuentran un equilibrio a lo largo del tiempo manteniéndose tal cual.

 

Ya no es que entremos en el debate de si premiamos nuestros gustos o el contexto musical de una obra, de si damos el premio a una larga trayectoria de un artista que quizás ya no lo necesita o a un emergente al que hay que apoyar, de si premiamos obras vanguardistas y transgresoras o discos que lo hayan clavao… Independientemente de tales cuestiones, me parece que es algo pobre y dice poco y mal de nosotros que las referencias musicales que tengamos sean tan parecidas entre nosotros y tan concretas. Parece que siempre se tienen que premiar los kilos de reverb, melodías veraniegas y reminiscencias surf como las de TAB, Hinds o los buenrrollistas Novedades Carminha; el alto minutaje que encontramos en los trabajos de Love of Lesbian, Manel o Iván Ferreiro; el ruidismo que intensifica las composiciones de León Benavente, Juventud Juché, e incluso Belako; o el punto naif de Aire o Espanto… que todos coincidamos en lo mismo, aunque sea por probabilidades, no nos deja en muy buen lugar. O leemos la misma prensa de referencia y escuchamos los mismos discos, o somos muy pocos. Pasó igual el año pasado, con un disco como el de El Niño de Elche, que siendo tan vanguardista y arriesgado, suscitara tanto consenso. Extraña.

 

Dar pátina de amplia representatividad y consenso generalizado a corrientes muy dignas pero que no son las propias, sino las de dos o tres prescriptores arriba nombrados, conduce al hastío y al abandono, pues no creo en que nadie de los integrantes de la Asociación tenga vocación de ser palmero de nadie.

 

El año que viene prometo hablar de otro gran fallo, la escasa visibilidad de la prensa femenina, con la cantidad de nombres que tenemos, Virginia Díaz, Arancha Moreno, Anabel Vélez, Elena Cabrera… Independientemente del gusto de cada cual, son referentes que están ahí y su voz demanda su espacio.

 

Está bien la filosofía y apoyo el que siga así, pasitos cortos pero seguros, pero creo también que es conveniente pretender aspirar para este 2017 en asumir retos mayores, que son los únicos que nos llevarán a buen puerto.

 

foto: Premio Ruido (PAM). Rodrigo Mena, @rodrigomenaruiz

https://www.facebook.com/PeriodistasAsociadosMusicales/

 

La madurez creativa lleva a Dinero a un nuevo sonido épico

 

dinero-2017-juan-perez-fajardo-2FOTO: JUAN PÉREZ-FAJARDO

Autenticidad. Es la única receta útil ante el sobre-exceso de información de la música hoy en día. Decenas de bandas saltan a unos medios tan especializados como atomizados y con la misma celeridad pasan a un segundo plano ante la siguiente novedad. Entre medias, nos quedan los grandes. Tipos que garantizan que tus ilusiones, pasiones y sueños no están mal depositadas, que te lo van a hacer pasar siempre bien. Dinero son una de estas bandas en la que sabes puedes confiar, todo al rojo. Que cada trabajo te va a dar tonelajes de rock de alta dimensión, que con cada disco van a muerte.

 

Dinero está formada por Sean Marholm (cantante) y Ekain Elorza (batería), dos grandes espadas del nuevo rock. Mientras el segundo es una máquina sólida y poderosa de infalible e intensa pegada, el primero es tan vorazmente creativo como impredecible. Juntos son enérgicos, mágicos, eléctricos. Juntos forman una de las duplas más interesantes en la actualidad, y consiguen brillar tanto en sus canciones como en sus directos, la gran baza del grupo afincado en Madrid. Tras la salida de Rubi Giménez (bajista original) y la transición de Ove (bajista de Inlogic), Juan Sánchez y Alain Martínez seguirán consolidando la puesta en escena en formato cuarteto como ya vimos este año en el final de la gira ‘DNR’, a falta de presentación oficial.

 

‘Cero’ (Warner, 2017), el disco que les devuelve a las noticias, vuelve a rayar a un nivel altísimo en dos direcciones además. Por un lado porque supone un reseteo oficial a la primera etapa del grupo (el corte que abre el disco ‘Cero’ sirve como toda una declaración de intenciones). Dinero cierran la puerta de los primeros años, de los duros y gloriosos momentos, y abren otra hacia una madurez creativa y expositiva que merece la pena atender. Es en este sentido donde la segunda dirección adquiere protagonismo. ‘Bajo Cero’ (la canción, el disco, el diseño de portada) nos ofrece una banda de mil caras, de exquisitos matices que hasta la fecha no habíamos visto. Junto al omnipresente Charlie Bautista (Egon Soda, Sunday Drivers, Tulsa, Rosenvinge), maestro de su generación, no se han contenido en absoluto y han parido un disco donde los detalles muestran multitud de capas que dan sentido a la exploración y la búsqueda de nuevos discursos.

 

 

 

 

Primeras fechas de la gira de presentación de <CERO>

10 de febrero CORDOBA Sala Hangar – Entradas próximamente a la venta.

3 de marzo MURCIA Sala Rem – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-re…/

4 de marzo VALENCIA Sala La3 – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-3-…/

17 de marzo ALICANTE Sala Stereo – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-st…/

18 de marzo ALBACETE Sala Caribou – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-ca…/

31 de marzo BILBAO Sala Stage Live – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-sala-st…/

21 de abril MADRID Sala Joy Eslava – Entradas ya a la venta: https://www.ticketea.com/entradas-concierto-dinero-en-esce…/

Más fechas proximamente…

Estirpe: ¿Puede una canción salvarte la vida? (I)

Estirpe 2016 @ daniel degayon

¿Puede una canción salvarte la vida? ¿y un disco? ¿puede salvarte la vida un sueño? ¿Ser la música la tabla de salvación a la que asirte en la hora más negra? Si respondes afirmativamente a todas y cada una de estas preguntas bienvenido al club de los imposibles, lo nuestro es el rock ‘n’ roll.

Esta es la única manera de entender la alegría que muchos sentimos por esta nueva referencia que tenemos entre manos. Este el disco que ha salvado a los cordobeses Estirpe del ostracismo y la separación. Un disco que reclama con valentía el sitio actual de la banda, es directo y grabado en directo, que suelta toda la rabia acumulada y la esperanza depositada en el presente tras la superación de un cáncer por parte de su vocalista e ideólogo MART.

Por eso hay que entender Jam Fuzzion Klan (Maldito Records/Tricornio Producciones) como una nueva toma de contacto, una primera pulsión tras el largo parón y demostrarse a sí mismos y a sus seguidores el buen estado de la formación en este año de su regreso.

No hay que negar que a Estirpe le ha perseguido un pequeño malditismo cuando todos creíamos que iba a despegar. Le pasó al facturar Inventarse el Mundo (05) con el que dio carpetazo de manera inteligente al new-metal, cuando la subsidiaria de la multinacional que les había fichado, cerró de manera abrupta dejándoles en la calle, y les volvió a pasar con Neurosis (13); esta vez siendo el cáncer el que truncó la progresión del que para muchos es su mejor disco hasta la fecha, y que les había llevado a lugares tan mágicos como México y emblemáticos como el Whiskey a Go Go angelino.

Otros hubieran tirado la toalla, pero MART y su inestimable guitarrista Loren no son de los que se rinden y quisieron retomarlo en el punto donde lo habían dejado. Su disco más orgánico y natural (el citado Neurosis) ha dado paso a un experimento con aires latinos, con mucha percusión y una potente sección de metales que introduce a esta banda de metal y rock alternativo en senderos poco transitados desde su lugar en nuestro país. Lo que nació como un mero regalo audiovisual para su seguidores, se ha convertido en este capricho que se han permitido el lujo de dar en estos tiempos que corren. Un vinilo grabado en directo en edición limitada y un show en el estudio grabado en directo, destinado para las redes sociales.

Para cerrar el círculo, vuelven a coincidir con parte del equipo humano que mejor les entendió allá por Inventarse el Mundo. Eso sólo puede augurar buenas nuevas. Este trabajo debe ser el plinton con el que encarar un nuevo trabajo para la primera mitad del 2017, pues queremos escuchar nuevas canciones ya. También debe servir para cerrar como mandan los cánones la gira de Neurasia, como si el maldito cáncer nunca se hubiera cruzado en su camino.

Así que hete aquí Jam Fuzzion Klan, una mezcla de (bien, lo has adivinado), jazz y fuzz. Porque a la versatilidad de un jazz muy sui-géneris, se le une un sonido potente, gordo, con grano, emblema de lo que siempre ha sido Estirpe. Arranca con la intro de Neurasia R136A1, seguida de En tus ojos, en un tributo mucho más radical, pero deudor del multiinstrumentista Adrián Terrazas quien colaborara en aquel trabajo (suenan tambores de la reunión de The Mars Volta y os volvéis todos locos pero si sus miembros colaboran con gente de aquí estáis ciegos y sordos, que nos conocemos).

Después, veremos una apuesta por canciones no tan representativas de su carrera, pero que adquieren un color mucho más interesante dándole una mayor sensación de novedad al trabajo. No se echan de menos América, Vértigo, Te seguiré, Otro mundo, Como ayer o Infinito, por ejemplo.

Así, nos encontramos una poderosa Contigo, que se acerca al free-jazz, muy latin y percutiva, que demuestra que el gusto vocal de MART sigue intacto; es el mismo patrón que encontramos en la reivindicativa No somos 100, imprescindible con la que está cayendo ahí fuera, o nos rebelamos o nos condenaremos, eso está claro. También está Magnético, con un final mega-funk, que si olía a O’Funk’illo en el estudio gracias a la participación de Pepe Bao, ahora prima más la guitarra RATM de Loren y unos ecos de Sugarless.

Lo mejor, el contraste con los cortes más delicados. Estirpe se ha quitado en esta ocasión el corsé en el que se suele meter para controlar (quizás en exceso creo) las canciones y en esta ocasión se ha dejado fluir mucho más, con mejor resultado, y prueba de ello es la intimista En silencio, que afortunadamente guarda en todo momento su esencia a pesar de tanta instrumentación disponible.

El groove funketa de Encender otro ángel y El último pétalo, otro baladón con un saxo enternecedor son dos recuerdos del disco Buenos días voluntad, mientras que la trompeta casi mestiza de El color de mi voz y una Un esfuerzo más tiradísima al reggae de Inventarse el mundo, son los únicos recuerdos al pasado de su discografía. Para terminar nos quedamos con el buen gusto de la épica de Ser mejor, toda una declaración de principios para un final de disco y un nuevo comienzo en su dilatada pero renovada biografía.

 

FOTO: Daniel Degayón

DESAKATO. El asalto y el fuego. Su aportación personal a La hoguera de la revolución

DESAKATOThe last band thats matters! Qué bien traída está esta frase que los fans de los Clash habrán reconocido para hablar de Desakato, la formación asturiana que con cinco discos en el mercado se ha ganado el derecho a ser escuchada con cada nuevo trabajo y seguida a cada movimiento.

 

Para quien haya cometido el pecado capital de no prestarles atención hasta la fecha, perdonaremos su desidia explicando brevemente que este quinteto pertenece a la última generación de punk rock estatal que guarda en su haber la difícil hazaña el lograr definir un discurso tan propio que les hace ser reconocidos en una escena muy sobresaturada. No sólo añaden elementos comunes al hardcore, al metal y pizcas de folk asturiano, sino que su apertura de miras hacia el rock instrumental, el stoner o incluso el indie, es su gran baza para subir hacia la gloria y el respeto, teniendo para ello un buen puñado de grandes canciones. Su anterior disco, Buen viaje, resultó una verdadera obra maestra y si queréis indagar en ella, aquí tenéis toda la información al respecto.

 

Son los propios músicos los que nos ponen en situación: “En los tres primeros cambiamos mucho de sonido, experimentábamos, sabíamos lo que queríamos pero no dábamos con ello”, tercia Gabriel, “en Buen viaje dejamos los experimentos e hicimos un sonido muy bestia”, y paradójicamente su trabajo más maduro hasta que llegó este nuevo. La Teoría del Fuego es su continuación natural, es su quinto disco y como los demás ha sido autoproducido y autoeditado y se regala en su página web. Con la baja de su gaiteiro, el sonido se antoja más bruto, sin dejar de ser continuista, sinónimo de haber encontrado por fin un discurso propio. Todo parte de la canción de La hoguera, “de la necesidad de la caída del sistema o de la civilización actual, por un lado del constatar el fracaso al que está abocado y por otro de la regeneración del sistema. Que se destruya para que vuelva al origen y de ahí la vuelta a la edad de piedra o edad del fuego. El arte del disco con un visitante que llega a una Tierra devastada después, da forma a ese concepto”.

 

La destrucción total mediante el fuego para su posterior regeneración es un mito que habita entre nosotros desde el principio de los tiempos, desde el renacimiento del Fénix a la cultura cristiana, y para los revolucionarios la piedra sobre la que reincidimos desde hace ya tanto tiempo, ya sea en la Revolución Francesa, en las Comunas de París de 1871, el mayo del 68 o en el Madrid del 15-M. “El único camino es el fuego”, explica Pablo, una de las almas de esta banda de Llanera. “Y si en anteriores ocasiones no se ha logrado cambiar las cosas, es porque no se llega a destruir todo. El 15-M fue un movimiento social muy importante, pero no llegó a materializar lo que yo como parte integrante intentaba buscar, el cambio radical y la destrucción del sistema capitalista, que no funciona a nivel económico, aunque los poderes son tan grandes que es muy complicado tirar todo ese muro. Pero sinceramente creo que hay que ir mucho más allá”.

 

Esta historia es la aportación personal de Desakato a la hoguera de la revolución.

 

CAPITULO I. EL ASALTO.

La primera parte del disco gira en torno al asalto. “Como un mantra”, según explican, se repiten consignas sobre muros y edificios que derribar, estandartes de guerra, lluvia de balas, columnas de humo… metáforas en una teoría de choque y de conflicto. El disco se abre con Tiempo de cobardes y una frase que es digna heredera del himno de los Stranglers: -Todos mis héroes están muertos-. Hoy en día surgen héroes que en realidad son falsos profetas, se aprovechan de la corriente y están ahí”, explican, y continúa con Animales Hambrientos que les asemeja a una jauría sedienta con ganas de plantarle cara a su depredador. Esta termina con el poema sobre los fuegos que Eduardo Galeano escribió El libro de los abrazos. Se agradece en estos tiempos en los que el rock ha perdido el paso en su tradicional vinculación al mundo de la literatura, y que esa intelectualidad venga de la parte más indie, como por ejemplo en el caso de su paisano Nacho Vegas con ‘Michi’ Panero. “Nacho es un referente absoluto para nosotros. Sabe conjugar poesía con lucha social y la música más independiente. Nos gustó siempre Galeano y había mucha relación entre el poema y la canción así que quisimos hacerle un homenaje”.

 

Sorprende que un cantautor alternativo como Nacho Vegas sea una referencia para esta banda de rock duro, pero escarbar en el tema permite descifrar una de las grandes virtudes de Desakato, y es su falta de complejos a la hora de escribir canciones como Tu Avalancha que estilísticamente se salen de los patrones clásicos del punk-rock tirando de la épica indie al más puro estilo por ejemplo del John Boy de Love of Lesbian. Vuelve a notarse la mano de Pablo: “Sigo mucho a Love of Lesbian y Vetusta Morla, me parece que hacen cosas de mucha calidad. Berri Txarrak en ese sentido es nuestra gran influencia porque sabe conjugar y su apertura de miras nos ha servido para hacer lo propio. Oí una vez a su cantante Gorka que para componer hay que escuchar muchísima música y yo estoy completamente de acuerdo con eso, aunque haya otros como Robe Iniesta que dicen que es al revés, que su universo interno le permite crear su música desde dentro y no necesita empaparse del exterior”. Yo me posiciono del lado de Pablo y Gorka y si alguien cree que no es así, que escuche el último disco de BTX Denbora Da Poligrafo Bakarra; los riffs de Bigarren Itzala y Polígrafo Bakarra, producidos por Ricky Falkner (Iván Ferreiro, Standstill, Quique González), son un claro homenaje a El Universo, canción del disco La pareja tóxica de Zahara del mismo productor. Magistral adaptación.

 

Antes de Tu avalancha encontraremos Estigma y Heridas Abiertas, que comparten desde la lejanía una visión singular sobre las relaciones humanas, también en conflicto, que hablan de superar aquellas situaciones enquistadas que no conducen a buen puerto y dejan huellas dolorosas en nosotros mismos y en las personas que tenemos al lado: “Ocurre cuando algo en lo que crees no funciona. Los daños colaterales hay que asumirlos, hay que tomar decisiones en la vida y cambiar asumiendo las consecuencias. Si te fijas, muchas canciones reflejan esa necesidad de cambio, de volver a nacer”.

desakato-rel

CAPITULO II. EL FUEGO.

La intensidad pop con la que termina Tu avalancha no sólo sirve como punto de fuga con el que disfrutar los diferentes platos que Desakato cocina con la maestría de una cocinero. Sirve también para dar comienzo a la segunda parte del disco, definida por las frases que arrancan Columnas de humo: -Decidimos volver a empezar otra vez… Las columnas de humo resisten tras la tempestad. Continúa el asedio-.

 

Es duro luchar contra muros que no se derriban, con un sistema que ni mostrando su peor cara ha sido capaz de permitir fisuras por donde colarnos. Tras el humo sigue incólume frente a nosotros. Nuestro leitmotiv Derrota tras derrota hasta la Victoria final nos hace hermanos en la lucha con Desakato y las canciones Barcos en llamas y Pasajeros nos dan el aliento para continuar. -Atravesar el horizonte disfrutando del placer de fracasar para correr como animales y hacernos inmortales con un pacto de sangre-. En el fondo no hay que darle más vueltas, estaremos en esto porque el rock es nuestra vida, y así será hasta el final. “Estamos en un momento muy bueno. En el mejor por público, fechas, y nivel personal… creemos en la autogestión y ponemos el disco en descarga libre y hay más repercusión, nos siguen más en redes sociales. En los festivales te ponen a mejor hora, te llaman más. Pero no buscamos el pelotazo, siempre quisimos llegar a esto, disfrutar de esto hace que todo valga la pena”. Respecto a descargarlo de su página web de manera gratuita: “Respetamos a quien no sube sus discos, nos apetecía y nos parecía poco honesto no subirlo ahora después de hacerlo con los anteriores, aunque no quiere decir que siempre estemos obligados a ello. Al 4º día cualquiera te lo sube en un torrent a una calidad de mierda, así que preferimos hacerlo bien comprimido. Es otro elemento de promoción más, nosotros vivimos de los conciertos, y ganamos muchísimo más de las camisetas por ejemplo”.

 

Estepa, la introducción de Buen Viaje ya había sido un homenaje a Toundra, nuestra gran banda de post-rock y rock instrumental, y ahora Volcán ejerce de apertura a La Hoguera, la canción con la que nació el concepto de este disco y el espíritu que queda tras toda esta pesadumbre, el objetivo final de la lucha: -Recuperar la sensatez, libres de sufrimiento, lograremos vencer-. El equilibrio entre las voces melódica de Pablo y gutural de Pepo funcionan después de tanto tiempo a la perfección. “Tener dos cantantes te da mucho juego, y sale muy fluido el cómo combinarlos. No te planteas cómo hacer esa canción así o tal. Nuestro método de trabajo es tocar y llegar al abismo, llegar a este riff y pensar qué le sigue. Siempre hay alguien que dice metamos esto, todos trabajamos en ello, como Nano el batería, que no sabe de guitarra pero viene con la melodía en la cabeza y la sacamos de hablarlo entre todos. Buscamos la propia inercia de la canción”.

 

A modo de epílogo queda Fueu y Solombres, su tradicional apuesta por el asturianu que habla de las “luces y sombras, lo fácil y lo difícil, nuestra necesidad de romper barreras, aunque luego te lluevan palos porque la gente no lo entiende. Con nuestro disco Miseria, Sangre y plomo (10) conseguimos llegar al público pero nos aburriría repetirnos y no es que seamos los mayores investigadores, pero un cariz diferente al menos hay que tomar en cada trabajo. Te hablaba antes de Vetusta Morla o Berri Txarrak, pero también estoy con Royal Blood o Fuzz, grupos que ahora mismo me influyen mucho. Siempre necesito tener algo nuevo que me excite, no puedo seguir escuchando sólo a la Polla y Barricada como al principio”, cierra Pablo el contenido del disco.

 

EL DOCUMENTAL

Queda un detalle más que hace grande a este disco. Pacto de sangre es el documental que añaden en DVD en el que explican cuál ha sido su trayectoria hasta la fecha. “El documental habla de nuestra historia, y de cómo en un pequeño pueblo en Asturias hemos ido montando un estudio y ampliándolo con el tiempo, haciendo gran parte nosotros mismos. Para que cuando la gente nos vea arriba, aparte del desparrame y las ganas de fiesta, también vea que hay gran un trabajo detrás”.

 

Están de lleno en la gira de presentación, y el Resurrection Fest se antoja como una parada más que interesante dentro del tradicional periplo festivalero veraniego. Quien cree que no han salido nuevos nombres tras Rosendo, La Polla, Barricada, Extremoduro o Marea, que se calle. Que siempre hay gente montándoselo como lo hacen Desakato.

Gustavo Redondo de Los Pedales arranca en solitario

gustavo redondoSiempre es una buena noticia cuando regresa a la actualidad un artista conocido por su buen gusto. Sea más reconocible para el público o menos, siempre estamos huérfanos de músicos y cantantes que tengan querencia por las cosas bien hechas, con mimo y tiempo para elaborar pequeñas melodías a fuego lento.

Es el caso de Gustavo Redondo, quien usa el apellido materno para embarcarse en su primer trabajo en solitario, “Vacaciones en el campo de batalla” (Retrológico, 15). Le conocimos junto a su hermano Rodolfo Muñoz en Los Pedales, una propuesta folk-rock al sur de la sierra de Gredos que lo mismo bebía del pop anglosajón de las islas británicas que de el folk americano.

El destino suele estar marcado en estos casos, la realidad se impone y hace cuesta arriba sacar el grupo adelante. Rodolfo levanta el pie del acelerador (sigue tocando en grupos locales) mientras que Gustavo abarca más proyectos en forma de anuncios, producción, canciones… que le confinan cada vez más horas en el estudio.

Este disco es el resultado de tantas horas y tantos años (cuatro). Diez composiciones cantadas y cuatro instrumentales en las que ha desempeñado todos los papeles del estudio. Ha tocado todos los instrumentos, ha producido y ha cantado en todas las canciones y los arreglos que visten cada canción hacen gala de ello. Hay muchos detalles y requiere su tiempo echarle un ojo a todos, por eso merece la pena. La primera impresión es que abandona el folk-rock de su anterior grupo y busca recovecos para primar su voz, delicada y honesta. Porque se muestra inocente (La última visita), honesto (Libertad), frágil (Frágil), musculoso (Domador), cristalino (Kilómetro cero), intimista (Falta de equilibrio)… un caleidoscopio de miedos y temores, de anhelos y esperanzas que cristalizan en este primer trabajo.

Hay que valorar cada una de sus incursiones sonoras y detenerse un segundo en escuchar lo que tienen que decir. Por eso le deseo tiempo, tiempo y calma. El que a Los Pedales le faltó. Que discos y trayectorias como esta requieren de muchos largos años de desarrollos y experimentaciones para separar el grano de la paja, y en el camino, regalarnos buenas canciones, que es de lo que al final se trata.

“Agila” de Extremoduro. 20 años del disco que redefinió el rock en español

extremoduro2La historia podría haber sido de otra manera, y podrían haber sucedido muchas otras cosas, en otras vidas, en otras realidades… pero en la que nos tocó vivir, hubo un disco que fuera de toda duda, aunque generó muchos detractores entonces, e incluso hoy en día levantará muchas ampollas en este sentido, definió el rock español a mediados de los años 90. No es que fuera el mejor, ni el más destacado, tampoco es que gustara a todo el mundo ni el que representara a todos. Simplemente hubo un antes y un después de su salida a la calle. Estoy hablando del Agila de Extremoduro (DRO, 23 de febrero de 1996). Tal fue la sacudida que su aparición produjo, que los cimientos de nuestra música rock se vinieron abajo. Comentó en alguna ocasión Jaime Urrutia (Gabinete Caligari) que su generación se vio desbancada por el grunge y hoy estamos en posición de decir que nada más lejos de la realidad, ya que fue el conocido como rock estatal -rock transgresivo en boca de los extremeños- el que tumbó ese rock mainstream que facturaba sus últimos coletazos tras la Movida. A nivel internacional es evidente que sí, que el grunge hizo saltar la banca, e incluso aquí supuso un gran toque de atención, está claro, pero no olvidemos que del 92 al 96 aún triunfaban La Frontera, Siniestro Total, Loquillo & Trogloditas o Los Rebeldes con sus respectivos discos en directo. ¿Qué pasó? Que aquellos ya no eran los años de la Movida, y ni siquiera la época dorada del PSOE. Del querido Profesor Tierno Galván, se había pasado a las baronías de Ibarra o Chávez, nada afines a los nuevos grupos y su lenguaje radical y contestatario (el de los extremeños Extremoduro, Reincidentes o Narco en Sevilla por poner algún ejemplo, o Def Con Dos y Hamlet en Madrid).

 

Por eso, hablar de la historia de la música popular de España, pasa indiscutiblemente por hablar de Roberto Iniesta y su grupo Extremoduro. En lo que a música rock se refiere, quizás estemos hablando de la última banda más influyente que ha dado nuestro país. La afirmación puede parecer excesiva, y a lo mejor parecerá incluso gratuita, pero no olvidemos que el rastreo de los grupos que reconocen o han reconocido en algún momento beber directamente de sus fuentes, es innegable e inagotable. Sin olvidarnos de sus compañeros de viaje como Albert Pla, Reincidentes o Platero y Tú, pasando por sus hijos musicales más cercanos como Marea o La Fuga, hasta fórmulas alejadas del rock transgresivo como Estopa, Melendi y Pereza, y los más comerciales El Canto del Loco, han sido un gran número las bandas que se han visto sacudidas por la lírica de Robe, apócope por el que es conocido. Algo misterioso ha atesorado el cantante que ha calado tanto, hasta el punto de convertirse sin pretenderlo en banda sonara de dos ó tres generaciones.

 

Antes de analizar su figura, y pretender entender por qué gozó de tal aura y magnetismo, conviene contextualizarla un poco. En los 90 se produce un caldo de cultivo perfecto para que el anti-héroe surgido en los 70, contracultural y con una personalidad llena de luces y sombras, resurja en estos tiempos con más fuerza que nunca. En el mundo del cómic, son los años dorados de Cable (Marvel) y Lobo (DC), dos mercenarios cazarrecompensas, violentos y sin escrúpulos. En el cine vemos exactamente lo mismo, el director David Fincher se encumbra con una trilogía irrepetible –Seven (95), The Game (97) y El Club de la Lucha (99)-, y la reflexión de la violencia gratuita de Funny Games (Michael Haneke, 97), y del resurgir neonazi de American History X (Tony Kaye, 98) son notablemente aplaudidas, por señalar sólo algunas cintas. Libros llevados a la gran pantalla también ahondan en las peculiaridades y extravagancias de sus protagonistas, personajes oscuros para un venidero siglo XXI que se presenta cuanto menos enigmático. La propia novela Fight Club de Palahniuk (96), American Psycho (Bret Easton Ellis, 91) o El silencio de los corderos con el oscuro Hannibal Lecter (Harris, 88), encajan bien con la Generación X. Con la revolución de los medios de comunicación (primero la aparición de las televisiones privadas en nuestro país, después la aparición de internet), la violencia se ve retratada en un grado mayor, más descarnada, y aún a pesar de todo, más seductora que antes.

 

Por eso, no es de extrañar que Robe reuniera las aptitudes necesarias para que pudiera germinar una anti-estrella de rock, capaz de llegar al público masivo sin contar apenas con medios de promoción ni presencia en las radios y mucho menos en las teles. Su verbo lírico a la vez que embrutecido, capaz de remontar desde el fango más sucio hasta el cielo más alto, soltando un taco y recitando un poema de amor en una misma frase, dio con la tecla de un nutrido grupo de jóvenes ávidos de sensaciones nuevas. La violencia de sus letras era evidente y el abuso de las drogas creó durante un tiempo una imagen extraña. Tildado peyorativamente de yonki, a la postre encontró en ello un filón paradójico. No era un yonki atractivo como Lou Reed, Iggy Pop o Sid Vicious, era la imagen viva del lumpenproletariado. Pero que de su mente salieran versos tan sublimes como los de la canción Sucede, aquello era un disparo en las mentes de una sociedad cada vez más monocorde, biempensante y aburrida. “Yo me quedé con su olor, ella me arrancó la piel, me dijo justo al final: no quiero volverte a ver. ¡Eh lejos de mí! deja que corra el aire, no te quemes, va a salir el sol. ¡Sol déjame en paz! La luna me ilumina, en esta ruina entra la claridad”.

 

Ese fue el verdadero punto fuerte de Agila. La poesía que se desgranaba a través de sus letras, era tan potente que compaginaba las de Miguel Hernández, Neruda, Antonio Machado y otras de amigos suyos más desconocidos, con la propia sin que hubiera salto cualitativo, si no te lo decían ni te enterabas, si no leías los créditos, no diferenciabas absolutamente nada. La causa-efecto entre el desamor y la inspiración era constante en el disco (como en la canción Todos me dicen). Se demuestra así que una vez más, el amor es el motor que mueve el mundo -o su ausencia, pues en boca del artista no se atisba un remanso de paz-. Se aborda pues, desde un punto de vista casi infantil (So Payaso), haciendo mucho callo (Ábreme el pecho y registra, donde contó con los Ratanera), o incluso con dependencia enfermiza (Buscando una luna). El sexo en crudo también hace su aparición, con todo el romanticismo (Sucede) o sin él, onanista (Prometeo) o en compañía (¡Qué sonrisa tan rara!, cantada junto a Albert Pla), lo que es una tónica en sus canciones, junto con el abuso de las drogas (Tomás, que contó con el teclado del malogrado Reverendo, La Carrera o una versión de Tabletom, Me estoy quitando, con Fito Cabrales de Platero y Tú), siendo una vez más, las claras señas de identidad del cantante. En ese momento vimos a Robe en un momento creativo poderoso, una furia de la naturaleza (Cabezabajo, Correcaminos estate al loro), vimos al mismísimo diablo (El Día de la Bestia).

 

Puede darle las gracias a ese disco. Robe había logrado por fin quitarse el malditismo que le acompañaba desde sus años más caóticos, serenándose una vez afincado en Granada, pudo contar con el tiempo deseado para grabar y lo más importante, pudo tener a su lado a Iñaki Uoho Antón, guitarrista de Platero y Tú, y cuya involucración plena en Extremoduro fue el espaldarazo definitivo para su carrera. Con él formó un tándem mágico donde uno ponía el corazón y el otro la cabeza, dando salida así a un disco mucho menos áspero, más trabajado, y en definitiva, mucho más apto para llegar a todo el mundo, sin perder la coherencia que hasta entonces había guiado sus pasos.

 

Para completar el círculo, le siguió una de las giras más potentes de la época junto a Platero y Tú y que culminó con dos noches en un Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid abarrotado. Fueron unos conciertos apoteósicos. Le pasó a Joe Strummer cuando dejó el rock ‘n’ roll de 101ers y se convirtió al punk con The Clash, después de ver a The Sex Pistols por primera vez, y del mismo modo ocurrió años más tarde cuando Strummer cediera el testigo en Anoeta a bandas como Kortatu o Hertzainak. Hay conciertos míticos que marcan a la generación inmediatamente posterior y el del Palacio de los Deportes de Extremo y Platero fue sin lugar a dudas uno de ellos. Para los que estuvimos allí y para el resto de seguidores que pudieron disfrutar de ese momento único con Iros todos a tomar por culo, el disco en directo que Robe publicó de aquellas grabaciones en 1997, la magia de dos bandas que se compenetraban como uña y carne fue tan auténtica que por fin asistimos al ansiado relevo generacional. El éxito fue tal, que Extremoduro grabó a partir de ese momento su nombre a fuego en toda una generación, como ocurriera con Nirvana o Sex Pistols con anterioridad, y se convertiría en el mejor reclamo de toda esta nueva corriente. Sería el cabeza de cartel en los festivales Festimad 97 y Monstruos del Rock de Akí III que se celebró en Las Ventas ese mismo año, donde pretendió grabar una segunda parte del disco en directo de la que nunca se supo. No importó, la leyenda se había hecho realidad.

 

 

El Niño de Elche hace el disco del 2015 para unos periodistas con vocación de epatar

PAM el niño de elche @Alfredo Arias

foto @Alfredo Arias

Por fin se dio a conocer el primer ganador de los Premios Ruido (26-01-16), en la gala surgida de la mano de la recién creada asociación de periodistas musicales en la que me incluyo. La PAM (Periodistas Musicales Asociados) nació hace poco más de un año con vocación de representar los intereses de un colectivo por norma general expuesto a los embates de una industria que se comporta paradójicamente tan veleidosa como conservadora.

Los Premios Ruido han sido su verdadera puesta de gala y mi más sincera enhorabuena tanto a los finalistas como al ganador, El Niño de Elche, que ha asombrado a la crítica con su Voces del Extremo” (editado bajo una licencia Creative Commons, que permite la descarga legal y gratuita aquí), en el que ha sido capaz de conjugar una propuesta inverosímil fusionando flamenco con kraut rock, ambient e incluso new wave, y que tal y como hemos visto, ha sido muy del gusto de los periodistas musicales. Exitazo por lo tanto para la organización ya que la expectación augura grandes tiempos futuros y al artista, ya que esto supondrá un importante aldabonazo en la gira en la que está inmerso.

Ahora bien, me queda una espina clavada sobre cómo se ha desarrollado la votación y veo importante generar debate, ahora que como entidad pública podemos (y debemos) estar sometidos al escrutinio general. He de reconocer que no me gustó ver la lista de finalistas en su día, y así lo expresé en las redes sociales. Independientemente de mis gustos musicales o mi deontología crítica (que creo que mantengo con decencia después de tantos años pues el honor en esta profesión hace que no siempre vayan de la mano una y otra), me soprendió la presencia de ciertos trabajos o artistas que no habían rayado a la altura de otras ocasiones, o que aparecieran cosas que directamente no llegarán nunca al público más allá de los cuatro prescriptores de siempre en medios y festivales del momento.

Me gustaría señalar una evidencia fuera de toda duda, frente a cualquiera que me diga que lo anterior no deja de ser un criterio personal, y  es que con certeza matemática es probablemente imposible que de doce finalistas haya tal abrumadora presencia de artistas provenientes de un entorno indie. En este galardón ha primado de manera general la voluntad de sorprender, de epatar (esa palabra que sólo gustan de emplear los artistas) de manera legítima, pero también cuestionable. Incluso en el caso del ganador El Niño de Elche, en su disco ha priorizado la capacidad de fusión y de arriesgar, más que el pellizco que se le debe presuponer a un artista flamenco (como sí le vimos en su anterior Sí, a Miguel Hernández), en un ejercicio similar al de coger a un alumno de Enrique Morente y llevártelo de jarana con los Pony Bravo. Si añadimos unos tintes políticamente irreverentes pero dentro de los límites correctos como me imagino que Víctor Lenore diría, en un panorama tan aséptico políticamente, hace que su disco tuviera muchas papeletas para salir elegido con estas premisas. Es imposible que un disco tan arriesgado como el de El Niño de Elche, tan audaz, haya suscitado tanto consenso. No entra dentro de lo concebible, y deja al descubierto cierta influenciabilidad sobre lo que aparece en determinados medios que conforman la opinión musical que está en boga. Si saco a colación a Lenore o a Nando Cruz es porque me inclino por sus explicaciones sobre el similar origen, formación y gustos musicales de la tribu periodística.

Que no haya habido otro tipo de discos, provenientes de otras paletas de flamenco, de rock, de hip-hop, de electrónica, de soul, funk o rythm ‘n’ blues… en los semifinalistas tras las votaciones, plasma una ausencia abrumadora que sólo nos deja dos escenarios que me preocupan particularmente. Uno, que los periodistas vinculados a esta escena indie estén demasiado sobrerrepresentados en el colectivo, y dos, que el desconocimiento de la música actual de nuestro país por parte de la prensa musical sea mayor del presuponible. Ambos escenarios son desastrosos para el estado de salud de nuestra industria. No estamos hablando de unos premios dados por un medio con una línea ideológica concreta, no. Nos jugamos el respeto como periodistas musicales.

Ojo, que cada uno es libre de votar lo que quiera, y hacer la música que le venga en gana, mi vocación libertaria no me permite plantearlo de otra manera. Siempre he ido por mi cuenta, me hayan aplaudido o no, así que no soy nadie para predicar lo contrario. Pero es mi obligación como periodista señalar el reto al que se enfrenta la PAM en los próximos años si quiere ser sobrevivir en estos tiempos tan convulsos. Es sintomático de que no haya más tipos de periodistas poniendo el oído en otros sonidos. Una Asociación de Periodistas Musicales debe servir para ayudar a relanzar nuestra profesión, tan maltratada por los últimos tiempos, y esto sólo se hace en términos de decencia tanto económica como deontológica. Tiene que servir para conseguir desde el colectivo hacernos mejores individualmente. Porque sólo con la segunda llegará un día la primera.